LA LEYENDA DE MANUELA LEÓN


Hace unos años, por gentil invitación de una de las profesoras, participé en un evento en línea de la FLACSO en el que se presentaba la historia de uno de los emblemáticos levantamientos “indígenas” en el Ecuador, de los tantos que ha habido desde la colonia. Esa vez el escenario fue Imbabura, los pueblos originarios de esa provincia.

La presentación despertó mucho interés, debate y preguntas. En una pregunta mía hice referencia a Fernando Daquilema y Manuela León; inmediatamente fui interrumpido y recibí una réplica de la expositora, historiadora académica, en la que me reprochaba: “los historiadores serios no nos basamos en mitos”; dio a entender que Manuela León no existió, que es un “simple” mito inventado por alguien, supongo que por los “ignorantes” pueblos de la Sierra central del país.

Es entendible que, en el serio y esforzado trabajo de los historiadores, siempre tengan que basar sus relatos en fuentes documentales primarias; encontrar esas fuentes generalmente es un verdadero periplo, que muchas veces lleva años de esfuerzos, viajes, visitas y exploraciones minuciosas en los sitios donde reposan esas evidencias. Valoro sobremanera ese trabajo profesional de los historiadores. Pero no toda la historia real está registrada en documentos escritos.

Desde mi ignorancia profana, defiendo el mito, porque muchas veces es la forma como se ha transmitido oralmente, de boca a boca, por generaciones, la historia de nuestros pueblos. Creer solamente en los escritos de los cronistas europeos, que recogieron, con su sesgo ideológico, muchas veces con detalles falsos, los episodios de los primeros años de la conquista y el coloniaje de la Abya Yala: resulta por lo menos insuficiente, más aún sin contar con la otra versión, la de las víctimas.

La historia oficial siempre fue y es la historia contada desde el poder. En nuestro caso, ocultó o minimizó la visión desde los pueblos originarios oprimidos; y ello se mantuvo no sólo en la colonia, sino luego de la “independencia”, durante los siglos XIX y XX, incluso en el siglo XXI se insiste desde el poder en esos relatos excluyentes.

Los modernos levantamientos de los pueblos y nacionalidades de fines del siglo anterior y de los recientes años del presente, siempre fueron vistos y relatados por el discurso oficial, por los medios amarillistas, como actos terroristas.

Pero el pueblo guarda sus propias versiones, así como guarda sus semillas soberanas, rememora a sus hombres y mujeres que resistieron y siguen resistiendo. Luego de un siglo la historia y algunos historiadores dirán que Efraín Fueres no existió, que sólo fue un mito inventado por el “pueblo ignorante”, por el “pueblo terrorista”.

Manuela León, es una de esas leyendas, uno de esos mitos, que el poder y la historia oficial siempre han querido desaparecer. Sin embargo, vive en la memoria de los pueblos, en la memoria de los artistas populares que la recuerdan en sus obras, junto a otros personajes de la resistencia, poco conocidos, como la Quilago, como Lorenza Abimañay, como más tarde mama Dolores Cacuango.

La historia de Manuela León está muy ligada a la de Fernando Daquilema. Los relatos populares cuentan que los dos fueron quienes lideraron el levantamiento de 1871 contra el urbano poder blanco-mestizo que los oprimía, representado en esa ocasión por el gobierno ultraconservador y represivo de García Moreno, que cobraba abusivos diezmos y que tenía a los “indios” de Chimborazo y otras provincias de la serranía como mano de obra esclava para construir la carretera que una Quito con Guayaquil. Y ambos, Fernando y Manuela, corrieron la misma suerte al finalizar su gesta heroica, fueron fusilados en plazas públicas, como escarmiento para todos los indios; tal como había sucedido antes con Lautaro, con Tupac Amaru II y con tantos otros líderes de la resistencia de los pueblos andinos.

Según el relato de Lola García (octubre 2022) https://mandragorateatro.org/manuela-leon/, recogido de la tradición oral de Chimborazo, Manuela León nació en 1844 en la comunidad de San Francisco de Macshi (hoy San Francisco de Asís, parroquia Punín, cantón Riobamba):

“Contra García Moreno se levantaron los indios de Chimborazo. ¡Jatarichic! Fue la voz que recorrió los páramos ululando junto al viento, golpeando con ecos las montañas. Campanas, bocinas y churos llamaban a levantarse en contra de un gobierno que no los reconocía como ciudadanos, que les exigía hasta la última gota de vida a cambio de nada. Cacha se cubrió de ponchos, miles y miles de indios respondieron al llamado de Fernando Daquilema y lo proclamaron rey para recuperar sus tierras, sus leyes, sus tradiciones. Junto a Fernando estaba Manuela León. Era su capitana, sus dos manos, sus ojos, su conciencia.

Los sublevados se enfrentaban al ejército con piedras, palos, hondas, garrochas. Desde arriba, desde los páramos, no permitían su paso. Yaruquíes, Licto, Cicalpa, Junín, se rindieron ante la fuerza del ejército de Daquilema y Manuela. La toma de Junín fue liderada por Manuela. La memoria de su pueblo la recuerda invencible y feroz en las batallas.

Después llegaron soldados desde Quito y Ambato. La persecución fue atroz. El presidente García Moreno no podía permitir que esos indios “ignorantes” pusieran en riesgo su mandato y su sueño. Cientos de soldados con fusiles y cañones llegaron a la provincia de Chimborazo. Manuela fue detenida primero. Sin juicio y sin defensores, la condenaron a morir fusilada en la plaza pública de Jatun Cachaloma. Era el 8 de enero de 1872, tenía veintiocho años. Antes de su ejecución le cortaron el pelo para que aprendiera que la guerra era cosa de hombres.

En la crónica de su muerte figura como ‘Manuel’ León. No iban a aceptar que una mujer india y joven pasara a la historia por haber desafiado el poder del presidente García Moreno.” (García, 2022)

La sangre de los líderes y luchadores caídos, la sangre de Manuela León, nunca será negociada por los pueblos que luchan por su libertad. ¡Hoy más que nunca!

hnc / 2 octubre 2026

Comentarios

  1. Hugo conmovedor relato, sin duda testimonios ciertos de seres humanos "mártires" por una causa justa. Se que quedan pocas personas como tú con el ideal intacto de lucha de clases con ese sueño de un mundo mejor de tener un país libre. No desmayes, se que jamás te desapartaras de tus principios que siguen alimentando esa llama revolucionaria. Un fuerte abrazo.

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