LOS INSURRECTOS DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL MIR ECUATORIANO

 

 


 


60 años del MIR Ecuador

(coloquio abierto)

Una propuesta de Tomás Rodríguez y Hugo Noboa

Ecuador, abril 2026

 

 

 

 

 

 

 


 

El presente es un documento informal de trabajo, abierto a todas las críticas y aportes. No se trata de una historia, menos aún oficial, ni nada que se parezca. Tampoco es un ejercicio académico. Se trata solamente de un coloquio en el año 2026 entre Tomás Rodríguez León, un mirista guayaquileño, y Hugo Noboa Cruz, un mirista quiteño, ambos de antaño y con diferentes niveles de responsabilidades dentro del partido. Agradecemos los aportes de Rodrigo León Pesantes y de los diferentes compañeros y compañeras que son citados en el texto. Agradecemos la generosidad de los compañeros que contribuyen con textos complementarios y de manera especial a Freddy Avilés Zambrano y Pierina Torres, por los importantes y generosos prólogos y a Adriana Rodríguez Caguana por ese hermoso texto reflexivo (a modo de post-facio) que interpela nuestro accionar militante. Todos enriquecen esta propuesta y esperamos que se enriquezca más con otros aportes.


CONTENIDO

 

 

PRÓLOGOS

Los años 60, el florecimiento de la Nueva Izquierda en Ecuador. Por Freddy Avilés Zambrano

Análisis sociológico: “Los insurrectos de las primeras décadas del MIR ecuatoriano”. Por Pierina Torres

 

ACLARACIÓN NECESARIA

 

LOS REFERENTES DEL PASADO PARA EL MIR ECUATORIANO

Montalvo y el primer grupo de resistencia armada

Los pueblos originarios de Chimborazo en armas

Vargas Torres, dejó a los jesuitas por la guerrilla liberal

El 15 de noviembre y la resistencia armada

El primer grupo de inspiración comunista en armas

La masacre de la juventud estudiantil secundaria en el cuarto velasquismo

 

EL SURGIMIENTO DEL MIR EN LA DÉCADA DE 1960

URJE antecedente directo del MIR Ecuador

El MIR y el Movimiento de Liberación Nacional Rumiñahui

La FESE y el FRE base social y política del MIR Ecuador

 

LA DÉCADA UNITARIA DE 1970 Y LAS PROYECCIONES A LA DÉCADA DE 1980

El Balance Crítico

Los fundamentos teóricos alrededor del Balance Crítico

La organización, la estructura y la práctica

Más sobre los frentes de masas y los frentes legales

Los años de la tortura, la década de la madurez

Los impactos del fraccionamiento de 1979

 

POST-FACIO

Memorias del MIR: subjetividad, ética revolucionaria y tensiones. Por Adriana Rodríguez Caguana

 

TEXTOS COMPLEMENTARIOS

29 de Mayo de 1969 / Una historia más… sin arrepentimientos. Por Julio Alberto “Inti” Ayala Macías

Recuerdos en rojo y negro: el Chacho y los muchachos. Por Tomás Rodríguez León

La vida de un hermano y la resurrección de nuestros sueños. Por Tomás Rodríguez León

Recuerdos en rojo y negro: Las peñas obreras de Guayaquil. Por Tomás Rodríguez León

Recuerdos en rojo y negro: Carta nostalgia a los niños que tiran piedras. Por Tomás Rodríguez León

Ha muerto Nelson Fuentes. Por Tomás Rodríguez León

Testimonio de fe revolucionaria. Por Paul León

El himno del Frente Revolucionario Estudiantil (FRE)

Coquim Alvarado: ¿héroe, villano o revolucionario extraviado? Por Hugo Noboa Cruz y Tomás Rodríguez León

Fausto Vargas Cortez: ícono y mártir del MIR y del movimiento estudiantil ecuatorianos. Por Hugo Noboa Cruz

Mi encuentro con Fausto Basantes. Por Hugo Noboa Cruz

Que cómo así fuiste para Chile. Por Fausto Corral Guevara

“Quito: geografía de la protesta…” y algo más. Por Hugo Noboa Cruz

¿Cuándo empezó la derrota? Por Mariano Sánchez

 

 

 

 

 

 

 

PRÓLOGOS

Prólogo:

LOS AÑOS 60, EL FLORECIMIENTO DE LA NUEVA IZQUIERDA EN ECUADOR.

Por Freddy Avilés Zambrano

 

La década del 60 es rica en importantes procesos de cambio y transformación en el mundo, que van a repercutir de varias formas en el Ecuador.

El continente africano y asiático entran de lleno en una espiral de lucha anticolonialista, ejemplo de ello son la revolución argelina dirigida por el Frente de Liberación Nacional, la lucha por la independencia en Indochina en contra de los colonialistas franceses y norteamericanos, lo que va a llevar a una guerra de desgaste de más de 20 años, lo mismo sucede en el Congo, y en China se instaura la Revolución Cultural y su ruptura ideológica con la Unión Soviética.

Pero indudablemente un hecho va a marcar al mundo de manera contundente y ese es la revolución de Fidel Castro y la organización 26 de julio (M26) que logra conquistar el poder en Cuba, derrocando a la tiranía auspiciada por el imperialismo norteamericano de Fulgencio Batista. Los 60 son los años en que la naciente revolución va a identificarse como socialista y a marcar un enfrentamiento con los Estados Unidos, dentro de esa confrontación, la Revolución Cubana dice claramente que es el momento de hacer la revolución en América Latina como lo manifiesta en la II Declaración de la Habana de 1962 ¿qué enseña la Revolución Cubana? Que la revolución es posible, que los pueblos pueden hacerla, que en el mundo contemporáneo no hay fuerzas capaces de impedir el movimiento de liberación de los pueblos. Nuestro triunfo no habría sido jamás factible si la revolución misma no hubiese estado inexorablemente destinada a surgir de las condiciones existentes en nuestra realidad económico social, realidad que existe en grado mayor aún en un buen número de países de América Latina.”[1]

Estos hechos que vienen a mostrar a nivel internacional la situación de crisis que atraviesa el imperialismo tanto en lo político, económico y militar, van a repercutir en tierras ecuatorianas y en las izquierdas que van a tener que enfrentar con nuevas dinámicas la situación interna del país.

Para inicios de la década del 60, Ecuador comenzaba a sentir los estragos del agotamiento del modelo agroexportador basado en el banano. El llamado boom bananero estaba ya en franco declive por la baja de precios y el desplazamiento del mercado ecuatoriano por mercados más cercanos a los EE. UU., como es el caso de Centroamérica. La dependencia a nivel de exportaciones de un solo producto como fue el caso del banano que en 1959 alcanzó el 62.2% del total de exportaciones y su desplome posterior, va a conseguir que la economía ecuatoriana entre en una espiral aguda de crisis que comienza a impactar en la población del país a fines de los años 50 y que va a provocar una alta conflictividad social frente a la cual la llamada democracia representativa no iba a encontrar una salida.

En efecto, durante el gobierno de derecha del socialcristiano Camilo Ponce, se agudizaron los conflictos agrarios, los campesinos asfixiados por la crisis, exigían la implementación de una reforma agraria, mientras que, en las ciudades, los sectores urbanos como los sindicatos y movimiento estudiantil exigían soluciones a la carestía de la vida que estaba causando estragos en la economía popular debido al alza de precios de los productos de primera necesidad. Ante la falta de respuestas por parte de la clase dominante y temerosos de la acción popular, los sectores reaccionarios van a ahogar en sangre una movilización popular en Guayaquil en junio de 1959, donde decenas de personas fueron asesinadas por el ejército, trayendo a la memoria la masacre del 15 de noviembre de 1922. “La masacre del 2-3 de junio, fue una demostración de cómo respondería el Estado ante la protesta popular, cuando se empezaba a vivir un nuevo periodo de crisis económica en el país’’.[2]

La situación de las izquierdas en 1960

Con el fin del exitoso modelo agroexportador bananero que lleva a una crisis económica que afecta especialmente a las clases populares, para evitar el desborde social, los sectores dominantes representados por Ponce van a aplastar de forma brutal cualquier intento de protesta, acusando como siempre a la infiltración comunista.

El impacto de la crisis va a afectar la dominación política de los sectores burgueses, pero también va a plantear nuevos desafíos a los sectores representativos de las izquierdas en el país, como son el Partido Comunista (PCE) y el Partido Socialista (PSE), organizaciones históricas que durante décadas han venido planteando una alternativa de poder popular frente al sistema dominante.

El PSE, se creó en mayo de 1926 en la ciudad de Quito donde se reúnen varios grupos socialistas que operaban en los sectores populares de Guayaquil, Ibarra, Riobamba, Portoviejo y otras ciudades, con el objetivo de crear el Partido Socialista. Esta asamblea estuvo integrada por delegaciones de 13 provincias del país, obreros, campesinos, indígenas, artesanos, intelectuales e incluso terratenientes y miembros del ejército tuvieron una representación en la creación de la naciente organización.

Desde su creación, el PSE tuvo el germen de la división pues en su seno confluyeron tres tendencias que eran: la tendencia “liberal radical”, formada por intelectuales y viejos militantes del ala machetera del viejo partido liberal; una tendencia “socialista utópica”, que buscaba una confrontación con el sistema capitalista; y la tendencia “radical socialista y comunista”, conformada por intelectuales de avanzada y sectores sindicalizados.[3]

En cambio, el Partido Comunista, nace en los años 30. Debido a las discrepancias dentro de la dirigencia del PSE, comenzaron a producirse fuertes contradicciones entre los sectores que alineaban al partido en la Internacional Comunista, mientras que otro grupo de dirigentes consideraban este alineamiento como una muestra de burocratismo y que “el partido no debía aceptar ninguna injerencia de Moscú”.

Pero también primaba la crítica que se hacía a la línea partidista de conciliación con el gobierno de Isidro Ayora, representante de la burguesía ecuatoriana. Para 1931 varios delegados provinciales del Consejo Central deciden separarse del partido y realizar un Congreso entre el 6 y el 15 de octubre donde deciden adoptar el nombre de Partido Comunista. Así se va a producir el primer cisma en la izquierda ecuatoriana.

Para los años 60, la izquierda tradicional va a sufrir un choque que le va a llevar a asumir nuevas estrategias para poder sobrevivir, además, se va a producir también en el interior de estas organizaciones tradicionales una profunda crisis en la dirección política que va a llevar a nuevas rupturas y surgirán dentro de las izquierdas, organizaciones emergentes que van a replantear la estrategia y táctica para la toma del poder, aquí mencionaremos a algunas representativas.

El nacimiento de URJE y el surgimiento de la Nueva Izquierda en Ecuador

Unión Revolucionaria de Juventudes del Ecuador (URJE), nace a los pocos meses del triunfo de la Revolución Cubana y se puede decir con claridad que es el primer anuncio de lo que vendría a denominarse a nivel continental como Nueva Izquierda. Es que el triunfo cubano vino a remecer los principios inamovibles de los partidos de izquierda tradicionales en donde se va a empezar a cuestionar “su dogmatismo para analizar las situaciones nacionales y su incondicionalidad a la internacional comunista (léase el alineamiento con Moscú) sumado a la sorpresa de la Revolución Cubana que no coincidía con los dogmas y predicciones”[4] que habían siempre enarbolado los partidos de la izquierda clásica.

La naciente organización desde el inicio se declara “anticolonialista, antimperialista y revolucionaria, simpatizante de la Revolución Cubana, y, acoge como el principio más noble la hermandad de los pueblos, recogida en la Declaración de La Habana, además de recoger las banderas de Rumiñahui, Espejo y Alfaro, reiterar en la acción las gestas del 5 de junio, del 15 de noviembre y del 28 de mayo.”[5]

Desde sus inicios URJE se manifiesta como un movimiento juvenil acogiendo a elementos que apoyen sus postulados sin discriminación de su pertenencia a algún partido político de la izquierda. Además, organiza a su militancia en forma de brigadas con militantes abnegados y entregados a la causa revolucionaria.

A la organización se integran de manera entusiasta miembros de las juventudes del PSE, del PCE y del CFP. Esta integración es alentada incluso desde las esferas del PCE, que manifiesta en su medio de prensa El Pueblo lo siguiente: “La JCE tiene que jugar un papel principalísimo en la organización y vigorización de URJE… Sin sectarismos debemos plantearnos la unidad más amplia con jóvenes obreros, campesinos, estudiantes de todos los sectores democráticos…”[6]. Con esta declaración, es indudable que el Partido Comunista quería tomarse URJE o tener una hegemonía en la dirección del movimiento.

Uno de los aspectos importantes de la nueva organización es su rechazo a la democracia electoral, aunque no desprecia la participación en elecciones, ésta debe ser utilizada como elemento de orientación y movilización de masas, el verdadero objetivo es la toma del poder por la vía armada único camino adecuado para la transformación revolucionaria del Ecuador. En este marco participa apoyando la candidatura de Antonio Parra y Benjamín Carrión para la presidencia de la República en las elecciones de 1960, formando parte de la alianza de izquierdas denominada Alianza Democrática Anticonservadora.

El crecimiento de URJE, va a preocupar no solo a los aparatos de seguridad del Estado, sino que es puesta en la mira por parte de la CIA, que la considera una de las organizaciones juveniles de izquierda más importantes y una amenaza peligrosa de insurgencia armada en Ecuador, este temor se va a incrementar ante la participación de URJE en la caída del régimen de Velasco Ibarra en noviembre de 1961.

Ante la inercia de los partidos de izquierda que no se estaban sintonizando con las necesidades de las masas que estaban en un estado de radicalización, y ante la decepción con el gobierno de Arosemena Monroy, al que se le habían agotado las aspiraciones izquierdistas y presionado por la embajada norteamericana rompió con Cuba, URJE decide pasar a una nueva etapa en la lucha popular, la creación de un foco guerrillero.

Para esto deciden trasladar a la zona del Toachi, un sector de Santo Domino, a un grupo de 72 militantes entre hombres y mujeres que luego iban a realizar una marcha hasta Esmeraldas, lugar idóneo para establecer una base guerrillera. En abril de 1962, tropas del Ejército y la Policía encuentran el sitio y en un operativo capturan a la mayoría del grupo, siendo trasladados a Quito y sometidos a torturas, permaneciendo varios meses en prisión.

El fracaso del foco guerrillero remece a URJE, cuya dirección y cuadros de base que siguen abogando por la lucha armada son sometidos a una purga, siendo en su mayoría expulsados. Esta acción va a producir un marcado debilitamiento en la organización que será luego neutralizada durante el golpe militar de 1963, lo que lleva a su posterior desaparición.

Es innegable que URJE marcó a fuego la situación de las organizaciones de izquierda por sus planteamientos, y va a poner el dedo en la llaga sobre temas como el carácter de la revolución, el papel de la lucha armada y el momento de hacerla, así como la relación con las masas y su formación para liderar el proceso revolucionario desde el punto de vista táctico y estratégico. Estos temas llevan a que muchos militantes del movimiento juvenil del PSE y del PCE, comiencen a cuestionar la acción de sus organizaciones, y ante la inercia de estas, van a buscar concretar sus aspiraciones revolucionarias militando en otros movimientos.

Las rupturas en el PSE y en el PCE

La irrupción de URJE y luego su intento de crear las condiciones para llevar la lucha armada al Ecuador, van a generar un debate ideológico al interior del Partido Socialista y Comunista. Un debate más que todo crítico a la actitud de las dos organizaciones que según sus bases más jóvenes no salían del marasmo con el que miraban la situación del país.

El golpe militar de julio de 1963, que contó con la participación directa de la CIA, desencadena una represión y persecución feroz en contra de los movimientos sociales y las izquierdas en general, aplicando la doctrina de seguridad nacional y expidiendo entre sus primeros decretos declarar fuera de la ley al comunismo.

“Considerando que la Constitución Política vigente garantiza la libertad de conciencia en tanto no se oponga a la moral y al orden público, así como el derecho de actuar en partidos políticos que no fueren contrarios a ella; que el Partido Comunista ha demostrado su manifiesta actividad de ser contrario a la moral, al orden público y a los fines garantizados en la Carta Política del Estado, decreta:

Artículo Único: Declárase fuera de la ley al Comunismo, así como a las actividades del Partido Comunista y sus organizaciones similares y las que se crearen con algún o algunos de sus miembros, como a otro título.”[7]

En medio de las actividades represivas, las organizaciones de izquierda a pesar de su debilitamiento se activan para enfrentar a la dictadura y también salen a relucir las viejas disputas ideológicas.

 

El PSRE, la opción revolucionaria del viejo PSE

Hay varios hechos que van a signar el destino del PSE y del conjunto de la izquierda ortodoxa, entre ellos mencionaremos: la aparición de URJE, el ascenso de la movilización social que no es aprovechado por la izquierda debido a errores políticos y el estancamiento ideológico de los años 50, y, por supuesto, la influencia de la Revolución Cubana.

En el interior del PSE, coexistían dos tendencias, una de ellas de propensión liberal socialdemócrata que buscaba la colaboración de clases, la participación en el juego electoral de la democracia burguesa y llegar a establecer alianzas con los partidos de la burguesía para entrar a formar parte de los gobiernos de turno, tendencia que era crítica acérrima del comunismo. La otra tendencia considerada de izquierda y que tenía fuerte presencia en el movimiento obrero, campesino y estudiantil, buscaba lograr alianzas con estos sectores para impulsar un movimiento revolucionario, declaraba que el principio fundamental del partido es el marxismo leninismo, y, que no menospreciaba ninguna forma de lucha pero que considera la lucha armada como la única vía idónea para destruir el Estado burgués.

Estas dos tendencias van a chocar en marzo de 1963 cuando se denuncie a la llamada “línea amarilla” del partido, es decir el sector colaboracionista, lo que lleva al de la línea proletaria dirigida por Manuel Agustín Aguirre, Telmo Hidalgo, Laura Almeida y Jorge Reynolds a separarse del partido y formar el Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano, el propio Aguirre manifestaría las condiciones en que se da esta confrontación que lleva a  “reunir una convención en marzo de 1963, que constituye el Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano, insistiendo en la palabra Revolucionario, para diferenciarlo del grupo de intelectuales que se congregan con el nombre de ‘Unificados’, para continuar usufructuando el título de socialista al servicio de la burguesía.”[8]

Desde su nacimiento el PSRE impulsó la organización del “tercer frente”, expresión que definía a la lucha armada y que debía ser parte importante en la formación de los nuevos cuadros. El partido va a tener presencia fuerte en el sector universitario y en los sindicatos, en los años 70 intentó sin éxito llevar a la práctica algunos ensayos de acciones armadas, pero con el paso del tiempo esta línea no se implementó, por lo que cundió el desencanto entre muchos de sus militantes que abandonaron el partido.

El cisma del PCE

En agosto de 1964 se da una ruptura en el interior del Partido Comunista debido a discrepancias ideológicas insalvables. Este cisma se veía venir desde años atrás debido a las discusiones que se daban dentro de la organización sobre la estrategia y táctica para conquistar el poder.

En un sector del partido se discutía mucho sobre las nuevas opciones que se debían buscar para superar lo que consideraban una crisis de la izquierda tradicional, cómo manejar la profundización de la crisis política del sistema burgués y cómo convertirla en una crisis de tipo revolucionaria y preparar a la militancia para pasar a la clandestinidad.

El fracaso de la guerrilla del Toachi dirigida por URJE en donde estaban varios miembros del PCE, fue también uno de los detonantes de la crisis partidista. La discusión era álgida pues mientras parte del Comité Central buscaba encasillar al partido solo dentro de la vía legal y electorera, el sector duro planteaba que la lucha armada era el camino idóneo para la toma del poder, incluso un grupo de ex urjistas consideraban que se debía combinar las formas de lucha, tanto la vía electoral, pero priorizando la acción insurreccional, esta era una crítica muy fuerte en el interior, pues se acusaba a la dirección del Partido solo de preocuparse por participar en elecciones.

Partiendo de la experiencia del Toachi, muchos militantes y dirigentes comenzaron a inclinarse a las posturas del Partido Comunista Chino donde se priorizaba la lucha armada y la alianza obrero-campesina como la formula exitosa para la conquista del poder.

A nivel organizativo se buscaba dar una estructura netamente marxista leninista, con formación de cuadros revolucionarios y de funcionamiento clandestino, a diferencia del planteamiento de la vieja dirigencia que veían al partido como una organización de masas y de afiliados.

Todas estas razones hacen que se dé el rompimiento y la creación del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE), al cual se integran varios miembros de URJE, aunque pronto se decepcionarían de la nueva organización como lo manifestará Jaime Galarza con estas palabras: “desconfiábamos del proyecto mismo, porque nos parecía una especie de repetición del Partido Comunista bajo esquemas similares, con otro centro de influencia mundial, ya no en Moscú sino en Pekín.”

Buscando nuevos caminos

El desencanto de muchos militantes con las nuevas organizaciones que repetían las mismas taras de la izquierda tradicional como el mucho discurso poca acción, preferencia por participar en el juego electoral y la falta de concreción de un verdadero proyecto revolucionario, hacen que se busquen alternativas que se van a concretar en nuevas organizaciones que tienen como prioridad la lucha y resistencia contra la dictadura militar y poner en primer lugar el tema de la lucha armada.

Bajo estas nuevas condiciones van a surgir en 1965 dos organizaciones que se autodefinirán como organizaciones político-militares. Vencer o Morir es una de ellas que va a operar en ciudades como Quito, Guayaquil y Cuenca y que estaba dirigida por Jaime Galarza. Este movimiento participará en algunas acciones de propaganda armada como rechazo a la dictadura, pero va a terminar siendo desarticulado al poco tiempo de su accionar.

En ese mismo año surge el Destacamento de la Organización Secreta (DOS) una organización clandestina, compartimentada, que causa cierta inquietud en los organismos de seguridad por ser responsable del atentado con bomba en las instalaciones de la II Zona Militar en Guayaquil y posteriormente realiza atentados con bombas panfletarias en varias ciudades del país. Los miembros del DOS y de VOM posteriormente serán absorbidos por el naciente Movimiento de Izquierda Revolucionaria o MIR, organización que es parte importante de este documento.

El MIR y su impacto en Ecuador

Hay que recordar que desde 1963, América Latina va a ser golpeada por golpes militares que instauraran dictaduras en todo el continente. Estos regímenes van a encontrar una fuerte resistencia por parte de amplios sectores de la juventud, trabajadores y campesinos. Inspirados en las enseñanzas de Cuba, la reunión Tricontinental de La Habana y las condiciones de crisis del capitalismo, van a buscar maneras de elevar el combate especialmente en zonas urbanas. El continente es un campo de insurgencia y resistencia contra el imperialismo.

Es así como en 1965 un importante sector estudiantil vinculado a URJE, al PCMLE y al DOS, deciden crear una organización totalmente nueva pero que ya se gestaba en otros países como Venezuela, Bolivia, Perú y Chile y ahora se organizaba en Ecuador. Esta organización era el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

El MIR surge como una organización secreta y compartimentada que no comulga con ser de línea abierta, se declara marxista leninista y también preconiza el anti sectarismo y anti dogmatismo lo que permite la confluencia de militantes de todas las vertientes revolucionarias.

Además, señala de manera firme su rechazo con la conciliación de clases que lo único que engendra es el reformismo, así como también expresa su negativa de seguir la línea de la llamada “vía pacífica” al poder, afirmando “el principio marxista leninista de que el único camino para derrocar al régimen capitalista es la insurrección popular armada.”[9]

Es el MIR quien va a recoger los postulados revolucionarios de las primeras organizaciones de la Nueva Izquierda, y su historia y trayectoria en sus primeras décadas es la protagonista de esta obra.

Conclusiones

Este recorrido breve nos ha llevado a sacar algunas conclusiones que permiten comprender la creación del MIR, como expresión superior de las contradicciones que se dieron en la vieja izquierda:

·         La crisis del imperialismo en el mundo y el influjo de la Revolución Cubana van a dinamizar el movimiento de masas en el Ecuador, que propondrá reformas integrales a la burguesía.

·         Esta conflictividad social va a llevar a la burguesía en sociedad con el imperialismo norteamericano a implementar medidas de represión y a violentar la soberanía nacional para instaurar represivas dictaduras militares.

·         Estos años van a demostrar una debilidad política de la vieja izquierda incapaz de conectarse con la radicalidad de los sectores populares.

·         Este divorcio entre organizaciones de la supuesta vanguardia revolucionaria va a ser cuestionada desde el interior lo que llevara a escisiones y el surgimiento de nuevas organizaciones como URJE, PSRE, PCMLE, DOS, VOM y el MIR.

·         La discusión de la táctica y la estrategia para la toma del poder será parte de duros debates ideológicos entre una izquierda anquilosada que solo quiere participar en el juego electoral burgués, perdiendo la perspectiva de la lucha armada como herramienta de lucha; de ahí nace principalmente la Nueva Izquierda, como un impulso renovador en la tendencia.


 

Prólogo:

ANÁLISIS SOCIOLÓGICO: LOS INSURRECTOS DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DEL MIR ECUATORIANO”.

Por Pierina Torres

 

Este documento constituye un esfuerzo de reconstrucción histórica, política y testimonial sobre las primeras décadas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en el Ecuador. Su valor no radica únicamente en la narración de hechos, sino en la posibilidad de comprender, desde una perspectiva sociológica, los procesos de formación de la izquierda revolucionaria, la construcción de identidades políticas y las dinámicas de conflicto social en el país.

En primer lugar, sitúa al MIR dentro de una tradición histórica de resistencia que antecede ampliamente su surgimiento formal en la década de 1960. La referencia a figuras como Juan Montalvo, las montoneras alfaristas, las rebeliones indígenas y el movimiento obrero, permite identificar una continuidad en las luchas sociales. Desde la sociología histórica, esto evidencia que los movimientos revolucionarios no surgen de manera espontánea, sino que se construyen sobre la base de experiencias acumuladas de injusticia, resistencia y organización popular.

Este proceso puede entenderse como la formación progresiva de una conciencia social crítica, en la que distintos sectores de la sociedad, particularmente las clases subalternas, desarrollan una lectura propia de la realidad. La experiencia de explotación, desigualdad y exclusión va generando condiciones para la organización política, que en determinados contextos adquiere formas radicales.

En este sentido, el MIR se configura como una expresión histórica de esas tensiones acumuladas.

Un aspecto central del documento es la relación entre represión estatal y radicalización política. A lo largo del texto se describen diversos episodios de violencia, como la masacre obrera del 15 de noviembre de 1922, los hechos de 1959 en Guayaquil y la represión estudiantil de 1961. Estos acontecimientos no solo son presentados como tragedias, sino como momentos decisivos que impulsan la organización y la acción colectiva. Desde la sociología del conflicto, estos eventos pueden interpretarse como detonantes que intensifican la conciencia política y legitiman la protesta social.

En este contexto, el Estado aparece como un actor clave en la reproducción del orden social, pero también como generador de conflicto. La utilización de la fuerza, la criminalización de la protesta y la persecución de líderes sociales, reflejan una lógica de control que busca mantener las estructuras de poder existentes. Sin embargo, estas acciones también producen efectos no deseados, como el fortalecimiento de la resistencia y la radicalización de ciertos sectores.

Hay que destacar la influencia del contexto internacional en la configuración del MIR. La Revolución Cubana se presenta como un referente fundamental que inspira a la juventud latinoamericana. Este fenómeno puede analizarse desde una perspectiva global, en la que los movimientos sociales no se desarrollan de manera aislada, sino en interacción con procesos internacionales. La difusión de ideas revolucionarias, así como la intervención de potencias extranjeras, forman parte de un escenario más amplio que condiciona las dinámicas locales.

Otro elemento relevante es el papel protagónico de la juventud en la construcción del movimiento revolucionario.

Organizaciones como la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (URJE) y la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE) muestran cómo los jóvenes se convierten en actores centrales del cambio social. Lejos de ser sujetos pasivos, los estudiantes participan activamente en la organización, la movilización y la elaboración de propuestas políticas.

Desde la sociología de la educación, esto representa una ruptura con las formas tradicionales de participación política, dominadas por adultos. La juventud no solo cuestiona el sistema educativo, sino también las estructuras sociales más amplias. Su participación introduce nuevas formas de acción colectiva, más dinámicas y radicales, que desafían el orden establecido.

Es relevante analizar la diversidad ideológica al interior del MIR. En sus primeras etapas, el movimiento reúne distintas corrientes del pensamiento de izquierda, lo que genera un espacio de debate y confrontación interna. Esta pluralidad refleja la complejidad del campo político, donde diferentes visiones compiten por definir la estrategia y los objetivos del movimiento.

Sin embargo, esta diversidad también da lugar a tensiones y fragmentaciones. El texto señala la existencia de divisiones internas, especialmente en torno a la estrategia política. Mientras algunos sectores defienden la lucha armada, otros optan por la participación electoral o el trabajo de base. Estas diferencias evidencian la dificultad de construir una unidad orgánica en contextos de alta conflictividad y diversidad ideológica.

La fragmentación del MIR puede interpretarse como una expresión de las contradicciones propias de los movimientos revolucionarios. Por un lado, existe una aspiración de transformación social profunda; por otro, las condiciones concretas, las diferencias estratégicas y las disputas internas limitan la capacidad de acción colectiva. Este fenómeno no es exclusivo del MIR, sino que se observa en diversos movimientos sociales a lo largo de la historia.

Otro aspecto importante es la construcción de una identidad política que trasciende la militancia formal. El ser “mirista” no se define únicamente por la pertenencia organizativa, sino también por una serie de valores, experiencias compartidas y vínculos afectivos. Esta identidad se construye a través de la memoria colectiva, la mística revolucionaria y el reconocimiento mutuo entre militantes.

Desde la sociología de la cultura, esto puede entenderse como la formación de un capital simbólico que otorga sentido y legitimidad a la experiencia política. Incluso en contextos de división o debilitamiento organizativo, esta identidad persiste como un elemento cohesionador. La memoria de las luchas pasadas, los sacrificios y los ideales compartidos contribuyen a mantener viva la referencia del movimiento.

En este sentido, este texto cumple una función importante en la construcción de memoria histórica. Al presentarse como un “coloquio abierto”, reconoce la existencia de múltiples versiones y la imposibilidad de una historia única. Esto refleja una concepción de la historia como un espacio de disputa, donde diferentes actores construyen narrativas sobre el pasado.

La memoria no es solo un ejercicio de recordación, sino también una herramienta política. Permite resignificar experiencias, fortalecer identidades y proyectar horizontes de acción. En el caso del MIR, la recuperación de su historia busca preservar un legado que puede ser reinterpretado en el presente.

Lo más importante es también abordar la relación entre lo urbano y lo rural en la construcción del movimiento. Si bien el MIR tiene una fuerte presencia en espacios urbanos, especialmente en el movimiento estudiantil, también intenta vincularse con sectores campesinos y trabajadores rurales. Esta articulación responde a la necesidad de construir una base social amplia que permita sostener un proyecto de transformación.

No obstante, esta relación no está exenta de dificultades. Las diferencias en las condiciones de vida, las formas de organización y las experiencias culturales, generan desafíos para la construcción de alianzas. Desde la sociología rural, esto puede interpretarse como una tensión entre distintos modos de vida y formas de conciencia social.

Finalmente, nos permite reflexionar sobre la relación entre idealismo y práctica política. Por un lado, se destaca el compromiso, la entrega y la convicción de los militantes; por otro, se reconocen errores, improvisaciones y limitaciones. Esta tensión es fundamental para un análisis sociológico crítico, ya que evita tanto la idealización como la descalificación simplista.

Los Insurrectos del MIR ecuatoriano constituye una fuente valiosa para comprender la dinámica de los movimientos sociales y políticos en el Ecuador. A través de su análisis, se pueden identificar procesos de formación de conciencia social, conflicto de clases, influencia internacional, protagonismo juvenil y tensiones organizativas.

El MIR aparece como un fenómeno complejo, atravesado por contradicciones, pero también como una expresión legítima de las luchas por la justicia social. Su historia permite reflexionar sobre las posibilidades y límites de los proyectos revolucionarios, así como sobre la importancia de la memoria en la construcción de futuros posibles.

En el contexto actual, marcado por nuevas formas de desigualdad y crisis política, este tipo de análisis resulta fundamental para repensar las estrategias de transformación social.

La experiencia del MIR no debe ser entendida como un modelo a repetir, sino como un proceso histórico del cual es posible aprender, tanto de sus aciertos como de sus errores.

 


 

ACLARACIÓN NECESARIA

 

Tratar de reconstruir la historia de una organización política viva y fragmentada, es un gran desafío y un riesgo. Porque habrá diferentes versiones y énfasis; rechazo de unos para plasmar en el papel hechos fundacionales e hitos importantes; crítica de otros por considerarlo un vacío ejercicio academicista que no se compadece con el papel político en curso de una organización revolucionaria. En fin, hay varios motivos que dificultan un recuento histórico.

Sin embargo, es mejor que alguien que estuvo adentro intente bosquejar algunos hechos de las primeras décadas, antes de que la memoria se pierda, y en lugar de que otros, totalmente ajenos al partido, den contando la historia a su manera, excesivamente sucinta, llena de vacíos y errores.

Por respeto a los militantes activos y a los procesos en curso, en lo posible no se menciona nombres, a no ser de personajes del pasado, algunos de los cuales ya han fallecido o se alejaron claramente del partido. Además, un esfuerzo de recopilación histórica es mejor que esté bien delimitado en el tiempo: la época fundacional en la década de 1960, el gran crecimiento unitario o época de oro de la década de 1970, los fraccionamientos que rompieron la organización unitaria, hasta llegar al momento en que se definen claramente las dos tendencias que persisten en la actualidad: la línea que se identifica como MIR Causa Proletaria, que nunca optó por procesos electorales ni espacios de poder estatal; y la línea que optó en la década de 2000 por el progresismo ecuatoriano y latinoamericano, pero que antes ya había tenido acceso a procesos electorales de diferente nivel, seguramente con buenas intenciones. Ambas parecen ser irreconciliables, casi imposible pensar en la actualidad en un proceso unitario (esperamos equivocarnos en ello), aunque haya ocasionales acercamientos e intercambios entre militantes y seguidores de las dos tendencias.

Hay abrazos y miradas cómplices y nostálgicas de los viejos militantes y ex militantes, aunque hoy tengan posiciones contrarias; después de todo, la fraternidad entre los miristas y los ex miristas, persiste, a pesar de los duros conflictos atravesados. ¿Quién le puede quitar el derecho a un ex militante, incluso a un ex colaborador, a un “mirista de corazón” (a un “mirista jubilado”, si eso fuera posible), de sentirse cobijado por la bandera roja y negra?

El ser mirista es un hecho que rebaza las militancias pasadas y actuales, los cánones rigurosos de un partido o de cualquiera de sus fracciones. Después de todo, en estas seis décadas (1965 – 2026), dentro del MIR coexistieron en realidad varios mires, con miradas diferentes (algo sui generis en la izquierda ecuatoriana). Pero siempre es grato el abrazo fraterno entre dos militantes o ex militantes del MIR que se ven luego de años, aunque hoy estén en polos opuestos, porque algún momento cursaron los mismos caminos, muchas veces caminos ilusos o poco claros, a pesar de supuestamente tener como guía para todos al marxismo leninismo.

Sería importante poder contar con las versiones y reacciones de los militantes más antiguos, los fundadores. Sin embargo, algunos de ellos no están dispuestos a este ejercicio, por diferentes razones; otros han fallecido; y hay algunos que en la actualidad se mantienen al margen de procesos políticos, no tienen interés en el tema.

La presente recopilación (que reiteramos, es un documento de trabajo en curso, abierto a aportes y correcciones, informal) pretende acceder algún momento a puntos de vista de algunos antiguos militantes, pero también de los actuales, las jóvenes generaciones que recogen las banderas de Carlos Luna, de René Pinto, de Raúl Cedeño, de Fausto Vargas...

Finalmente, aclaramos que de los procesos políticos actuales no nos atreveremos a opinar, no nos corresponde. Tampoco nos corresponde hacer propuestas.

Es posible que en esta narración algunas escenas se repitan en diferentes momentos, o nos encontremos con retrocesos y adelantos en el tiempo; a veces parece ser un collage de artículos sobrepuestos; se debe ello a la forma en que se ha ido construyendo este diálogo abierto.



LOS REFERENTES DEL PASADO PARA EL MIR ECUATORIANO

Montalvo y el primer grupo de resistencia armada

En el Ecuador la presencia de la izquierda insurrecta y en algunos casos marxista, se remonta a finales del siglo XIX. En Londres, en 1864, se constituyó la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT), Montalvo conoció a Proudhon en 1879 cuando residía en Paris[10], y expresó su simpatía por la AIT a su retorno a Quito, donde forma un grupo de adherentes a la Internacional para la que Marx y Engels habían redactado el manifiesto inaugural.

Durante la tiranía de García Moreno se forma el primer grupo en torno al pensamiento de Montalvo, que cala muy hondo entre la juventud ecuatoriana que enfrentaba a la tiranía; concretamente, veinte intelectuales se organizan en armas para acabar con la dictadura, se trata de jóvenes que leen a Plutarco, Seneca u Horacio, entre ellos estaban: Manuel Polanco, Abelardo Moncayo, Roberto Andrade, Manuel Cornejo, Florentino Uribe, Rafael Portilla, y el comandante Francisco H. Moncayo. Las reuniones se realizaban en secreto en viviendas particulares.[11]

Destacan entre los insurrectos, Roberto Andrade y Abelardo Moncayo (este último, abuelo del general Paco Moncayo). A la postre, es el primer grupo guerrillero que evolucionó desde el liberal pensamiento montalvino hasta las montoneras alfaristas y luego a militantes socialistas y comunistas.

Luego de la muerte del tirano García Moreno, Juan Montalvo no dirá “mi pluma lo mató”, como generalmente se difunde.  Lo que dijo fue: “lo han matado cuatro murcios romanos de pelo en pecho”, como dirá también que el peor tirano fue Ignacio de Veintimilla o “Ignacio de la cuchilla”, como lo bautizó.

Los pueblos originarios de Chimborazo en armas

Eran guerrilleros del pueblo con reivindicaciones clasistas que se incorporaron a la gesta liberal radical. Cuando el ejército alfarista llegó a la Sierra del latifundismo, se le une un gran contingente popular. Diez mil indígenas del Chimborazo, comandados por Alejo Sáez y Manuel Guamán ─ascendidos por decreto a general y coronel de la República, respectivamente─ se presentaron en Guamote, llevando en sus sombreros la cinta roja para ofrecer sus servicios al Viejo Luchador. La multitud gritaba enardecida: Ñucanchic libertad ta apamuy amu Alfaro, tucuyrunacuna, guañushun pay ladupi (Nuestra libertad tras Alfaro vamos a encontrarla y todos los runas debemos morir a su lado).

Un testigo de la época, el comandante Martínez Dávalos (“Los indios del Chimborazo en la transformación liberal de 1895”) dice, que “sin ellos no hubieran triunfado en Gatazo ni en ningún otro lugar de esa provincia”, es decir, que la marcha a Quito hubiera sido lenta y muy difícil. El general Alfaro, en el decreto que antes mencionamos, también reconoció los “relevantes servicios prestados a la causa de la libertad y de la raza”.[12]

Vargas Torres, dejó a los jesuitas por la guerrilla liberal

Como lo señalan los historiadores, mientras tanto, Vargas Torres (quien fuera novicio de la Compañía de Jesús en la década de 1870, antes de integrarse de lleno a la revolución liberal) regresó al Ecuador para la guerra revolucionaria con doscientos rifles y gran cantidad de municiones, se estableció en las costas de Esmeraldas. Tras organizar una pequeña fuerza de voluntarios, marcharon sobre la capital de la provincia. La ciudad fue tomada el 16 de enero de 1883, abordaron el vapor «Huacho» y partieron hacia Manta. Inmediatamente envió un mensaje a Panamá en el que le comunicaba a Alfaro el éxito obtenido, dirigiéndose posteriormente a la toma de Guayaquil.

Cuando Alfaro organizó su ejército en dos divisiones, una de ellas puso bajo las órdenes de Vargas Torres para evitar que las tropas lealistas pudieran avanzar por el estero Salado. El 9 de julio de 1883 tuvo una lúcida y valerosa actuación en el asalto y toma de Guayaquil, que terminó con la dictadura veintemillista. Como resultado de esa campaña recibió Vargas el grado de coronel, que le fue reconocido por Alfaro el 6 de agosto del mismo año.[13]

A la salida de Veintimilla, otro sátrapa tomó el poder, Plácido Caamaño, en 1883; el 5 de septiembre Luis Vargas se embarcó rumbo a Panamá en busca del general Alfaro, con recursos para adquirir el buque Alajuela y levantarse contra el nuevo gobierno de Caamaño. Los revolucionarios fueron derrotados entre el 5 y el 6 de diciembre en el combate naval de Jaramijó.

A finales de 1886, Alfaro le encomienda a Luis Vargas dirigirse a Ecuador desde Piura, para avanzar hacia Loja y finalmente proclama la Jefatura de Eloy Alfaro en Catacocha. Loja quedó en poder de los revolucionarios, pero fue reconquistada por el gobierno conservador. Vargas Torres fue hecho prisionero y condenado a muerte junto a sus principales seguidores.

A sus 31 años de edad, Luis Vargas Torres fue fusilado el 20 de marzo de 1887 en la Plaza Mayor de Cuenca, sin dar la espalda al pelotón de ejecución y sin permitir que le vendaran los ojos. La noche anterior había escrito algunas cartas de despedida y un mensaje titulado “Al borde de mi tumba”[14].

El 15 de noviembre y la resistencia armada

La matanza obrera del 15 de noviembre de 1922 fue un acontecimiento trágico que marcó con sangre la acción proletaria y popular del pueblo de Guayaquil, sus verdugos fueron los liberales, muchos de los cuales eran radicales alfaristas y no placistas, como la mujer y el cuñado del presidente que eran familia de Carlos Concha, el ultimo guerrillero liberal alfarista en Esmeraldas[15].  Los liberales de ambos bandos consolidaron un régimen plutocrático.

Los trabajadores del puerto de Guayaquil no fueron víctimas indefensas ni protagonistas de una tragedia lamentable, esta versión academicista y descriptiva pone en condición lamentable al movimiento obrero incipiente y combativo, que fue masacrado, pero resistió con organización y fuerza la embestida criminal del régimen oligárquico burgués.

El historiador Óscar Efrén Reyes describe una marcha obrera de los ánimos caldeados con discursos vehementes de los líderes sindicales,​ que enardeció cuando se propagó el anuncio de que las autoridades reprimirían la marcha con armas. En medio del caos, un grupo de manifestantes en la calle Olmedo desarmó a un policía y a 14 militares, se produjeron los primeros disparos de la tarde.

Cuando la marcha llegó a las inmediaciones del cuartel, los policías dispararon contra los huelguistas. Los manifestantes escaparon hacia la avenida 9 de Octubre, algunos intentaban ayudar a los heridos, otros empezaron a asaltar locales comerciales en busca de armas y objetos para protegerse de las balas[16].

La organización y los acontecimientos fueron un baño de sangre de la clase obrera, pero también fue la primera manifestación de resistencia insurreccional y lucha armada con grupos ya definidos como anarquistas y comunistas donde  destacan las organizaciones obreras  de la FTRE,  como la sociedad obrera del Guayas, la sociedad 9 de Octubre, la sociedad de carpinteros, la sociedad hijos del trabajo, la sociedad de cacahueros y los grupos feministas organizados: la organización Rosa Luxemburgo y la agrupación La Aurora.

El primer grupo de inspiración comunista en armas

En 1959, durante el gobierno conservador de Camilo Ponce Enríquez, ocurrió una nueva masacre en Guayaquil, el puerto estalló luego de un acontecimiento en Portoviejo. El 28 de mayo de 1959, el recluta Pablo García se suicidó después de haber sido maltratado por su superior el capitán Galo Quevedo, esto provocó una reacción inmediata de los estudiantes guayaquileños, muchas personas murieron durante los disturbios, entre ellas el capitán Quevedo, reconocido torturador de la plaza.

Guayaquil se reveló con su juventud estudiantil secundaria y universitaria en solidaridad con sus compañeros manabitas, las organizaciones de la juventud estudiantil ordenaron el 2 de junio un paro de 48 horas. El movimiento exigió la renuncia del ministro de gobierno, Carlos Bustamante Pérez; del ministro de educación, José Baquerizo Maldonado; del ministro de Defensa, Gustavo Diez Delgado; del gobernador y otros funcionarios, como el jefe de seguridad política, Francisco Adoum.

Pasada la medianoche, la policía intensificó su represión disparando y atacando a todos con armas de fuego. El gobierno reconoció 5 muertos,​ los activistas lo multiplican por 10, el gobierno declaró al país zona segura e impuso la ley marcial, tanques del ejército tomaron el control de Guayaquil.

El miércoles 3 de junio, el ejército intentó sacar los cadáveres de la morgue, pero la multitud se lo impidió. Después de acaloradas discusiones, los policías uniformados accedieron a la petición de los familiares y compañeros de los estudiantes y los trasladaron al edificio de la universidad, donde se instaló temporalmente un ara funeraria.

Uno de los protagonistas del movimiento fue el joven Rodrigo León Pesantes, en testimonio antes de su muerte en 2020 relató que ahí nació el primer núcleo guerrillero de la izquierda ecuatoriana, “recuperamos armas y las enterramos”. Él y otros jóvenes insurrectos, como Jaime Galarza, Milton Reyes y Sergio Román Armendáriz, formaron luego de ello la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (URJE) que en 1962 tuvo un intento guerrillero en el Toachi de Santo Domingo de los Tsáchilas, ya para entonces inspirados en el triunfo de la revolución cubana.[17]

La masacre de la juventud estudiantil secundaria en el cuarto velasquismo

Como otro de los antecedentes y en forma paralela al movimiento revolucionario de URJE, en 1961 la juventud se levanta contra el cuarto velasquismo. El velasquismo como siempre sin coherencia ideológica tenía en su interior dos simpatizantes de la izquierda, vinculados de alguna manera -aun cuando fuera afectivamente- con URJE: su vicepresidente Carlos Julio Arosemena Monroy y su ministro comunista (por autodefinición) Manuel Araujo Hidalgo, quien públicamente llamaba a replicar la revolución cubana y declaraba su inclinación y simpatía al movimiento urjista[18].

El colegio secundario mártir fue el Vicente Rocafuerte de Guayaquil, escenario de otra masacre en el puerto, esto fue parte de la brutal represión policial contra estudiantes en todo el país, las protestas se presentaron en el mes de noviembre de 1961. El gobierno de José María Velasco Ibarra llegaba por cuarta vez al poder por elección popular y no daba señales de concesiones políticas ni sociales, sobre todo porque la revolución cubana era un espanto para todos los gobiernos de la región.

El Colegio Vicente Rocafuerte salió a las calles y el alcalde velasquista Pedro Menéndez Gilbert dio orden de disparar a mansalva. Producto de esta decisión  murieron: Luis Miño Girón, Eduardo Montenegro Ponce, Adolfo Gustavo Mariscal López, Fredy Salamea Mora, Serafín Romero Parra y Jefferson Quevedo, todos alumnos del colegio Vicente Rocafuerte, quienes junto a cientos de estudiantes secundarios y universitarios habían salido a realizar una protesta pacífica por las denuncias de corrupción como “la compra de la chatarra” -así referida a la compra de armamento militar obsoleto- la falta de pago a los profesores, la elevación de los impuestos y demás situaciones que generaron el descontento de la población.[19]

El 6 de noviembre de 1961, día de la masacre, se inició aproximadamente a las 09h30 cuando desde el interior del Palacio Municipal se comenzó a disparar a manifestantes pacíficos que habían salido a protestar, la orden directa fue de Pedro J. Menéndez Gilbert. En el transcurso de esa mañana el presidente Velasco Ibarra había mantenido reuniones en la Segunda Zona Militar y declarado a Guayaquil bajo el control del ejército.  Como jefe de operaciones represivas estuvo el coronel Julio García Ayala, jefe de la Segunda Zona Militar.

Los pelotones al mando de los oficiales del ejército tomaron posiciones en las bocacalles del sector céntrico de la ciudad, con sus armas listas para hacer fuego. Esa delicada situación llevaría a que personalidades como el rector de la Universidad de Guayaquil, Dr. Antonio Parra Velasco y el dirigente del Partido Liberal, doctor Raúl Clemente Huerta, se reunieran con el jefe coronel Julio García Ayala, para exigir garantías de las personas que participarían en el sepelio y que los efectivos militares no dispararan a los manifestantes.[20]

El 7 de noviembre de 1961, el profesor Eduardo Flores Torres pronunció un discurso en el sepelio de los estudiantes junto a otras personalidades de la ciudad y pese a las solicitudes efectuadas al jefe de la Segunda Zona Militar, fue asesinado ese mismo día frente al edificio de la institución del Estado ecuatoriano con un disparo a su cabeza. Manuel Guzmán, un hombre del pueblo, aseguró a la prensa que había tenido que defender el cuerpo inerte del profesor Flores de los efectivos militares que querían arrebatárselo.[21]

El hecho fue repudiado por el pueblo inmediatamente. Miles de personas salieron a protestar por la desaparición premeditada del reconocido dirigente del magisterio y hombre de ideales nobles y revolucionarios.  El asesinato de Eduardo Flores Torres, militante del Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano, no fue fortuito. Por su actividad como dirigente del magisterio fue perseguido y encarcelado en varias ocasiones, siendo la última en junio de 1961 en la que incluso estuvo recluido en el “infiernillo” de la Cárcel Municipal de Guayaquil y en la que fue alertado por gente del pueblo de las intenciones de asesinarlo en una revuelta provocada.

En su sepelio, entre los oradores constan las siguientes personalidades: Abdón Calderón Muñoz por el Partido Liberal, el escritor Enrique Gil Gilbert por el Partido Comunista, la poetisa y educadora Aurora Estrada de Ramírez por las mujeres del Guayas, Agustín Freile Núñez por el Partido Socialista, Alberto Santos Morla por la Federación de Trabajadores del Guayas, Francisco Jaramillo por Concentración de Fuerzas Populares, Jaime Galarza Zavala en representación de URJE, los representantes de UNE Carmen Chiluisa de Franco, Roberto Rivera y Jorge Malavé, así como el estudiante del colegio Vicente Rocafuerte, Jorge Sánchez.

 


 EL SURGIMIENTO DEL MIR EN LA DÉCADA DE 1960

En los primeros años de la década de 1970 se solía reclutar a los nuevos miembros del MIR con un discurso que exageraba la importancia de la organización. Algunos reclutadores decían incluso que el Che fue cercano al MIR (entiéndase MIR como una organización multinacional, presente en varios países de Suramérica), y al parecer no estaban muy equivocados. En ese entonces había mucho secretismo sobre algunos hechos fundacionales.

Uno se preguntaba: ¿Por qué existen varios MIR en Suramérica? (Chile, Perú, Bolivia, Ecuador, Venezuela…), incluso intentos en Argentina y Uruguay, que desconocíamos en el Ecuador. Es comprensible el secretismo de ese entonces, porque había un proyecto en marcha y preocupaciones por la seguridad; pero en la actualidad esas preocupaciones ya no existen, al menos sobre los hechos de las primeras décadas. Algunas de las organizaciones originales han desaparecido o han cambiado totalmente su línea política, como el caso del MIR de Bolivia que derivó claramente en una organización burguesa socialdemócrata que forma parte del actual gobierno de Rodrigo Paz Pereira.

Al parecer, el proyecto de los movimientos de izquierda revolucionaria en Latinoamérica (desconocemos si hubo procesos similares en México, Centro América y El Caribe, aunque el FSLN de Nicaragua lleva los mismos colores de la bandera roja y negra del Movimiento 26 de Julio de Cuba y de los MIR), fue ideado o tuvo apoyo de la revolución cubana, y uno de los actores involucrados habría sido precisamente Ernesto Guevara.

Como lo señalan actualmente dirigentes de la revolución cubana y de la revolución bolivariana en Venezuela, a propósito de la agresión yanqui contra el presidente Maduro y el pueblo venezolano a inicios del año 2026, la relación entre los dos pueblos y entre organizaciones políticas de izquierda siempre fue muy importante, y no comenzó sólo con Chávez.

De allí que no es de sorprenderse que el primer MIR que se estructura, es el venezolano, en los albores de la revolución cubana, posiblemente en el año 1961. Y uno de los fundadores fue Antonio Rodríguez, padre de la actual presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez y del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez. En una etapa, el MIR venezolano, junto al Partido Comunista Venezolano (PCV) incursionaron en la lucha guerrillera; pasada esa etapa, junto a otras organizaciones de izquierda y militares democráticos, formaron el Movimiento al Socialismo (MAS) en la década de 1980, el mismo que más tarde sería la base del proceso bolivariano liderado por Hugo Chávez.[22]

En 1965 se funda el MIR en Chile, Perú y Ecuador, aunque en Ecuador ello se concreta definitivamente en el año 1967. En 1966 se conforman unos efímeros MIR en Argentina y en Uruguay, en la estructuración del uruguayo habrían participado José Mujica y otros militantes tupamaros. Y el último conocido en conformarse fue el boliviano en 1968, a partir de los sobrevivientes y apoyos de la guerrilla del Che.

Hay personajes que, en esa época fundacional, como Beatriz Allende (“Tati”) hija de Salvador Allende, cumplieron un papel fundamental de apoyo a la guerrilla del Che, y más tarde, durante el gobierno de la Unidad Popular, junto a su primo Andrés Pascal Allende dirigente del MIR chileno, cumplieron un importante rol en el vínculo entre Salvador Allende y el MIR (que no era parte formal de la Unidad Popular). Hay que recordar que el equipo íntimo de seguridad de Allende estaba compuesto fundamentalmente por militantes del MIR y del Partido Socialista (“grupo de amigos personales” – GAP). Beatriz Allende siempre tuvo además un vínculo muy fuerte con Cuba y es precisamente en la isla donde muere.

De allí que el MIR ecuatoriano no se forma inspirado en el MIR chileno, como muchos podríamos suponer. Claro que el MIR chileno de la época previa al gobierno de la Unidad Popular, durante el mismo y luego en la resistencia a la dictadura militar, bajo el liderazgo de Miguel Enríquez y Bautista van Schouwen, son referentes para la izquierda de toda Latinoamérica; el MIR chileno fue sin duda el más importante de los MIR en Suramérica, conjuntamente con el proceso del MIR peruano. Pero ambos MIR, el de Ecuador y el de Chile, surgen de manera paralela, en respuesta a una iniciativa internacionalista. En realidad, nunca hubo vínculos fuertes entre los diferentes MIR de Suramérica, más allá de los lazos fraternos y de la asistencia a compañeros y compañeras refugiados en los casos que se requería. El referente para todos, siempre fue la Revolución Cubana; los MIR, incluido el ecuatoriano, fueron y son hijos de la Revolución Cubana, aunque en su interior hayan convivido diversas corrientes comunistas: anarquistas, trotskistas, maoístas, castro-guevaristas y más.

URJE antecedente directo del MIR Ecuador[23]

El espíritu insurreccional de la izquierda juvenil emerge luego de la masacre ya relatada de 1959. La “Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (1959-1963) "URJE", empieza en 1959 con la formación del club "Aquí, Cuba" en torno a un programa radial con el mismo nombre, que preceden a los acontecimientos en las márgenes del Toachi (Santo Domingo de los Colorados -hoy Tsachilas-, abril de 1962). Sergio Román Armendáriz, secretario general de la Administración en el gobierno de Jaime Roldós Aguilera, fue uno de los protagonistas, como lo fueron Coquim Alvarado, Alfredo Vera Arrata y Jaime Galarza Zavala; pero el personaje clave en la fundación de URJE, fue Rafael Galarza Arízaga[24]. El mismo Jaime Roldós, así como Rodrigo Borja y otros personajes políticos habían simpatizado con URJE; Rodrigo Borja defendió como abogado a muchos de los jóvenes dirigentes de izquierda, sindicales y estudiantiles (incluidos los de URJE), detenidos durante los gobiernos de Carlos Julio Arosemena Monroy y la dictadura militar de Castro Jijón.

A más de los reportajes nacionales de la época, luego del Toachi llegaron al país periodistas de “Cruzeiro”, revista brasileña -de esa época-, que publicó un extenso reportaje elaborado por sus propios periodistas y fotógrafos que vinieron al Ecuador exclusivamente a cubrir la información, sobre todo porque en el grupo insurrecto estuvo una joven brasileña que luego se casó con un ecuatoriano, que también vivió la tensión de los acontecimientos.

Los militantes en el Toachi no eran la totalidad de URJE, estuvieron en el campamento de Santo Domingo medio centenar de jóvenes de casi todo el país, la mayoría universitarios, entre ellos, siete mujeres.

Relatos de los mismos protagonistas exponen como precedentes de URJE a las montoneras alfaristas, la insurrección del 28 de mayo de 1944 y la sublevación de junio de 1959. URJE representaba también la opción de rechazo a la línea electoral de la izquierda que en 1959 apuesta a la conformación de una alianza socialista, comunista y cefepista (CFP) para impulsar el binomio “Parra-Carrión / Revolución” (en referencia al binomio Antonio Parra Velasco y el socialista Benjamín Carrión). En las elecciones de 1960 ganó Velasco Ibarra, no obstante, su binomio, Carlos Julio Arosemena Monroy, era simpatizante de URJE (relato de Rodrigo León Pesantes).

“En 1960 un grupo de jóvenes de varias partes del país, entre ellos Milton Reyes, fundan la URJE (Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana), para 1962 la Convención Nacional de la URJE realizada en Guayaquil resuelve implementar las acciones necesarias para el inicio de la lucha armada en el país…”[25]  en lo que se conoció como la “Guerrilla del Toachi”, que fue rápida y duramente reprimida y desarticulada con asesoría de la CIA, durante el gobierno de Carlos Julio Arosemena Monroy.

Uno de los actores importantes de URJE fue Milton Reyes, dirigente estudiantil riobambeño de izquierda, que evolucionó al maoísmo y formó parte de la fracción pro-china del partido comunista, liderada por Rafael Echeverría. Otros radicales del recientemente formado PCMLE fueron expulsados por querer dar continuidad a URJE.

URJE fue un punto de inflexión en la historia político-militar de la segunda mitad del siglo XX. No se entiende la actualidad socialista y comunista del Ecuador sin URJE y sin el MIR. Sobre los escombros de URJE surgieron varias agrupaciones culturales de literatura de vanguardia, entre ellos los Tzántzicos y los Sicoseos. En otro espacio, el MIR toma la posta del discurso guerrillero de los años sesenta, más en las intenciones que en la realidad, recogiendo sus panfletos, poesías y manifiestos.

La revolución cubana encendió y radicalizó a los urjistas. Se puede considerar como un nuevo momento de la izquierda pro cubana al germen que dio inicio al MIR; pues, hasta entonces, en URJE había mucha diversidad ideológica, participaban incluso juventudes de CFP. El naciente MIR acogió la consigna central de URJE “Lucha Heroica por una Patria Nueva” y la transformó en “Lucha a Muerte por una Patria Nueva”.

Un personaje de ese momento revolucionario, fue Carlos Alvarado Loor, "Coquim", enlace entre el movimiento urjista y el nacimiento del MIR. Por una acción insurreccional, Coquim y un grupo de compañeros tuvieron que refugiarse en Brasil. En Río de Janeiro permanecieron alojados en una residencia universitaria, hasta que por gestiones de sus compañeros urjistas pudieron salir con rumbo a La Habana, allí integraron las Milicias Populares que lucharon contra los anticastristas en el Escambray.

A principios de 1965 con un debilitado URJE, Coquim Alvarado y sus camaradas más radicales fundan el Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, y el Destacamento de Organización Secreta (DOS). El 13 de mayo de ese año, la Inteligencia Militar descubrió un depósito de armas en la Finca El Carmen del kilómetro 26 vía a la costa, propiedad de Juan Javier Novak, lo que puso en riesgo la naciente organización.

Coquim trata de extender el movimiento hacia Quito y así conoce a quien será su compañera, Alba Chávez, gran activista y militante del MIR en la capital.[26]

Coquim y Alba viajaron a la China Popular. En París, en medio del viaje, el Servicio de Seguridad Francés quiso apresarlo, sin éxito. En Pekín asistieron a diversas reuniones políticas y en agosto regresó para reconstruir el MIR con jóvenes de diversas provincias y promover el Congreso de la FEUE que tuvo feliz realización en Loja. Una de las vicepresidencias recayó en su compañera.

En Quito, el MIR en abril de 1967 se toma la Maternidad Isidro Ayora, donde funcionaba la Escuela de Obstetricia de la Universidad Central, pues el gobierno quería cerrarla. Alba Chávez funda ese año la Asociación Femenina Universitaria (AFU).

En Guayaquil, donde ya residían Coquim y su familia, Alba organiza el Primer Encuentro de Mujeres Ecuatorianas, con la participación de delegadas de Cuba y Vietnam. Evento boicoteado por el gobierno.

Otros personajes emblemáticos de la época fundacional del MIR, todos muy jóvenes entonces, a más de Fausto Vargas[27], el primer presidente de la FESE, y de Carlos Luna, que pronto se convirtió en el líder principal, fueron:

El “Caco” Verá, en Manabí, que, aunque luego se alejó y no respondía a la Dirección Nacional, siempre actuó como MIR y con enfoque militarista, enfrentando a terratenientes explotadores y a grupos de derecha, en su provincia y en Los Ríos, hacia donde extendieron él y sus camaradas las acciones.

En Guayaquil, a más de Coquim, el referente histórico inicial, fue el “Tato” Tobar. Que rompe con la Dirección Nacional en la época del “Balance Crítico” (1971), en el cual no participa, ni en su redacción ni en su discusión. Un nuevo grupo, bastante joven, tomó la posta en Guayaquil para la relación y acciones con el partido. El Tato solía decir de los nuevos militantes de Guayaquil, que son del MIR quiteño.

En general, la década de 1960 fue escenario de rápidos y profundos cambios en la izquierda ecuatoriana, que modificaron el tradicional liderazgo en este campo del Partido Socialista Ecuatoriano (PSE, 1926) fundado durante la Revolución Juliana y del Partido Comunista Ecuatoriano (PCE, 1931), ambos dominaron la escena política de la izquierda, el movimiento obrero y el movimiento indígena, durante las décadas 1920 – 1950. En gran medida, la revolución cubana y el conflicto entre los líderes de la URSS y la República Popular de China, marcaron esos cambios.

En 1964 se produce la escisión del PCE, a partir de una fracción del mismo se organiza el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE) con influencia de la Revolución China (maoísmo) y más tarde con otros referentes. Por su parte, el Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano, bajo el liderazgo de Manuel Agustín Aguirre, se separa del tradicional PSE en un largo proceso que inicia a fines de la década de 1950 y continúa en la de 1960; sin embargo, esa ruptura nunca fue definitiva y volvió a reagruparse como PSE único ya en el siglo XXI. La revolución cubana incidió sin duda en la estructuración del PSRE.[28]

La experiencia de URJE dio lugar al desarrollo de otras organizaciones posteriores en la década de 1960, como el “Destacamento de Organización Secreta”. Según un sitio Web del MIR (línea Causa Proletaria):

“Jóvenes procedentes de las juventudes comunistas y socialistas, dan origen a distintos nucleamientos; el MIR se constituye por el agrupamiento de estos nucleamientos en un movimiento antidictatorial denominado Destacamento de Organizaciones Secretas, como una voluntad para jalonar acciones en la lucha urbana, especialmente a través del movimiento estudiantil y barrial, que permita constituir un frente antidictatorial para derrocar a la dictadura militar, lo cual ocurre en abril de 1965.

En 1965 se inician los preparativos de una conferencia nacional de unificación orgánica y política de estos nucleamientos, al calor de la experiencia cubana e influenciada por la tricontinental. Algunos delegados de este proyecto de organización marxista revolucionaria, participan en un encuentro de OLAS (Organización Latinoamericana de Amistad y Solidaridad).

Sólo en 1966 se culmina este proceso, que nombra una dirección nacional, la misma que sufre una descomposición, lo cual provoca que en 1967 se convoque a una nueva conferencia nacional, que podría constituir el primer hecho de formación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria…

…en el MIR se da cabida a militantes de distintas procedencias, de origen maoista, troskista, castro guerrerista (guevarista, seguramente), marxista leninista e incluso cristianos camilistas.

Esta diversidad de corrientes permite que el MIR viva en su interior un rico debate y asuma diversas nociones, según el alineamiento de sus fuerzas al interior.

En la lucha contra el gobierno dictatorial de Velasco Ibarra[29], se produce el más importante quebranto orgánico del MIR, porque perseguidos muchos de sus cuadros, deben exiliarse, quedando el MIR prácticamente sin sus cuadros históricos.” [30]

La época que se inicia con el gobierno subrogante de Carlos Julio Arosemena Monroy (1961-1963), continúa con la dictadura militar de Castro Jijón (1963-1966), pasa por los gobiernos provisionales de Clemente Yerovi Indaburu y Otto Arosemena Gómez (1966-1968) y culmina con el gobierno y la dictadura de Velasco Ibarra (1968-1972), es de las más convulsas y represivas en la historia moderna del Ecuador.

Es la época de la consolidación de la revolución cubana y por tanto de gran injerencia norteamericana en todos los países latinoamericanos, a través de organizaciones como Alianza para el Progreso, el Cuerpo de Paz, USAID, pero también directamente a través de agentes de la CIA en cada país. El agente de la CIA Philip Agee, actuó en los primeros años de la década de 1960 en el Ecuador y luego fue trasladado a Uruguay, cuando se consolidaba el MLN Tupamaros.

Es una época de detención y exilio de cientos de dirigentes de izquierda, sindicales, campesinos, estudiantiles; y también del asesinato de líderes, como Rafael Brito del PSRE (1970), Milton Reyes del PCMLE (1970), Raúl Cedeño y René Pinto del MIR (1971), o de la detención y juicio del dirigente mirista de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), Fausto Vargas.

Es en ese período de represión y de resistencia popular, que se funda el MIR, en un proceso que va desde el año 1965 hasta 1967. Los detalles de lo que ocurrió en esos primeros años no están muy documentados, pero sin duda fue un proceso rico. Aparentemente un momento de gran debate interior sobre la línea política a seguir, donde hubo posiciones que defendían la lucha armada inmediata y otras que apuntaban a la construcción de movimientos de masas, que en efecto -esto último- se concreta por ejemplo en la fundación de la FESE el 5 de octubre de 1966, durante la primera Conferencia de Estudiantes Secundarios en el Instituto Nacional Mejía de Quito, y cuyo primer presidente fue Fausto Vargas.

Inicialmente el MIR consolida sus núcleos más fuertes en Quito, Guayaquil y Portoviejo. Y ese proceso inicial está muy ligado a movimientos juveniles y estudiantiles. Sin embargo, el proceso en la Costa pronto se expande hacia barrios populares y organizaciones de trabajadores agrícolas. Se expande también a otras provincias como El Oro y Los Ríos.

El MIR en Quito surge desde la inquietud estudiantil de la época y es sobre todo en los colegios secundarios donde florecen organismos de respuesta social, después de la primera mitad de los años sesenta.

La presencia de miristas fastidiaba al joven PCMLE, edición pro china del partido comunista, sobre todo en las organizaciones FESE y FEUE donde se disputaba las direcciones.

En 1970, el 22 de junio, Velasco Ibarra se proclamó dictador y se intensificó la represión contra la izquierda. La dictadura secuestra y asesina al dirigente estudiantil Rafael Brito de la Juventud Socialista Revolucionaria en el Guayas. Mientras en Quito asesinan a Milton Reyes del PCMLE y a Rene Pinto del MIR, en Guayaquil encarcelan a Alba Chávez, a pesar de encontrarse en el quinto mes de embarazo la retienen por un mes.

El triunfo de la Unidad Popular con Salvador Allende en Chile eleva los ánimos de la juventud latinoamericana y los de la juventud ecuatoriana, en particular de la juventud mirista que observa con admiración que su par, el MIR de Chile, tiene un crecimiento vertiginoso y una gran presencia política.

En ese momento, la dirección nacional del MIR gana peso y liderazgo, y el grupo de Guayaquil ve la perdida de liderazgo de Coquim y su compañera. Varios compañeros del MIR al final de 1970 entraron al local de la embajada de Chile en Quito y pidieron asilo político. Un grupo del Cuerpo Especial de Paracaidistas rodeó el edificio queriendo frustrar el asilo; finalmente, Coquim y su grupo fueron trasladados al aeropuerto con gran sigilo, pues se temía una acción militar para apresarlos. Así pudieron viajar a Santiago de Chile. El MIR vivirá nuevos momentos

El MIR y el Movimiento de Liberación Nacional Rumiñahui

La década de los años sesenta está marcada por líderes probados de la izquierda revolucionaria que destacan por su pensamiento y acción, la lista es larga, pero emblemáticos son los nombres de Jaime Galarza, Jorge Chiriboga, Milton Reyes, Rafael Brito, Eduardo Flores, Coquim Alvarado, a los que se suman -entre otros- los miristas Carlos Luna, Fausto Vargas, René Pinto y Raúl Cedeño.  Su ejemplo militante fue importante legado para la generación de los sesenta y la subsecuente de los setenta.

Jaime Galarza escritor, poeta y guerrillero escribió varias obras entre las que destacan: El Yugo Feudal, el Festín del Petróleo, Piratas en el Golfo. Jorge Chiriboga, político y militante guerrillero socialista que hizo de la provincia de Esmeraldas su trinchera, fue el creador de la expresión y consigna: “la lucha es con los votos o con las balas”, siendo coherente hasta el final de sus días. Cuando la legalidad no correspondía a las demandas de los pueblos, se recurre junto con la militancia a los mecanismos a su disposición para conseguir cristalizar las aspiraciones. 

Jaime Galarza y el Negro Chiriboga fueron encarcelados, torturados y exiliados, tanto en la dictadura de 1964 como en la del general Guillermo Rodríguez Lara. En la dictadura de Castro Jijón, Chiriboga fue detenido y lesionado en su columna, viajó a Cuba para su operación en el Hospital Hermanos Ameijeiras y posteriormente a Checoslovaquia para su recuperación; a su retorno al país fue detenido en el penal García Moreno nuevamente, junto con Jaime Galarza y otros revolucionarios. 

Para las elecciones de la Constituyente de 1967, el PSRE, el PCMLE y el MIR coinciden en la propuesta de anular el voto.

Recluido Jaime Galarza en la cárcel, el comandante Chiriboga opta por la clandestinidad y luego se exilia en Suecia, donde continua en acción, organiza y participa en varias jornadas de solidaridad con Cuba, Vietnam, Laos y Camboya. Trabajó para la OLP y con varios movimientos de liberación nacional de América Latina, África y Asia. Reafirmando su conducta militante marxista y revolucionaria, por la transformación social nacional, pero también internacionalista, como luchador por la paz mundial.

Finalizados los sesenta y a inicios de los setenta, diez estudiantes de Teología del Seminario San Gregorio se toman el colonial edificio, ubicado a pocos metros del Palacio de Gobierno, y cuelgan una enorme tela con una sola frase: “¡Exigimos iglesia pobre y humana!”. Los actores de esta toma fueron estudiantes de los últimos cursos antes de consagrarse como sacerdotes, respaldando con su medida una huelga en el Seminario Mayor; entre los seminaristas de la acción sorpresa, está un joven de talla pequeña, tez morena, pelo negro lacio, aspecto rudo y modo de hablar típico de la región de Zaruma (entre el litoral de El Oro y la serranía de Loja). Era Kléver Gía Bustamante, que más tarde será protagonista de varias acciones.  En 1968 había ocurrido un acto similar en la Catedral de Santiago de Chile. 

El país vivió al final de los sesenta un ensayo insurreccional hoy casi olvidado que se llamó Movimiento Rumiñahui, donde participaron el MIR, el PSRE y el grupo de Jaime Galarza (Vencer o Morir – V/M); destacaban en el Movimiento Rumiñahui Jorge Chiriboga y su gente. En una acción de recuperación cayeron muertos José Basurto y Luis Salazar, miembros de la fracción del PSRE y militantes del Movimiento Rumiñahui. Jorge Chiriboga dio su testimonio crítico al respecto y dice: “La caída de los compañeros por lo de Daule fue por un acto de indisciplina, de desesperación por la cuestión económica. La vía de retirada estaba a 40 kilómetros de donde se da el operativo. Pero es admirable la integridad, los cojones y la hombría de estos dos compañeros”. Producido el sopetón luego del hecho fatídico de Daule, acabados los recursos económicos de la organización, encarcelados algunos militantes que tenían “información privilegiada”, el movimiento entró en una etapa difícil.

Varios de los insurgentes liderados por el comandante Chiriboga cayeron presos, fueron torturados y enviados al panóptico. Los dirigentes del Movimiento Rumiñahui, Fernando Maldonado Dueñas, Jaime Galarza Zabala, Santiago Bourne Manzini y otros militantes más, salieron a luz pública, y en esas condiciones, el Primer Tribunal Militar Especial presidido por el tristemente célebre coronel Alejandro Romo (el líder del Cuerpo de Paracaidistas), inició ipso facto sendas causas penales, todo bajo la cobertura del gobierno dictatorial del quinto velasquismo.

También hay que recordar que, en esa época, Jorge Chiriboga, lideró el operativo de recuperación económica al City Bank en la capital, que desató una feroz represión contra la estructura político militar que la comandaba el mismo Chiriboga. Luego sería elegido alcalde y prefecto de Esmeraldas, era muy querido por el pueblo esmeraldeño.

Como remanente de la agitada década de los años sesenta sobrevivieron en Quito y Guayaquil grupos de alzados en armas, que se dedicaron a más asaltos a bancos y negocios, así como a secuestros de aviones a Cuba, como una señal de respuesta al bloqueo y aislamiento al              que se le sometía y sigue sometiendo a la isla revolucionaria. Al iniciarse los setenta el MIR entra en una reflexión teórica e ideológica, pero ello se tratará de analizar más adelante.

Uno de los testimonios más importantes sobre la época del Movimiento Rumiñahui y sobre los años y experiencias que la precedieron, es el que brinda Raúl Borja Núñez (“Medio siglo de amistad, vale la pena”, febrero 2017)[31]. Se trata de un homenaje a su compañero de militancia y líder, Carlos Luna, fallecido el año 2016.

Carlos Luna fue sin duda el líder y referente fundamental de los primeros años del MIR, el inspirador de la “mística revolucionaria”, y aunque luego en la década de 1970 él se alejó de su organización madre por diversas circunstancias adversas que ocurrieron, nunca dejó de ser el dirigente y militante más valiente y claro, que inspiró a mucha de la vieja militancia, no sólo en Quito, sino en todo el país.

En su relato (que vale la pena leerlo de manera íntegra), Raúl Borja, muestra a Carlos como el líder esperado para la revolución, que en ese entonces (año 1967), no cabía duda, debía realizarse por la vía de la insurrección armada.

Las prácticas militares, primero en las faldas del Pichincha y en el pequeño cañón del río Machángara, y luego en la espesa selva de la frontera entre Manabí y Esmeraldas, hoy pueden parecer imprudentes, inefectivas y hasta jocosas en algunos casos. Pero en su momento, representaban los esfuerzos de los más comprometidos jóvenes revolucionarios de la época, inspirados por la revolución cubana, por Fidel y el Che.

En buena hora (no hay mal que por bien no venga), en 1968 en un ejercicio en Esmeraldas, un accidente del líder al tratar de disparar una vieja arma del tiempo de las montoneras alfaristas, obligó a la retirada, y fue tal vez la salvación. Un contingente del cuerpo de paracaidistas estaba pisándoles los talones, y probablemente hubieran podido acabar con el incipiente grupo insurgente.

Luego de ello, algunos se dispersaron, pero la amistad cómplice de ese ejercicio guerrillero, perduró para siempre.

Algunos militantes del MIR, liderados por Carlos Luna y Raúl Borja, se unieron casi inmediatamente al proyecto en construcción del Movimiento Rumiñahui, bajo la dirección de Jorge Chiriboga (aunque en realidad no había dirección vertical jerárquica, sino reconocimiento del liderazgo en los hechos), se sumó también el contingente de Vencer o Morir de Jaime Galarza. Según Borja: “Años 1970. Carlos… y yo habíamos pasado a ser los ‘herederos’ del sueño guerrillerista del Movimiento, inclusive poniendo a un lado una bronca sorda de fracciones internas que -nos parecía- torpedeaba el propósito insurreccional que se planteó nuestra organización desde su nacimiento, unos 6 años atrás”.

“El Movimiento Rumiñahui (sobre el cual se puede escribir muchas páginas pues todo está inédito), vivió intensamente y poco. No tiene fecha en su partida de nacimiento, quizás nació como un niño grande a mediados de 1970 y falleció a finales de 1972 como un viejo que vivió al apuro. En ese corto lapso de existencia el Movimiento Rumiñahui sentó en la ‘mesa redonda’ a tres fracciones que apostaban en el Ecuador de entonces, a lo que se llamaba ‘una estrategia político militar’. Atrajo así la atención de movimientos guerrilleros de otros países, principalmente Colombia, Perú, Brasil…” añade Borja, citando un texto suyo del año 2010 en homenaje a Jorge Chiriboga Guerrero (El Negro, el Comandante… un viejo roble).

“La seguidilla de acciones de 1971-72 fue el preámbulo de la debacle ad-portas del Movimiento Rumiñahui… Varios compañeros del Movimiento Rumiñahui fueron presos y pasaron años en la cárcel, en el Penal García Moreno unos, en la Penitenciaría del Litoral otros. De la cuota colombiana, el médico Jaime Velásquez fue el primero en caer sin dar combate (o dando combate con el silencio frente a la tortura), murió en diciembre de 1969 en Quito, a consecuencia de la tortura que le sometió la policía… Los movimientos Vencer o Morir y MIR quedaron a la postre muy golpeados, fraccionados, aunque sin bajas mortales como si sucedió con la fracción socialista liderada por el Negro Chiriboga. A finales de 1972 el Movimiento Rumiñahui estaba en desbandada… Unos pocos pudimos salir del país cundo se filtraban nuestras identidades verdaderas a las filas de la seguridad pública y los Jueces Militares Especiales (uno de ellos el coronel Alejandro Romo) dictaron órdenes de allanamiento y prisión. Aquella salida fue rompiendo el cerco policial, gracias a la eficiencia del aparato clandestino de inteligencia del MIR, dirigido por Carlos… e integrado por compañeros y compañeras de la clase media alta de Quito, poseedores de valiosa información y fina inteligencia. El Movimiento en medio de esa batahola pudo conservar casi intactas sus estructuras gracias al secretismo, anonimato, seguridad interna extrema, análoga a la organización de una logia antes que a la de un movimiento político…” culmina Raúl Borja.

La FESE y el FRE base social y política del MIR Ecuador

La Constitución de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE) es un hito de significación política y pedagógica acontecida en la década de los años sesenta y lo es porque por primera vez, la juventud temprana comprendida entre los 12 y 18 años se organiza como fuerza contestataria ante las injusticias del sistema educacional y contra las injusticias sociales. El PSE y el PCE eran partidos de adultos.

El país ya tenía una fuerza política clave en la juventud universitaria que sostenía la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador - FEUE, organización que representa a los estudiantes de las universidades públicas y fue fundada el 6 de diciembre de 1942, pero la organización infanto juvenil, iniciativa del MIR en Quito, es una realidad que contrasta con un mundo político adulto y decadente.

La FESE liderada por el joven mirista Fausto Vargas Cortes[32] se propone defender los derechos estudiantiles, la autonomía universitaria, la gratuidad de la educación y las mejoras académicas y sociales. Sorprendente es el impacto y convocatoria que tiene la FESE en la capital y en Guayaquil.

En la capital, la FESE es predominantemente mirista con una presencia minoritaria de la juventud de un PCMLE maoísta, en Guayaquil con un MIR debilitado por el declive de liderazgo, la FESE, congrega ampliamente a la juventud del MIR, de los dos partidos comunistas el pro soviético y el pro chino, a la juventud socialista revolucionaria e incluso a jóvenes católicos.

La FESE, con el mirista Fausto Vargas y otros dirigentes posteriores, fue apoyada por la FEUE dirigida por el maoísta Milton Reyes, se forman comités de bachilleres contra los exámenes de ingreso a la universidad por considerarlos discriminatorios, elitistas y selectivos.

El contexto internacional con el mayo francés, la revolución de los claveles y el movimiento social de México ocurridos en 1968, pero sobre todo la revolución cubana y la lucha del Che en Bolivia, impulsaron los ánimos de los jóvenes bachilleres que en Guayaquil unitariamente se  lanzan a la acción, siendo el hecho más sobresaliente, la toma de la Casona de la Universitaria que es castigada por la dictadura velasquista que ordena el desalojo violento dando como resultado trágico la masacre de 30 estudiantes niños y jóvenes, cifra discutida porque toda la izquierda ecuatoriana señala como cifra un centenar de caídos[33]. Luego de la masacre se clausura la universidad, hasta que finalmente, luego de su reapertura, la Universidad Central acoge la propuesta de libre ingreso. La Central tenía como rector al Dr. Manuel Agustín Aguirre, teórico y militante del partido Socialista Revolucionario. El libre ingreso permitió que los hijos de obreros y campesinos accedan a la formación universitaria. El gobierno de la llamada Revolución Ciudadana reinstaló los exámenes de ingreso con la Ley Orgánica de Educación Superior del año 2010.

El MIR siguió activo al finalizar los sesenta y su presencia tomó fuerza en Manabí, Los Ríos y El Oro, en la Costa. En Guayas, luego del trágico desenlace de la masacre del 29 de mayo, se debilita, pero sobrevive.

Luego del balance crítico de 1971, en Quito se hace fuerte el MIR, retoma la dirección de la FESE y crea una estructura política específica: el Frente Revolucionario Estudiantil (FRE), de fuerte presencia nacional en provincias de la sierra y la costa, con la consigna "estudiantes auxiliares en las luchas populares" y con su prensa "El Organizador" muy difundida entre la juventud secundaria.

Pero, desde 1970, debido a la gran represión de la dictadura de Velasco Ibarra, mucha de la militancia se dispersa, algunos van al exilio forzado[34], otros salen voluntariamente del país[35]. Las acciones por la libertad de Fausto Vargas concentran las energías, permiten la organización de nuevos núcleos del MIR y de la FESE en todo el país, pero hay desgaste en la militancia. Ocurre también el primer fraccionamiento (por militantes de Quito y Guayaquil) que debilita aún más la estructura.

Fausto Vargas, luego de su liberación y poco antes de su trágica y sospechosa muerte en noviembre de 1975 (“ahogado en la laguna de La Alameda” en Quito, su cuerpo tenía huellas de tortura), estaba gravemente afectado por años de prisión y tortura, no pudo reintegrarse al partido.

Recién en los años 1973 y 1974 comienza un crecimiento importante de la organización en todo el país. En la Sierra continuaba muy ligada a movimientos estudiantiles, intentando un acercamiento al movimiento obrero, al movimiento indígena y movimientos poblacionales urbanos. Gran parte de la militancia de la Sierra provenía del pueblo, de familias obreras, pero existía también simpatía por el MIR y reclutamiento en sectores de la llamada “clase media”. El crecimiento en la Costa continuó en los sectores de trabajadores agrícolas y pobladores de barrios populares urbanos, tanto en Guayas como en otras provincias. Hasta llegar a procesos fundamentales apoyados por el MIR, como las numerosas huelgas entre las que destaca más adelante la de la hacienda bananera Los Álamos de la familia Noboa Pontón, que duró 15 meses con ricos procesos organizativos con las poblaciones cercanas.

Se consolida en el país el Frente Revolucionario Estudiantil (FRE) y se funda el Frente Obrero Revolucionario (FOR) y otros frentes para el trabajo democrático, como el Comité de Solidaridad Internacionalista y sus acciones solidarias con la revolución cubana, la lucha del pueblo vietnamita contra la ocupación imperialista y más tarde la solidaridad con la revolución sandinista.

 


 

LA DÉCADA UNITARIA DE 1970 Y LAS PROYECCIONES A LA DÉCADA DE 1980

El Balance Crítico

Un punto de quiebre fundamental, ocurre con el denominado “Balance Crítico” (1971), a la postre el primer número de la revista Causa Proletaria, órgano central y teórico del MIR. Era un documento de referencia importante y de estudio obligatorio para la militancia y los nuevos miembros a comienzos y mediados de la década de 1970.

Se trataba de saldar cuentas con la primera etapa de MIR, muy dispersa en ideas e iniciativas. Etapa que había visto pasar militantes fugaces que se ubicaron luego en otros partidos y espacios. Se refrendaba el carácter marxista leninista de la organización y se dejaba claro que la lucha armada no era una opción para el momento, sino el fortalecimiento de las organizaciones de masas y la educación política del pueblo. Se quería un MIR de masas con amplia proyección en trabajadores del campo y la ciudad, sin descartar a futuro la toma insurreccional del poder.

Es una época de gran crecimiento de las bases de la organización, de extensión por casi todo el país y de desarrollo de muchas iniciativas. Pero ese crecimiento poco controlado anidará también algunos problemas internos que se desatarán a fines de la década, coincidiendo con el llamado “retorno a la democracia” en 1979.

El Balance Crítico, sin embargo, fue una iniciativa muy centralizada, de la dirección nacional y de Quito. A tal punto que importantes contingentes de Guayas y Manabí, quedaron al margen de la construcción de la propuesta y de su debate. En Guayaquil, el histórico Tato Tobar, bromeaba con ello y decía de los jóvenes militantes guayaquileños que se incorporaron con y luego del Balance Crítico, que eran “los del MIR de Quito”.

Los fundamentos teóricos alrededor del Balance Crítico

El MIR llega a la década de los setenta compartiendo derrotas con proyectos político militares similares, con militantes torturados o asesinados y con la izquierda institucional, en particular el partido comunista pro soviético, en la mira de otro lado, en franca oposición.

El Balance Crítico más que un proceso fue un momento clave en la vida del MIR y sus militantes, participaron quienes vivieron recientemente la experiencia resistente y sobreviviente, pero no fue un instante de reconstrucción y de convocatoria nacional. Son militantes en Quito que reaccionan a la coyuntura que en 1971 presentaba el quinto velasquismo con fuerza autoritaria, dispuesto a responder con fuego dictatorial a la izquierda que el propio Velasco Ibarra calificaba de “comunistoides” viles y ratoniles. Loco, declarado por muchos; populista, autoritario, conflictivo, incoherente, antidemocrático, insultador, demagogo, anti-partido. Ni las dictaduras militares mataron a tantos comunistas como lo hizo Velasco Ibarra.

Frente al régimen agresivo velasquista, la juventud revolucionaria vive la disyuntiva: fortalecer el frente político militar, alimentando el proceso con más armas y guerrilleros; o rescatarse en el marxismo como categoría teórica para continuar la lucha por otros medios. Pero como no se trataba de ser continuadores de la acción de los partidos comunistas tradicionales, nunca se renuncia a la opción armada.  El MIR se expresa como la corriente comunista de la juventud que rechaza la pereza existencial del PCE. Importante señalar que muchos jóvenes ecuatorianos se declaraban como la tendencia socialista al momento, durante toda la década de los setenta. El MIR en cambio se declara y autodefine como comunista; y la diferencia no es semántica.

Jóvenes cuasi guerrilleros declarándose marxistas leninistas, sobre todo leninistas, era un desafío rotundo a los dos partidos comunistas, el pro soviético y el pro chino; y un reto para los atrevidos militantes casi niños. En 1971 los militantes de dirección del MIR se reúnen y establecen el Balance Crítico que culmina con una declaración manifiesta de adhesión al marxismo leninismo. Con el Balance Crítico nace una responsabilidad trascendente, pues para declararse marxistas hay que ser marxistas, y para ser marxistas hay que conocer y leer a Marx más que a los marxistas, que ya se ponían de moda con lo que quedaba de la escuela de Frankfurt y otros postmodernismos. Ir a la fuente, pide la dirección; y desata un movimiento sorprendente de lecturas y de desarrollo intelectual. Los jóvenes del MIR entre los 15 y 20 años se dedican a lecturas que superan los límites de sus responsabilidades académicas, a las cuales incluso desprecian; sobrevive como parte del espíritu guerrero el ir a robar libros a las librerías. Se ponía como ejemplar la conducta de excelentes alumnos que, al graduarse, en las escalinatas universitarias rompían el diploma y marchaban “a la guerra”.

En toda Latinoamérica, y Ecuador no fue la excepción, el marxismo se desarrolló en la izquierda revolucionaria juvenil como filosofía de la historia, en sus vertientes clásicas de fatalidad y voluntad. Asimilan a Marx y Engels aceptando la inevitabilidad del cambio (la fatalidad) pero el proceso emerge como fenómeno consciente y creativo de la voluntad, como factor revolucionario, como impulsor del cambio (voluntad). La afirmación intelectual de los miristas no pocas veces hace de la voluntad una mística que es compensada en su extrema condición metafísica por la lectura a presión de los clásicos de Marx, Engels y Lenin. El MIR oscila entre la fatalidad y la voluntad.

La izquierda nueva, enfrenta los desafíos de la fe comunista, rechazando la formalidad esquemática de los partidos comunistas, y a riesgo de sufrir el rechazo y el estigma, aborrece los postulados socialdemócratas, aun de aquellos que dicen llamarse marxistas. Se desestima la vía democrática parlamentaria, por reformista. El fatalismo, donde coinciden socialdemócratas y reformistas, es opuesto a la acción revolucionaria. Socialdemócratas, revisionistas y progres, optan además por la institucionalidad burguesa, el patrioterismo y el populismo.

Los socialdemócratas son considerados por el MIR de los setenta como una posición de traición, que trae el recuerdo de la concesión de créditos para la guerra, su adhesión a los movimientos coloniales “civilizatorios”.  El MIR enfatiza a Lenin y da valor a los aportes de Rosa Luxemburgo. También se debate la visión stalinista de socialismo en un solo país, orientado más en el pensamiento del Che Guevara que en el de Trotski. Ello conduce a reiteras acusaciones de trotskista que le endilgan otros partidos de la izquierda, especialmente el PCE.

Muchos miristas declaran sus simpatías con Mao Tse Tung y su visión equilibrada entre fatalidad y voluntad. Repiten con Mao que hay que cambiar al ser humano y a las estructuras, porque son dos piernas al caminar. El apoyo a la revolución vietnamita y a la revolución cubana es incondicional.

El MIR propone un tipo de activismo con ofertas radicales centradas sobre todo en el movimiento estudiantil. A decir de Causa Proletaria, su prensa: “El MIR se ubica al interior de la vanguardia, en la base social”. Ya el MIR empuja una versión marxista leninista sin abandonar su inspiración guerrillera. Pero, lo político-militar se mantuvo en el ámbito declarativo, con excepción de iniciativas esporádicas locales, sobre todo en la provincia de Manabí.

Para el MIR, el proletariado revolucionario es el sujeto histórico que aglutina a todos los explotados, la lucha es en contra de la opresión nacional burguesa y se expresa solidariamente en la lucha universal contra la explotación del capital, por lo tanto, la lucha por el socialismo es también una lucha por la liberación nacional (Causa Proletaria No. 4, 1974). Esto, escrito a inicios de la década del setenta, ya se lo sentía en las orientaciones formativas del MIR en los últimos años de los sesenta.

La liberación nacional y la revolución socialista son un binomio doctrinario que hace del MIR diferente a los preceptos de revolución democrático burguesa del PCE y del PCMLE, y que lo aproxima a los enunciados del trotskismo. Así dirán del MIR, hasta los mismos trotskistas, que se manejaba con un trotskismo vergonzante. En realidad, el MIR con estas declaraciones se afirmaba en la expresión marxista castro guevarista.

La burguesía nacional para el MIR no existe y es su enemigo de clase (Causa Proletaria, No. 4, 1974).  El MIR repudia toda posibilidad aliancista con la burguesía, “el proletariado sabe que solo será libre, si lo es a la vez el conjunto de los oprimidos” (Lucha Proletaria No. 6, 1977). “La conciencia política de los trabajadores comprende la necesidad de la alianza obrero-campesina, concibiéndola como una alianza de intereses que debe ser dirigida por el proletariado” (Causa Proletaria, No. 16, 1976), las crisis económicas son “solamente” fisuras por las que puede transitar el proletariado y donde es responsabilidad militante “hacer que fluya la conciencia política, la indignación general y el descontento de las masas oprimidas” (Causa Proletaria, No. 14, 1976). Para el MIR la “violencia revolucionaria” es una categoría que nunca se especificó en su forma guerrillera o insurreccional, pero siempre enfatizando la “organización de la violencia de los oprimidos”.

El MIR de Ecuador se considera leninista sobre todo después del Balance Crítico. El legado del leninismo es complejo y es una postura política frente a los partidos comunistas tradicionales que casi monopólicamente se autodefinen como leninistas, y lo es también frente al PSE que rehúsa llamarse leninista o a la socialdemocracia que abiertamente se confiesa contraria al leninismo. Esta postura será otro contexto y pretexto para que se le endilgue el calificativo de organización juvenil trotskista.

Trotski nunca fue negado como revolucionario por el mirismo ecuatoriano. Pero si el trotskismo, sobre todo por expresiones desaforadas de la 4ta internacional, que señalaban a los héroes y mártires de Vietnam como revisionistas, o al gobierno de Allende como gobierno burgués bonapartista, y a la revolución rusa como traicionada. No obstante, había coincidencias como el carácter socialista de la revolución, la negación de una burguesía nacional con rol significativo para una revolución nacional liberadora, relato este último de los dos partidos comunistas.

Los textos de Trotski fueron apreciados casi todos y se condenan la actuación del PCUS y de Stalin contra la obra y la vida de Trotski, pero nunca el MIR hizo leyenda negra contra Stalin, en Guayaquil se publicó un folleto de Stalin, que causó polémica.

Como en toda la izquierda revolucionaria continental, ser marxista leninista es una postura alternativa en una juventud con deseo de justicia para las clases trabajadoras del campo y la ciudad. Sin embargo, el leninismo del MIR tiene una contradicción; por un lado, es fidelidad a la postura revolucionaria contra el reformismo y el revisionismo, al antimperialismo, al rol del proletariado; pero, por otra parte, conserva sus estructuras orgánicas cuasi guerrilleras, que dificultan la bolchevización del MIR y la formación de frentes obreros.

La mística revolucionaria, un valor guevarista - mariateguista en la “formación íntegramente humana de nuestros militantes... con valor, fuerza y seguridad” (Causa Proletaria, No. 4, 1972), en la perspectiva de construcción de un partido que “vigile los principios, la ideología proletaria” y se aleje de la “clientela electorera, de engorde partidario” (Causa Proletaria, No. 14, 1976). En el caso del MIR, la conformación de la militancia provino, en lo fundamental, de los sectores del movimiento estudiantil. Por tanto, la idea del militante estuvo materialmente asociada a los sectores de la juventud, y fueron los circuitos de las universidades y colegios los lugares donde se articularon mayoritariamente los procesos de radicalización de la política que concebía al sistema electoral como ajeno a la revolución, siendo este hecho, el detonante de varias divisiones internas.

Sin enunciarlo, en varios periodos el MIR acoge la propuesta de Antonio Gramsci sobre el bloque histórico, planteándolo como bloque popular revolucionario. Otro aspecto que lo aproxima a Gramsci es la voluntad del sujeto para modelar la dimensión social. El militante en Gramsci y en el MIR, es un intelectual orgánico del proletariado, es como lo dijo el articulista Claudio Tejada en un numero de Causa Proletaria, el militante es el agente consciente de los procesos inconscientes de las masas, que tiene como responsabilidad la subjetividad de ser sujeto de cambio, un “encuentro” entre las condiciones objetivas y subjetivas. La subjetividad se radicaliza en la medida en que crezca el interés por la revolución socialista, y son “los revolucionarios mismos los que crearán las condiciones necesarias para la realización completa y plena de su ideal”.

El concepto de sujeto revolucionario establece la escuadra: partido, clase, masas y revolución. Como Gramsci, el MIR valora el rol pedagógico de la organización y sus militantes, para lograr el “consenso activo” contra la dominación. Buscaba el MIR como imperativos, el papel de la prensa, la captación y las escuelas de formación interna y externa; nacen los periódicos Causa Proletaria, Lucha Proletaria, a nivel nacional; a nivel estudiantil El Organizador; y en Guayas el periódico Pensamiento Obrero; así como las editoriales René Pinto y Raúl Cedeño.

En Gramsci, el sujeto revolucionario responde a un tipo de realidad específica, la contrahegemonía, en el MIR son categorías formativas la conciencia de clase y la independencia política. El MIR sabe en la década de los setenta que asumir formalmente pertenencia a las corrientes trotskistas, maoístas, gramscianas, es un sesgo no admisible, por lo que llama a regresar a los orígenes del marxismo leninismo, con adhesión firme en su postura pro-cubana castro guevarista.

El rol de los campesinos, ligado a la lucha guerrillera, como actor político central de la acción revolucionaria, es asumido con una visión insurreccional que no desestima los aportes de Mao y las interpretaciones del marxista peruano José Carlos Mariátegui. Otros aportes de mayor relevancia desde la experiencia mundial fueron: las guerrillas de liberación nacional, la teoría de la dependencia, las luchas obreras y la teología de la liberación. Cada una de estas elaboraciones intelectuales y políticas determinó nuevos entendimientos sobre el sujeto revolucionario, a partir de las características territoriales de los procesos de lucha de clases. El campesinado, la clase obrera, “los pobres y el pueblo” y los sectores intelectuales de la clase media, se constituyeron en actores del espectro ideológico del MIR.  En el caso latinoamericano, entra en debate la acción político-militar y la “vía chilena al socialismo” que rehabilita al reformismo alicaído y lo impulsa con el triunfo de Allende en Chile.

La organización, la estructura y la práctica

Presuntamente como línea orgánica, el MIR en los setenta desarrolla una política frentista al igual que el MIR chileno. El Frente Revolucionario Estudiantil - FRE para la juventud, que se constituye en el principal astillero, el Frente Obrero Revolucionario - FOR como propuesta para el reclutamiento de obreros, el Frente de Defensa de Pobladores (Comités de Defensa Popular), y a más distancia, el frente campesino.  Una mirada sólida de por donde caminar la construcción se acompaña de otras formas de existir: un Comité de Solidaridad Internacionalista para la contingencia con que se coopera con los movimientos revolucionarios de otros países, luego  la Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos de gran presencia en los difíciles años de la represión febrescorderista (ya en la década de 1980), y en la provincia de El Oro se forma con militantes de la organización el Frente de Mujeres que llegan a organizar el primer sindicato de trabajadoras sexuales de América Latina.

La política frentista provocó un rápido crecimiento del MIR en la década de los setenta, pero inexplicablemente después de la segunda mitad de la década de los 80, el MIR renuncia a la política frentista. En el Guayas el MIR no acata íntegramente dicha resolución, calificándola de administrativa. Desde inicios de 1973 el crecimiento del FRE o MIR juvenil en Pichincha, es sorprendente, al punto que inmediatamente toma el control de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), pese a la resistencia del PCMLE. En Guayas también se siembra el FRE en una docena de colegios, pero coexiste dentro de la FESE, en forma unitaria, quizás por este motivo existía en los hechos un pacto de no agresión entre el MIR Guayas y el PCMLE conocido por entonces como “los chinos” por su filiación maoísta.

Al primer año de reestructura del MIR en la década de 1970, en Guayas ocurre una rebelión de las bases. Este evento fue acción purificadora de Soledad Rodríguez León y el Chacho Rivera que eran miembros de la dirección provincial. Soledad convoca a la dirección nacional y a un ampliado provincial, acusando al líder provincial de agresión y violencia de genero. La Dirección Nacional respeta la decisión de expulsión del camarada E y se divide la dirección, la mayoría de tres miembros se aparta del conjunto y más adelante se adhiere a la primera fracción de Quito conocida como “los trapos”.

Más sobre los frentes de masas y los frentes legales

La presencia del MIR en el movimiento estudiantil secundario fue enorme en la década de 1970, y no sólo en Quito y Guayaquil. La FESE se fortalece, aunque hay una disputa con otra FESE dirigida por el PCMLE. Sin embargo, la FESE apoyada por el MIR es la mayoritaria y dirige el movimiento estudiantil en los colegios más emblemáticos del país donde el MIR presidía los consejos estudiantiles, y llegó a organizar núcleos de militantes incluso en colegios privados considerados de élite. Los enormes y exitosos congresos de la FESE, como el de 1980 que se desarrolló en la sede de la Escuela Politécnica Nacional en Quito, dan cuenta de ese proceso amplio y sostenido durante la década de 1970.

En el movimiento universitario, si bien el MIR no intentó en la década de 1970 tomar la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE), ni a nivel nacional ni a nivel de algunas localidades (como si lo hizo Coquim Alvarado en la década de 1960), sin embargo, desarrolla una estructura muy fuerte, que en el caso de Quito cristaliza en la dirección por el MIP (Movimiento de Izquierda Politécnico) de la Federación de Estudiantes Politécnicos (FEPON) por muchos años. En la Universidad Central del Ecuador (UCE) llega asimismo a dirigir por un tiempo sostenido varias asociaciones escuela (gobiernos estudiantiles). Pero también se organizan grupos de militantes en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE). En la UCE, aun antes de llegar a los organismos estudiantiles, se estructura brigadas importantes, como la “Brigada Miguel Enríquez” en la Facultad de Ciencias Médicas, y una coordinadora universitaria de la UCE, con responsables de Economía, Sociología y afines, Medicina, Administración y las Ingenierías.

A partir de esos esfuerzos, se estructura luego la llamada dirección juvenil del partido en Pichincha, con delegados universitarios, secundarios y de jóvenes de barrios populares.

Pero, sin duda, los desafíos fundamentales estaban en el movimiento obrero y en los barrios populares de las ciudades. Imposible detallar la riqueza de ese trabajo sostenido durante toda la década de 1970. Los desfiles del primero de mayo en Quito, Guayaquil y otras ciudades, eran cada año un termómetro de cuanto habíamos avanzado, los bloques juveniles del MIR eran cada vez más grandes, con numerosas banderas rojinegras desplegadas, con cascos, percusión y brigadas de seguridad; adaptamos la consigna del MIR chileno y entrábamos a las plazas con un fuerte: “MIR, MIR, organización, conciencia y acción”. Pero también podíamos poner piquetes de agitación en muchos sindicatos, incluyendo aquellos más afines y algunos de los más grandes e importantes. Muchas veces tuvimos conflicto con militantes de otros partidos, especialmente del PCE, porque consideraban que invadíamos “su” terreno. Odiaban encontrar el primero de mayo las paredes que rodean la Plaza de San Francisco en Quito cubiertas con grandes telas del MIR.

En general teníamos una buena relación con militantes de otras organizaciones, como el PSRE, el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores (MRT), el trotskista Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), la Izquierda Cristiana o grupos de anarquistas independientes, estos últimos incluso desfilaban en los bloques del MIR. En esa época y desde antes, hubo importantes flujos de militantes entre una y otra organización, muchos miristas pasaron a engrosar el PSRE, así como militantes del PSRE ingresaron al MIR. De hecho, el MRT en su fundación contó con un importante contingente de militantes iniciados en el MIR en la década de 1960 y principios de la de 1970. Y el intercambio de militancia también se dio, en menor grado, con el PCMLE, partido con el que teníamos respeto mutuo, a pesar de las muchas escaramuzas que tuvimos con ellos especialmente en las universidades y en la FESE. Con quienes tuvimos más dificultades de acercamiento fue con los militantes y dirigentes del PCE, a pesar de que muchos militantes del MIR teníamos o habíamos tenido padres y otros familiares comunistas. Militantes y ex militantes del MIR fueron también fundamentales en la conformación de otras organizaciones en la década de 1980 e incluso en el siglo XXI, como Alfaro Vive Carajo, Pachakutik y el movimiento Mariateguista.

Nuestro acercamiento a los obreros y sindicatos no era sólo con aquellos de la Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE) de tradicional vinculación con el PCE, lo que acentuaba las divergencias y conflictos; sino que también trabajábamos con sindicatos y obreros de base de la CEDOC (Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas), donde estaban también tradicionalmente militantes socialistas y luego del MRT; y con sindicatos libres, sin afiliación a centrales.

Las huelgas nacionales convocadas por las centrales sindicales y por el Frente Unitario de Trabajadores (FUT, fundado en 1980) eran también una oportunidad para estrechar los vínculos entra la militancia del MIR y las bases obreras, ello facilitaba la distribución de la prensa del partido, especialmente “Lucha Proletaria” que era especialmente destinada para los trabajadores. Pero nunca el MIR llegó a tener en Pichincha una gran militancia obrera, como si ocurría en Guayas con el FOR, conocido en el puerto como “MIR Proletario”.

Uno de los puntos más altos de la lucha fue durante las que nosotros denominamos “jornadas de abril” en 1978, más tarde conocida como “la guerra de los cuatro reales”. La consigna que teníamos los militantes era llevar la lucha a los barrios populares, y a partir de ello se conformaron en Quito, de norte a sur, decenas de “Comités de Defensa Popular” (CDP) y más de un centenar en total en todo el país. Plantamos la bandera roja y negra en los barrios populares y ello tuvo continuidad en muchos de los procesos, en Quito en el Frente de Lucha de la Entrada Sur de Quito, originado en Guamaní con el concurso de nuestra militancia, o los centros culturales en San Bartolo, La Argelia, La Tolita de Pomasqui y otros.

El proceso en Guayaquil era sin duda más rico, y no dependía de eventos coyunturales, sino que era más sostenido y profundamente imbricado en barrios populares y comunidades rurales.

A más de la prensa central, Causa Proletaria y Lucha Proletaria, había los libros del MIR (muchas veces reproducción de clásicos del marxismo) y prensa específica de cada uno de los frentes de masas o legales. En un tiempo, el MIR distribuyó también en el Ecuador revistas cubanas (Bohemia, Prisma y otras).

Uno de los eventos y procesos fundamentales que desarrolló el MIR en la década de 1970, vísperas del llamado retorno a la democracia (al final de las dictaduras militares), fue impulsar la candidatura extra legal de Manuel Agustín Aguirre a la presidencia de la República (proceso 1978-1979). Aguirre lo aceptó de buen agrado, porque sabía que se trataba de un acto de propaganda revolucionaria y de denuncia de la farsa de la democracia burguesa. Más tarde nos enteramos que esa candidatura extra legal fue también de la simpatía de dirigentes y militantes del PSRE.

Se estructuraron también frentes o comités para el trabajo legal, dentro de los cuales, los más importantes fueron:

El Comité de Solidaridad Internacionalista, que como ya se mencionó, cumplió papeles de solidaridad con el pueblo y revoluciones de Cuba, Vietnam y Nicaragua. En ocasiones fue necesario hacer comités específicos, como el Comité de Solidaridad con el Pueblo de Nicaragua y el FSLN, cuyo presidente honorario fue don Benjamín Carrión, en los últimos años de su vida. Intentamos tomarnos la embajada de Nicaragua (del somocismo) en Quito, sin éxito y varios detenidos; tuvimos en el país y en el seno del MIR un delegado (embajador) del FSLN para las acciones de solidaridad; en una exitosa campaña nacional logramos recaudar una importante suma de dinero de parte de donantes voluntarios, que se entregó al FSLN; acogimos a la delegación artística de Carlos Mejía Godoy y los de Palacahuina y de Luis Enrique Mejía Godoy, con lo que se acrecentó la solidaridad con la revolución sandinista. Pero el hecho fundamental fue la delegación de jóvenes médicos que se integró al FSLN en los momentos fundamentales de la lucha, antes del derrocamiento de Somoza.

La Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos (CDDH), estructurada en 1977, luego de la masacre de los trabajadores de Aztra. A la sazón, la organización de derechos humanos más antigua en el país, pues la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU), con el aporte del MRT, se fundaría un año más tarde, en 1978. La CDDH tuvo dos etapas, una primera muy ligada a la militancia del partido, luego de la fundación con estudiantes de la Escuela Politécnica Nacional y la Universidad Central del Ecuador, más el concurso de algunos profesionales jóvenes; de hecho, el primer coordinador fue un estudiante de la Politécnica, militante del MIR. La actividad de la CDDH mermó mucho en los primeros años de la década de 1980, luego del fraccionamiento del MIR de 1979, y se reactivó en una segunda etapa en 1984 al iniciarse el gobierno represivo de Febres Cordero; en esta nueva etapa, si bien la CDDH mantuvo su fuerte vínculo con el MIR, sin embargo se enriqueció con el aporte de profesionales de diferentes vertientes, unos con antecedentes de militancia en el PCE, en el PSRE, en el MRT, y otros sin vínculos partidarios, pero que aportaron mucho al trabajo de la comisión que duró hasta 1993, contando como recursos únicamente con la cotización de sus miembros, nunca financiamiento externo que condicione las acciones. Había núcleos en Guayas y Azuay. Hubo una buena relación con varias iglesias democráticas. La CDDH estructuró a su interior un Frente Pedagógico de DDHH (formado por maestros y pedagogos), un Frente de Salud (formado por profesionales de la salud), tuvo órganos escritos (“Testimonio”) y una revista radial semanal. Entre otros eventos importantes, se desarrollaron: un foro médico contra la tortura; la co-organización de los anuales Foros Nacionales de Derechos Humanos entre 1984 y 1990; actos de solidaridad con los pueblos palestino y vasco; acogida y canalización de refugio para hermanos peruanos perseguidos políticos del gobierno de Fujimori; solidaridad con la familia Restrepo y con familiares de otras personas desparecidas; inicios de la despenalización de la homosexualidad con el grupo SOGA y su líder Orlando Montoya; apoyo a procesos de lucha de los pueblos indígenas, como en Paniatug (Cotopaxi), a los campesinos desplazados por la construcción del nuevo aeropuerto de Quito (Yaruquí), a los campesinos detenidos ilegalmente en Putumayo acusados de guerrilleros (los 11 del Putumayo) o al Frente de Lucha de la Entrada Sur de Quito; apoyo a la creación y consolidación de comisiones provinciales de DDHH (Tungurahua, Imbabura, Sucumbíos); y muchas acciones más. La CDDH de alguna manera tuvo continuidad, hasta la fecha, con otra organización, el Colectivo Pro Derechos Humanos (PRODH), pero ya sin la dirección partidaria. Algunos militantes de la otra fracción partidaria, fundaron en cambio la Asamblea Permanente de Derechos Humanos en Quito (APDH), que fue muy activa en la década de 1990.

Otro de los organismos que impulsó el MIR en la década de 1970, fue el Comité por la Defensa de los Derechos Democráticos, que lo presidía Patricio Icaza Cortez. Comité que trabajó fundamentalmente en dos temas: 1) la recopilación histórica de las luchas de los trabajadores por sus derechos, y 2) la denuncia de la doctrina de seguridad nacional impulsada por la CIA y el Pentágono. Icaza llegó a ser un experto en ambos temas y muchas de sus obras más importantes versan sobre ello. Según Enrique Ayala, Icaza fue algún momento parte de la Dirección Nacional del MIR (posiblemente se refiere a una de las fracciones), pero su militancia y el trabajo del CDDD terminaron cuando se produjo el fraccionamiento de 1979 - 1981. Icaza no continuó en el MIR, sino que, según refiere Ayala en un obituario publicado días después de su fallecimiento (1997)[36], se integró más tarde al PSRE junto a otros ex militantes del MIR (ratificando ese intercambio común de militancia) en donde llegó a ser director provincial de Pichincha al momento de su muerte.

Finalmente, entre estas organizaciones amplias, impulsadas por el MIR, hay que destacar a la Coordinadora de Equipos de Salud Popular (CESAP), que se crea y es muy activa en la década de 1980 y extiende su accionar hasta la década de 1990. Cuenta con su propio periódico y realiza eventos nacionales periódicos, donde se debate las experiencias de los diferentes proyectos de salud popular / salud colectiva, sobre todo en poblaciones rurales. CESAP constituye un aporte fundamental para los primeros pasos en el trabajo del MIR y otras organizaciones fraternas, con el movimiento de pueblos y nacionalidades y trabajadores agrícolas, especialmente en la Sierra y en la Costa; es uno de los gérmenes del trabajo del MIR en el campo, conjuntamente con el de militantes maestros rurales.

Los años de la tortura, la década de la madurez

Se inician los años ochenta, los niños y jóvenes pasan de veinte años, pero con cerca de 10 años de militancia, formados con convicciones sólidas, intelectualmente autosuficientes se aprestan a enfrentar nuevos desafíos personales, profesionales y políticos.

La madura juventud del MIR veinteañero sufre el registro incruento de una inexplicable fractura orgánica. Lo que no había logrado la dictadura, ni el reformismo, se lo autoinfligió la misma organización, por la ruptura de su unidad. Los hechos sucedieron en Quito, pero los dolores más intensos los sufrieron los jóvenes del Guayas donde la mayoría, sino todos, eran hijos de obreros, artesanos, campesinos emigrados, pequeños burgueses quebrados, intelectuales apacibles. Dirán algunos compañeros, se caen a balazos en Quito y en el puerto caemos mal heridos.

Otro militante escribirá:

“Hoy que las voces pierden tono,

y se escapa la razón por la ventana,

quiero acudir al viento de la noche,

para aplicar la existencia desolada.

Y luego volver, a despertar obligado,

a vivir para soñar y

entre escombros buscar la luz”

A nivel nacional el impacto talvez no fue menor, faltaría documentarlo en la provincia de El Oro, donde hubo estragos, y la militancia de Manabí decidió independizarse. Pero por las calles del puerto sobrevivía un ambiente triste y fraterno, por el Guayas nunca se hablaba de fracciones porque a la gente del Tato Tobar y a otros militantes del Guasmo no se los consideraba fracción sino tendencia, nos reuníamos y desfilábamos juntos en marchas obreras y los primeros de mayo.

Para la mayoría de los militantes formados en el Guayas, a su formación marxista leninista en teoría le quedaban saldos de duda organizacional, no cuadraba mucho ser leninistas y dividirse sin muchos argumentos. A falta de lógica, se formó de verdad una corriente y conducta existencialista. Los textos de Sartre, Camus, Malraux se consumían todos, lo que reforzaba el compromiso existencial con una causa golpeada. Se dio un juramento, nunca ser protagonistas de fracción o división. Guayas en pleno voto por la unidad alrededor de Causa Proletaria, pero rechazó todas las expulsiones gestadas en la Dirección emergente.

Pulularon lecturas heroicas de libertad y cárcel, J Fucick y su Reportaje al pie del patíbulo, El hombre prisionero de Hector Agosti… la soledad carcelaria de Tomas Moro, regresábamos a leer a Sartre, a Mariguella, a Arguedas con el sexto y a Mariátegui, quienes repetían los intentos del escarnio del poder sobre la libertad, para convencernos en la terquedad de la ilusión. Seguíamos con Marx y Lenin, pero las conductas de los filósofos anarquistas hacían su arribo.

El libro de Regis Debray desde la cárcel, nos recordaba el riesgo consciente de ser seguidores del Che… la historia me absolverá de Fidel nos servía como didáctica fundamental del odio a la opresión, en tanto que… la condición humana de André Malraux… nos hacía sentir la gran prisión de la existencia sin ideal revolucionario.  

La dirección bolchevique, así autodefinida en Guayas, entre el 82 y 83 de entregó de lleno a organizar y organizarse en el movimiento obrero, no había huelga o marcha donde el MIR no haya estado presente. El MIR tenía presencia en FETSAE (Federación de trabajadores de la salud) porque una militante era su dirigente y un extraordinario obrero marxista compartía el corazón entre el MIR y el maoísmo, su nombre Fidel Palomino; otros obreros miristas fueron Gregorio Lino y Marcelino Chiriboga y el inolvidable campesino Nelson Fuentes, todos ellos guardan silencio, siendo clandestinos hasta en su muerte por falta de recuperación de la memoria. Capítulo aparte, al abogado y militante de causas obreras Bolívar Sandoval Méndez, compañero entrañable que nos dio luces para transitar por el sendero luminoso de la causa sindical y Hernán Rodríguez León que, sin disciplina orgánica, desde la periferia como militante así mismo calificado de extra orgánico, inicia un impresionante trabajo popular con las comunidades cristianas de base.

En la práctica el MIR se ganó el respeto de los obreros, se formó la escuela de cuadros del FOR y acompañamos la huelga de más de un año en hacienda Los Álamos, allí hasta replicamos la misa campesina de Carlos Mejía Godoy en semana santa. El MIR hizo resistencia popular contra el gobierno de Febres Cordero y luego contra el gobierno anti obrero de Rodrigo Borja. El MIR acompañó a la clase obrera en su derrota, porque la burguesía lumpen inicio las tercerizaciones, la desindustrialización y la bancarización chulquera de la economía, que llevó al poder al demócrata cristiano perverso Jamil Mahuad.

En el ámbito poblacional, el MIR hizo presencia en los barrios suburbanos de Guayaquil y Milagro, donde además se gesta su presencia en el campo.

En el movimiento estudiantil, el espectro es reducido y en elecciones de la universidad hubo una alianza con AVC para enfrentar a la derecha febrescorderista. 

Fueron los años de la tortura con Febres Cordero al mando, en el imaginario colectivo se piensa que AVC fue -por armada- la única resistencia, lo que no es cierto, EL MIR resistió, incluso muchos camaradas que no entendieron la validez de la lucha proletaria y popular pasaron a ser parte de AVC. El MIR sufrió también persecución, malos tratos y represión, pero respondió entre las masas obreras.

La dirección nacional del MIR en forma militante generó dos certeras políticas:  la primera, reactivar la Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos – CDDH, formada en 1977 (sobre la CDDH se puede encontrar en la anterior sección “Más sobre los frentes de masas y los frentes legales”), y la segunda, sembrar el agro serrano con militantes, que reforzaron el trabajo solitario que habían iniciado antes unos pocos militantes insertados en comunidades de la Sierra Central, del norte de Pichincha e Imbabura. En los años de la tortura febrescorderista se registraron 285 casos de tortura, nueve desapariciones forzadas y 32 ejecuciones extrajudiciales.[37]

Al final de los años 80 el MIR sobrevive, AVC entrega las armas y el conjunto de la izquierda dócilmente elige la vía electoral y parlamentaria. Otra batalla ganada por el reformismo progresista.

Los impactos del fraccionamiento de 1979

Si bien el gran crecimiento de MIR durante la década de 1970 fue considerado como una fortaleza, así aparentaba en los actos masivos. Sin embargo, ese mismo crecimiento permitió que se agravaran problemas que posiblemente se venía acarreando desde la misma fundación del Partido, y que no se habían resuelto.

Se pensaba que todo el proceso desarrollado a partir del Balance Crítico (1971) había permitido superar divergencias en la línea política. Pero no fue así.

La militancia de base o de direcciones intermedias, no tenía idea de lo que estaba sucediendo a nivel de la dirección nacional y de la militancia más antigua que participaba en el debate y trance que llevó al fraccionamiento (un nuevo fraccionamiento). Eufóricos por los triunfos en el movimiento estudiantil y el movimiento obrero, por los primeros pasos en el movimiento indígena, por la demostración de fuerza en los actos masivos, se ignoraba que estaba en curso un importante conflicto que culminaría en un fraccionamiento. A la mayoría tomó de sorpresa ese proceso; compañeros que actuaban como vínculo con las instancias superiores del partido, de pronto desaparecieron, al igual que algunos compañeros y compañeras relativamente cercanos. El cisma afectó desde la cúpula hasta muchas de las bases, sobre todo en el movimiento estudiantil y de manera especial en Quito. En Guayas, aparentemente, no hubo tanta afectación. Una parte de la dirección nacional se había ido con la fracción. Había que reorganizar las estructuras, y ello seguramente fue así en cada una de las partes que quedaron fraccionadas.

Para aparentar que la escisión no afectaba mucho (desde la memoria de quienes hacemos este coloquio), se organizaron varios actos en los que se explicaba a las bases la situación. Uno de los más importantes y masivo, fue en un aula magna (Sala de Clínica) de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCE en Quito, donde participaron cientos de militantes. Pero pronto se constató el cómo algunos espacios habían sido destruidos por el proceso fraccional.

Por las relaciones que existía entre la militancia de ambas partes, el proceso de fraccionamiento continuó, desgranando a la organización por un buen tiempo. No se tenía idea en ese entonces de que el proceso fraccional iría a durar tanto y terminaría minando significativamente al partido. Por otro lado, mucha gente en medio de ello (diríamos, la mayoría), renunció a todo, no se quedó en ninguna de las fracciones, argumentando abandono por parte de sus superiores o simplemente quedaron desconectados y frustrados. En 1981-1982 se completó el fraccionamiento con un segundo desmembramiento importante; ello ocurrió luego de un rompimiento de la disciplina que condujo a un fallido ensayo militarista a propósito de apoyar una huelga obrera.

Pero las escisiones, cada vez más pequeñas, y el desgrane individual, continuaron incluso hasta las décadas de 1990 y 2000 (la última, al inicio del gobierno de Alianza PAIS / Revolución Ciudadana). Algunos de los miembros de diferentes fracciones terminaron uniéndose entre sí, se rencontró gente que había abandonado el partido en 1970, en 1979, en 1981 y en las décadas de 1990 y 2000, aunque esas alianzas no siempre tuvieron éxito y continuidad.

Los militantes de base ignoraban las razones de fondo que causaron la ruptura. Más allá de las explicaciones y justificaciones que se dieron de lado y lado, el hecho es que había desde siempre en el MIR, y ello aparentemente nunca se saldó, sectores que abogaban por la lucha armada inmediata, y otros en cambio que eran muy afines a participar en procesos electorales de la democracia burguesa.

Sin embargo, probablemente habría que considerar una causa más de fondo para esa fragmentación y crisis prolongada, una razón de tipo estructural. Una estructura de tipo guerrilla urbana, con células clandestinas y compartimentadas, herencia del enfoque militarista de la década de 1960, no es compatible con la organización marxista leninista que pretendió el Balance Crítico, y que requiere de estructuras más abiertas, de masas. Quienes animaron las fracciones posiblemente vieron ello, había que hacer o una organización guerrillera o una de masas, pero las mezclas no siempre son posibles ni viables. Tampoco es que las diferentes tendencias producto del fraccionamiento terminaron encontrando una solución, lo intentaron quienes se fueron por la vía militar, pero otros optaron por el parlamentarismo.

A la final, esas tendencias se fueron decantando. Quienes optaron por la lucha armada terminaron uniéndose a Alfaro Vive Carajo (AVC)[38] que arrastró a muchos militantes; de hecho, algunos de los líderes de AVC que fueron asesinados por el gobierno de Febres Cordero, fueron ex miristas, como Fausto Basantes o Ricardo Merino.

Otros apoyaron candidaturas de Frank Vargas Pazos a la presidencia de la República (en un intento de un frente amplio alrededor de Acción Popular Revolucionaria Ecuatoriana - APRE), o más tarde a Alianza PAIS / Revolución Ciudadana (progresismo ecuatoriano).

El hecho es que, frente a la población ecuatoriana y a la militancia de los otros partidos de izquierda, el MIR resulta hoy intrascendente, ni la sombra de lo que fue en las décadas de 1960 y 1970, incluso de 1980. Muchos, en los otros partidos de izquierda, creen (o lo afirman convenientemente) que el MIR desapareció en el Ecuador, como sucedió en otros países.

La disputa por el nombre y símbolos, continúa. Con el uso de logos diferentes se pretende afirmar identidades. Para la izquierda, las diferencias de fondo pueden parecer obvias. Pero para el pueblo esas diferencias son imperceptibles, y seguramente provocan confusión las divergentes posiciones políticas (por ejemplo, en procesos electorales) bajo el mismo nombre de MIR.

De las dos tendencias que sobreviven del MIR, la una se identifica como MIR Causa Proletaria, y ha dado continuidad a la publicación del órgano central del partido, y presumiblemente a la línea marxista – leninista.

 


La otra tendencia forma parte del progresismo ecuatoriano, optó por la vía parlamentaria y ha participado en varios procesos electorales de Alianza PAIS / Revolución Ciudadana.


Tomado del sitio Facebook “MIR Ecuador” https://www.facebook.com/100064730317021/photos/ en marzo 2026

A pesar de ello, hubo algunos intentos unitarios, especialmente en la década de 1990, en donde aparentemente hubo acuerdos de todas las partes para el acercamiento. Uno de los sucesos importantes fue un evento cultural fraterno en el auditorio de la Unión Nacional de Periodistas (UNP) en Quito. Pero esos intentos no fructificaron.

De todas maneras, quienes somos y hemos sido miristas, siempre soñamos con que el MIR ecuatoriano vuelva a cumplir un papel importante en la revolución ecuatoriana y latinoamericana, ojalá fortalecido y de forma unitaria entre los camaradas, así como en unidad con otras organizaciones políticas y frentes de masas. Que los viejos compañeros hoy enemistados, vuelvan a darse un abrazo fraterno y juntos encuentren los mejores caminos; aunque ello posiblemente les corresponda a las nuevas generaciones, no precisamente a los veteranos que seguimos albergando resentimientos, pero también nostalgias.

Y hasta aquí este coloquio (con enfoque histórico). Tratar de narrar lo que sucedió posteriormente, sobre todo lo que ocurre en la actualidad, como dijimos al inicio, no nos corresponde.

TR/HN, marzo 2026


 

A MANERA DE POST-FACIO

MEMORIAS DEL MIR: SUBJETIVIDAD, ÉTICA REVOLUCIONARIA Y TENSIONES

Por: Adriana Rodríguez Caguana

 

Conocí el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario) desde mi nacimiento. No como una organización abstracta o un objeto de estudio, sino como una forma de vida. Mis padres se conocieron en la década de los setenta; eran compañeros que se enamoraron a muy temprana edad, en medio de un horizonte político donde la revolución traspasaba la consigna para volverse una posibilidad concreta. Crecí escuchando canciones que nos arrullaban al mismo tiempo que sostenía la esperanza de toda una generación. Hasta hoy, a veces vuelvo a Karaxú y su “Carta a un compañero”[39], como una memoria afectiva que vuelve y, también, como un archivo político de una época que es necesario registrar.

Este ensayo propone una reconstrucción de esa memoria militante desde una experiencia situada, como ejercicio crítico en diálogo honesto con mi historia. Un texto que reconstruye una experiencia militante;  además, me permite pensar la producción de subjetividad política en tensión. La memoria aquí no opera como recuerdo lineal, sino como lo que Walter Benjamin denominaría una constelación[40]: una forma de hacer estallar el pasado en el presente para interrogarlo. Recordar supone asumir que reconstruir fielmente lo ocurrido es imposible. Lo que está en juego, en última instancia, es la posibilidad de pensar los tiempos vividos en relación con las generaciones futuras.

El MIR, al menos el MIR del Guayas que conocí, era alegre, combativo y profundamente fraterno. Como señalé, la música ocupaba un lugar central: no solo como expresión cultural, sino como forma de diferenciación frente a otras izquierdas más rígidas o dogmáticas. Había en esa experiencia una ética que desbordaba la política institucional y se filtraba en lo cotidiano: en la forma de criar, de amar, de comer, de relacionarse.

Tengo memoria especialmente de los últimos años de la década de los ochenta. Recuerdo dos gobiernos que marcaron ese tiempo: el de León Febres Cordero[41] y el de Rodrigo Borja[42]. El primero estuvo atravesado por el miedo. La palabra “clandestinidad” circulaba permanentemente en la familia, tanto en la nuclear como en la partidaria. Era una palabra densa, cargada de peligro. Los fines de semana se volvían silenciosos; las reuniones eran más cuidadosas, más cerradas. Solo el ruido de los niños parecía romper ese clima.

En ese contexto, la violencia política no era una abstracción. Se hablaba de compañeros caídos, de persecución, de cárcel. Recuerdo frases fragmentadas: “¿Qué se hace con los compas caídos? Hay mujeres […]”, “Nada, no podemos hacer nada ahora”. También circulaban expectativas —casi desesperadas— en torno a figuras como Fidel Castro, a quien se le atribuía la posibilidad de interceder frente a la represión estatal.[43] La política internacional se entrelazaba con la vida cotidiana de formas que hoy resultan difíciles de imaginar.

Cada quince días, mi madre nos llevaba a visitar a las “tías caídas” en la cárcel. Muchas de ellas habían militado en el MIR y luego se habían incorporado a Alfaro Vive, atraídas por estrategias más rápidas, más radicales, quizás más desesperadas. Sin embargo, esa decisión —aunque criticada— no implicó su abandono. Al contrario: la visita era un acto político. Íbamos, incluidos los hijos, como parte de una ética que no permitía romper los lazos, incluso en el desacuerdo.

Ese mandato moral era claro y se repetía casi como una consigna: un buen revolucionario debía ser el mejor militante, pero también el mejor amigo, el mejor hijo, el mejor estudiante. Durante mucho tiempo no entendí qué significaba ese “ser mejor”. Con el tiempo comprendí que se trataba de una traducción concreta de la figura del “hombre nuevo” propuesta por Ernesto, Che, Guevara.[44] Así se configuraba la militancia desde una práctica cotidiana que buscaba articular disciplina, entrega y solidaridad.

Sin embargo, esa ética no estaba exenta de tensiones. El “hombre nuevo” que incluía —al menos discursivamente— a las mujeres militantes, no eliminaba las jerarquías de género en la práctica. Las compañeras no podían abandonar a otras mujeres presas, pero al mismo tiempo sostenían tareas invisibilizadas dentro de la organización, infidelidades, abandonos, sobrecarga de las tareas de cuidado. Aquí se abre una pregunta fundamental: ¿hasta qué punto la ética revolucionaria logró transformar realmente las relaciones de poder al interior de la militancia?[45]

Curiosamente, mientras los compañeros se reunían de forma sigilosa para discutir resoluciones políticas, las mujeres cocinaban rápidamente —“maten rápido un atún y se integran”— y cuidaban a los hijos antes de incorporarse, muchas veces tardíamente, a la discusión. Que recuerde, esta división del trabajo nunca fue cuestionada abiertamente. Formaba parte de una normalidad que no se percibía como problema.

Sin embargo, esa normalidad estaba atravesada por tensiones que emergían de forma fragmentaria. Con el tiempo, esas escenas adquieren otro significado: indicios de una conflictividad más profunda entre la ética revolucionaria y las estructuras patriarcales que persistían en su interior. Sin embargo, debo resaltar que las mujeres también ejercían presión en las decisiones.

Las elecciones presidenciales marcaron un nuevo momento de tensión. Todo apuntaba a Rodrigo Borja, pero en el MIR esa figura no generaba confianza. Había una lectura crítica —incluso despectiva— hacia lo que se percibía como una forma moderada, institucionalizada y, en cierto sentido, domesticada de la política. Se preparaban escenarios alternativos, incluso gestos simbólicos como hacer llegar una carta a Fidel Castro durante su visita a la posesión presidencial. La expectativa no era menor: se buscaba advertirle que Borja representaba intereses ajenos a los trabajadores, que su proyecto no era revolucionario, sino funcional al capital.

Más allá de la precisión de ese diagnóstico, lo que interesa aquí es la forma en que se construía la lectura política: una lógica de sospecha permanente frente a cualquier proyecto que no se inscribiera plenamente en la radicalidad revolucionaria. Sin embargo, la historia posterior mostraría un escenario más complejo. Durante el gobierno de Borja se produjeron retrocesos en derechos laborales, mientras, al mismo tiempo, el horizonte internacional comenzaba a resquebrajarse con la inminente caída del socialismo soviético.

Recuerdo con nitidez una frase de mi padre en una reunión: “Hay que acompañar al movimiento obrero, incluso en su derrota”. En ese momento no comprendí su alcance. Hoy la interpreto como un punto de inflexión: la historia no avanza linealmente; a veces incluso retrocede, pero no cancela la posibilidad de la emancipación. Esos momentos implican habitar situaciones de pérdida, de repliegue, de derrota.

En paralelo, comenzaban a emerger nuevas formas de organización política. El movimiento indígena adquiría fuerza, y con él la posibilidad de un proyecto distinto. Algunos compañeros, especialmente en Milagro, vieron en Pachakutik una nueva esperanza que tenía su base en una interpretación mariateguista[46]: no un partido marxista en sentido estricto, pero sí una alternativa más democrática, capaz de disputar el campo político a los partidos tradicionales. Aquí se abre otra tensión clave: ¿era esto una traición al proyecto revolucionario o una reconfiguración estratégica frente a un nuevo contexto?

La década de los noventa se inicia, entonces, atravesada por una fractura que pronto se volvería irreconciliable. Por un lado, quienes apostaban por la socialdemocracia y la participación institucional; por otro, quienes insistían en la necesidad de sostener la ruta revolucionaria del MIR, tanto en su dimensión política como moral. Esta división no era únicamente estratégica, sino profundamente ética: implicaba distintas concepciones sobre el cambio social, el tiempo histórico y el papel de la militancia.

A este escenario se sumó un acontecimiento de escala global: la caída de la Unión Soviética. Más que un hecho geopolítico, fue un golpe simbólico. El horizonte revolucionario, tal como se había imaginado durante décadas, entraba en crisis. Cuba resistía, pero en condiciones cada vez más adversas, inaugurando el llamado “período especial”. Las noticias que llegaban no eran alentadoras, y las reuniones se cargaban de incertidumbre: ¿qué significa ser revolucionario cuando el mundo que sostenía esa identidad parece desmoronarse?[47]

Para entonces yo ya tenía uno diez años y estudiaba en un colegio religioso en Guayaquil. Allí experimenté otra dimensión de esta conflictividad: la estigmatización. Un cura polaco repetía constantemente que los comunistas eran “el diablo en la tierra” y que su caída era una prueba de la superioridad divina. Recuerdo el miedo que eso me generaba. No era un miedo abstracto, sino profundamente personal: temía por mis padres, por los compañeros, por ese mundo al que pertenecía y que, de pronto, parecía condenado.

Fue en ese momento cuando comprendí —aunque de forma incipiente— el significado de la clandestinidad. Aprendí a callar, a no decir en la escuela lo que era evidente en mi casa. Ese silencio no era solo una estrategia de protección, sino también una forma de subjetivación política: una manera de habitar la contradicción entre dos mundos que no podían coexistir abiertamente.

Las reuniones, mientras tanto, se intensificaban. Se discutía el futuro de Cuba, el sentido de la revolución, la posibilidad —cada vez más lejana— de la victoria. Recuerdo que alguien citó a Fidel: “No nos queda otra alternativa que la victoria”[48]. Hubo risas. No de burla, sino de una lucidez amarga. La consigna ya no operaba como certeza, sino como deseo, casi como resistencia simbólica frente a un contexto adverso.

En ese tránsito hacia la adolescencia, la ética revolucionaria seguía organizando la vida cotidiana. La escasez que viví no se explicaba únicamente por condiciones económicas, sino por un principio moral: ningún hijo de revolucionario debía vivir por encima del hijo de un obrero. Esta idea, también vinculada a la figura del “hombre nuevo” de Ernesto Che Guevara, funcionaba como un dispositivo de igualación, pero también como una forma de disciplinamiento.

Al mismo tiempo, se preparaba a las nuevas generaciones para asumir la continuidad del proyecto político. En ese contexto surge el UJIR (Unión de Juventudes de Izquierda Revolucionaria), como espacio de formación y organización juvenil. La mayoría de sus integrantes provenían de escuelas politécnicas, especialmente en Quito y Guayaquil. Admiro profundamente a esta nueva militancia, mucho más crítica con las estructuras patriarcales, también más técnica y democrática. Entre los jóvenes, adolescentes, hablábamos sin parar, pero también escuchábamos con mucha atención a nuestros mayores.

Sin embargo, esta incorporación del feminismo no estuvo exenta de tensiones. Recuerdo que con otras compañeras universitarias nos planteábamos muy prematuramente sobre las relaciones de género y las posibilidades de cuestionarlas al interior. La respuesta de una compañera mayor—“no podemos hacer una revolución proletaria sin los compañeros, es también con ellos, aunque muchos sean unos cretinos”— sintetiza bien esa tensión. No se trataba de una reconciliación plena, sino de una negociación permanente. Los jóvenes estábamos de acuerdo, había que transformar las relaciones de género de forma contextualizada, una reflexión a la que, además, debían estar involucrados los compañeros.[49] Si bien existía una participación activa de las mujeres, esta no siempre implicaba una redistribución real del poder. Las prácticas cotidianas —como la división del trabajo en las reuniones o los comentarios sobre el cuerpo— evidenciaban la persistencia de lógicas patriarcales.

Un episodio que recuerdo con claridad ocurrió cuando un compañero mayor comentó sobre mi cuerpo. Un supuesto “halago” a mi belleza veinteañera. Mi reacción fue inmediata: lo confronté y amenacé con llevar el caso a la dirección central. Él se disculpó, evidentemente sorprendido por mi respuesta. Más tarde, al compartir la experiencia con otras compañeras, encontré apoyo, y el reconocimiento de que ciertos comentarios y actitudes se habían dejado pasar mucho tiempo para no generar conflicto. Los jóvenes del UJIR ya no teníamos ganas de mantener o sostener actitudes de antaño.

Este tipo de situaciones permite pensar que la militancia no era un espacio homogéneo de emancipación, sino un campo atravesado por múltiples relaciones de poder. La ética revolucionaria, que exigía coherencia y entrega, no siempre lograba desarticular las formas más sutiles —y persistentes— de la dominación patriarcal. Eso lo sabíamos y abiertamente nos oponíamos.

La primera gran ruptura que viví de manera consciente fue durante la presidencia de Lucio Gutiérrez.[50] La división interna del UJIR evidenció que las diferencias acumuladas ya no podían sostenerse dentro de un mismo marco organizativo. Recuerdo el momento en que nos informaron que nos habíamos quedado “con ellos” con una fracción. La reacción fue de indignación, pero también de reafirmación: salimos de ese espacio con consignas, con la convicción de estar en el lado correcto.

Éramos muy jóvenes —algunos adolescentes— pero habíamos sido formados en una ética donde la lealtad no se dirigía a personas, sino a principios. Sin embargo, esa misma formación hacía más dolorosa la fractura. Si algo se criticaba en las reuniones era la violencia interna en otros procesos revolucionarios, como el asesinato de Roque Dalton en El Salvador. La pregunta persistía: ¿cómo puede una revolución volverse contra sí misma?

A pesar de las rupturas, el UJIR se reconstituyó con menos miembros, pero con una fuerte convicción política. Continuamos en la universidad, intentando encarnar esa exigencia de ser los mejores estudiantes, los mejores militantes. Sin embargo, los acontecimientos políticos del país volvieron a poner en cuestión nuestras posiciones. Durante la caída de Gutiérrez, por ejemplo, decidimos no salir a protestar, al considerar que el discurso dominante tenía un componente clasista y racista. Esa decisión fue debatida, pero finalmente respaldada por la organización.

Nunca salí del UJIR, ni del MIR. Mis mejores recuerdos están enlazados a la militancia, no como una etapa cerrada, sino como una forma de estar en el mundo que, de algún modo, persiste. Sin embargo, esa pertenencia no ha estado exenta de la más respetuosa crítica.  Me fui a estudiar a Argentina y, en ese tránsito, me alejé físicamente durante casi una década. Aun así, la distancia no implicó ruptura. Seguía de lejos la dura crítica a Rafael Correa y a los compañeros que se fueron con él. Siempre estuve de acuerdo con la crítica. Seguía leyendo, siguiendo los procesos, intentando comprender qué quedaba de ese proyecto político que había marcado mi infancia y juventud. Cuando regresé, ya casi no estaban. Más precisamente, ya no estaban conmigo o yo no estaba con ellos.

Y, sin embargo, algo permanece. Me sigo preguntando por qué, de alguna manera, continúo sintiéndome de alguna manera parte del MIR. Tal vez porque la militancia no fue solo una práctica política, sino una forma de producción de subjetividad: una manera de entender el mundo, de habitarlo y de relacionarse con las personas humanas y no humanas. Una ética del cuidado que la extremo actualmente a los animales, a la naturaleza.

En ese sentido, la idea de ser una “buena persona”, incluso la “mejor”, deja de ser un imperativo moral individual para revelarse como un problema existencialmente político. No se trata de una ética abstracta, sino de una práctica situada, atravesada por contradicciones, tensiones y límites.

Volver sobre estas memorias implica reconocer que los proyectos revolucionarios no son espacios puros, sino campos en disputa donde coexisten aspiraciones emancipadoras y estructuras de dominación que persisten. Implica también asumir que la derrota, la fragmentación es también una posibilidad de pensar el futuro, reconfigurarlo.  Algo que queda marcado en la memoria es la convicción de que incluso la vida cotidiana es un constante espacio de disputa y contradicciones, y que las formas en que nos relacionamos son siempre políticas.

Tal vez por eso, en momentos de dificultad, vuelvo a esos recuerdos, a esas voces, a esas discusiones para preguntarme, una vez más, qué significa hoy sostener una ética de compromiso en un mundo que parece haber desplazado la idea misma de lo colectivo como horizonte político.

Bibliografía

Benjamin, Walter. Tesis sobre la historia y otros fragmentos. México: Itaca, 2008.

Castro, Fidel. “Primera Declaración de La Habana.” Discurso pronunciado el 2 de septiembre de 1960. La Habana, Cuba.

“Chile: la canción política como método de supervivencia. La historia de Karaxú, el grupo musical del MIR.” Resumen Latinoamericano, 13 de noviembre de 2020.
https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/11/13/chile-la-cancion-politica-como-metodo-de-supervivencia-la-historia-de-karaxu-el-grupo-musical-del-mir/

“Cuatro visitas de Fidel Castro al Ecuador.” Plan V.
https://planv.com.ec/historias/cuatro-visitas-fidel-al-ecuador/

Federici, Silvia. Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Madrid: Traficantes de Sueños, 2010.

Guevara, Ernesto Che. “El socialismo y el hombre en Cuba.” En Obras escogidas. La Habana: Casa de las Américas, 1977.

Hobsbawm, Eric. Historia del siglo XX. Barcelona: Crítica, 1998.

Mariátegui, José Carlos. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima: Amauta, 1928.

Segato, Rita Laura. La guerra contra las mujeres. Madrid: Traficantes de Sueños, 2016.

Traverso, Enzo. Melancolía de izquierda: Marxismo, historia y memoria. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2018.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

TEXTOS COMPLEMENTARIOS

(considerando el carácter de documento de trabajo de estos apuntes, se sugiere que la sección de textos complementarios es una de las que puede ser enriquecida con diversos aportes)

 


 

29 DE MAYO DE 1969 / UNA HISTORIA MÁS… SIN ARREPENTIMIENTOS

Por: Julio Alberto “Inti” Ayala Macías[51]

(Serie: Cuentos de la calle, Nº 1)

 


ACLARACIÓN PREVIA

Este pequeño escrito no es más que la recopilación memorial de un momento en la historia personal de un hombre que vivió una etapa de su vida y que lo marcó en su caminar.

Es un homenaje también a los amigos, compañeros que estuvieron junto a él; cabe decir que fue uno de los cientos y miles llamémosles “combatientes invisibles del momento”.

Esta breve historia fue escrita y recordada en abril del 2003

EL HIMNO.-

“Un 29 de mayo los estudiantes cayeron, la sangre quedó regada y de ella nació un fusil”

LA BÚSQUEDA.-

Los busqué en la 18… no estaban, los busqué… en el parque no estaban, los busqué en la esquina… no estaban.

Hoy los encuentro: serviles, arrodillados, rebeldes, ateos, religiosos, abuelos, padres, maricones, ladrones, abogados, sapos, agentes, aniñados, conformistas, románticos, subversivos, olvidados, burgueses… profesionales en lo suyo… los encontré así.

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LA HISTORIA.-

Salía del colegio aquel día en la mañana abril de 1969 tranquilo con mi amigo Carlos, avanzábamos por la calle Boyacá hacia el sur y, al llegar al edificio del Telégrafo sentimos a nuestras espaldas los cascos de un caballo, no supe más, vi todo negro, un dolor agudo se posó en mi espalda, mientras veía como mi amigo Carlos era pisoteado por el caballo, yo apenas respiraba por el dolor, solo escuchaba voces que decían:

¡ellos son…!

No recuerdo como llegué a casa, callé el accidente a mi padre, la camisa tenía una sombra roja, y la marca de aquel sable, la espalda me ardía y dolía, dormí boca abajo (por muchos días) lloraba de coraje y dolor y a mis 15 años no entendía nada, ni el porqué de mi castigo.

Al día siguiente llegué al colegio, como de costumbre y el inspector Galarza, nos llamó la atención a mí y a Carlos y nos dijo: Vagos, tontos, bobos, -Uds. Andan metidos en esas peleas los tendré en cuenta, ándense con cuidado, este es un colegio respetable-

Por la tarde nos juntamos y por primera vez nos preocupamos de lo que decía el diario.

“Estudiantes bachilleres se toman la Casona Universitaria, manifestaciones estudiantiles y enfrentamiento con la policía”

A la mañana siguiente; no fuimos a clase, nos hicimos “la pava”, bueno teníamos la costumbre de irnos siempre a remar en bote al salado o al cerro del canal dos, esta vez nos fuimos a la Casona, que después se transformaría en nuestro segundo lugar de estudio (?).

Nos enteramos que esa lucha serviría para que todos los estudiantes pudiésemos ingresar libremente a estudiar en la Universidad y que no sería de unos pocos privilegiados, sino de todos; esa lucha inconscientemente por el momento… la hicimos nuestra.

Días después estábamos en las calles, junto a otros estudiantes aprendimos algo nuevo para nuestra edad e integramos a otros compañeros “paveros” del colegio. La Casona Universitaria era nuestra aula de estudio.

UN MES DESPUÉS.-

Aquella mañana, otro día de duros combates, era el mes de mayo de 1969 el día no recuerdo, pero aquella mañana, una de tantas, las calles estaban llenas de gases, la barricada fuera de la Casona Universitaria permanecía fija en su sitio, el lugar era de reunión de estudiantes, las salidas en marcha se repetían cada mañana, esperábamos la llegada de los compañeros del Vicente Rocafuerte y venían en camino el Aguirre Abad con el Técnico Simón Bolívar después se unían los del Eloy Alfaro y el Francisco de Orellana y un grupo del J.J. Olmedo y los particulares Atahualpa, Ciclo Educativo Tarqui, Mercantil y Marco A. Reinoso, en el que este historiador improvisado estudiaba (hasta que lo expulsaron), para ese entonces y en poco tiempo había perdido el miedo y el respeto a los llamados “tombos”.

No estaba completamente claro de lo que hacía, pero en ese momento me motivaba el impulso del adolescente rebelde, con ganas de algo nuevo, peligroso, como todo joven de una época, aunque había un contenido que nos impulsaba y en ese momento, era nuestra verdad:

“La supresión del examen de ingreso a la universidad” acompañada de una acción REVOLUCIONARIA (?) aunque lo de revolucionario solo estaba en las consignas que gritábamos acompañado del enfrentamiento peligroso del momento.

Ese día se unieron estudiantes sueltos del Vicente Rocafuerte, Eloy Alfaro y Fco. De Orellana y junto a nosotros como siempre compañeros y compañeras del Atahualpa, Ciclo Educativo Tarqui y otros colegios particulares, sucedía algo interesante cada día se iban sumando estudiantes; especialmente mujeres del Rita Lecumberry, eso nos daba más aliento para el combate; una mujer al lado fortalecía nuestro inicial fervor de lucha callejera, llegamos al Parque Centenario, nos recibe un piquete de militares, para nosotros raro; no los habíamos visto en luchas anteriores; sentimos de repente una ráfaga de metralla, corrimos en retirada por la calle Santa Elena hacia el sur lógico acompañados de consignas, la policía apareció por la calle Vélez y detienen a algunos estudiantes, estaban por todos lados, corriendo bajamos por Santa Elena y nos metimos al Mercado Central, nuestros rostros nos delataban, agitados, asustados, furiosos, los placeros detuvieron y entregaron a algunos compañeros a la policía.

Era la mañana del 29 de Mayo, y ese día no sabíamos qué iba a suceder, de nuestro grupo no habían cogido a ninguno, llegamos a la Casona maltrechos, cansados, a “científico” le habían roto la cabeza de un piedrazo (un mismo compañero), a mí un golpe de un placero con un palo, comimos algo, un canto revolucionario de la época nos calmó y nos remotivó; dentro de la Casona, los compañeros presentían algo, nosotros poco nos enterábamos de lo que sucedía en los interiores de la Casona a no ser por los discursos de motivación, por la tarde; la policía se encontraba como siempre en el Parque Seminario, recuerdo ahora que se había cogido varias veces a agentes y se los introducía a la casona a golpes, no sabíamos qué les sucedía, sabíamos identificar a los sapos parados en las esquinas y los delatábamos; algunas veces nos habíamos equivocado; anécdota, -eran padres de estudiantes que iban a sacar a sus hijos de la Casona o de la acción.

LA TARDE pasó como otras, informes de detenidos, heridos, golpeados, etc., estaba sentado en la vereda de la Casona serían las 4 de la tarde y no aparecía Alcibíades, de nuestro grupo; se comentaba que era uno de los que habían detenido, a nuestra edad qué podíamos hacer o qué sabíamos hacer en estos casos; solo informar a los “mayores”, fuimos a la casa de Alcibíades, preguntamos en el barrio… no lo habían visto, regresamos a nuestros hogares, mi padre para eso ya sabía en qué andaba y me prohibió salir… me escapé como de costumbre, cosa extraña.

LA NOCHE: Carlos me pidió que fuéramos a la calle Ayacucho, de repente, un apagón en los alrededores de la Casona, la policía atacó al grupo de la calle Ayacucho, nos enfrentamos y avanzamos a la Casona, los gases lacrimógenos lanzados nos impidieron llegar, era la noche del 29 de Mayo, en la Avenida Olmedo un piquete de trombos cercó el lugar, vimos en sombras a unos militares camuflados bajar de unos vehículos, todo estaba oscuro, lanzamos piedras y gritamos, los tombos nos dieron con todo, esta batalla ya estaba decidida, desde la Av. Olmedo nos respondieron con disparos, nos protegimos detrás de unos portales y corrimos por Chile hacia el sur, cerca de la Comisión de Tránsito; asustado escuché, y en verdad un ruido repetido de detonaciones, desconocido aun para mí, lo había escuchado en una serie de televisión de la época llamada “combate”, disparos, muchos disparos, se unió el miedo y la impaciencia y algo desconocido; una mezcla de pánico y ganas de estar allí, ya era tarde, tuvimos que correr y dejar atrás los disparos y a los compañeros.

Las noticias en la televisión, informaban del desalojo de la Casona, de los muertos; yo estaba sentado junto a mi padre… me miró en silencio… no dijo nada.

Semanas después la noche oscura de la historia del movimiento estudiantil; entregaron la Casona y nuevamente fue tomada por los estudiantes a pesar de lo dantesco de las imágenes de sangre y destrucción no amilanó el coraje de estar nuevamente adentro; en la entrega vimos zapatos de mujer y de hombre, ensangrentados, en los muros de la Casona mucha sangre, por doquier la sangre nos decía lo que había sucedido, aquella noche no había palabras para describir, solo mirar impotentes aquellas imágenes que aún se conservan en mi memoria.

Hubo un segundo intento de desalojo de los que nuevamente nos tomamos la Casona, ahora yo estaba adentro con Carlos y Alcibíades, esta vez era de día y nos encerramos en la Casona, una compañera nunca lo olvidaré se envolvió en una bandera del Ecuador y nos motivó a quedarnos, en verdad tuve un ataque de pánico ya que los disparos eran permanentes y con Carlos decidimos escondernos debajo de un piano que existía en el salón de actos, yo reía y Carlos me calmaba, salimos librados por la llegada de un grupo de estudiantes del Técnico, Aguirre Abad y otros.

Abrimos las puertas de la Casona y nos encontramos con los compañeros que nos rescataron, por decirlo…  abrazos y al grito general entre el miedo y la rebeldía.

“UNIDAD ESTUDIANTIL”

“GLORIA a los compañeros Caídos…”

Hoy digo: POR SIEMPRE…!!

GLORIA MÁRTIRES DEL 29 DE MAYO DE 1969


DEL 29 DE MAYO DE 1969 A LA REFLEXIÓN DEL 2007.-

Aquella noche frente al televisor, miré a mi padre sentado junto a mí, sentí que maduraba muy temprano como político, como revolucionario, en ese momento quise llorar, me contuve, llamé a Carlos por teléfono y le pregunté por Alcibíades, solo me contestó: viste las noticias… el silenció nos acompañó… mañana será otro día, aunque no igual, para mí marcó una línea de vida y un compromiso, aunque ahora se llame equivocado.

Ya que el ingreso a la universidad se transformó también en el ingreso para la escoria social, pero una escoria de la cual ellos son solo un producto social y que, gracias a la entrega de más de 30 seres humanos, muertos y asesinados, gracias a ellos ingresaron también una gran cantidad de estudiantes bachilleres; hay profesionales honestos, dignos. Entre ellos la escoria que es parte de esta sociedad, también estos recibieron el beneficio de esa sangre dejada por los cientos y quizá miles que construimos la historia de un futuro y que logramos que muchos vivan mejor, y que esos que viven mejor hoy desconocen la historia del porqué llegan a la universidad a ser profesionales y el futuro de un país.


Esta breve historia personal ha sido escrita con el único fin de que la verdad sea difundida y que generaciones futuras sepan que nada existe sin un comienzo, usé con respeto de los partícipes de la época, sus apellidos y jugué con las acciones o situaciones como una propuesta literaria, pretendí ser fiel a mi memoria y jugar con ella sin perder la fidelidad de los hechos.

Julio Alberto “Inti” Ayala Macías

Uno más del 69

Tiempo después me hice HIPPIE (otra historia)

UN PUEBLO SIN MEMORIA ES UN PUEBLO SIN HISTORIA…

UN APORTE DEL “MOVIMIENTO REVOLUCIÓN CULTURAL”


 


 

RECUERDOS EN ROJO Y NEGRO:

EL CHACHO Y LOS MUCHACHOS. Por Tomás Rodríguez León

(Publicado en La Línea de Fuego, el 30 de septiembre de 2013)

1973, todavía no caía Salvador Allende y la asunción del Che a los cielos de los sueños era reciente. La ilusión se hacía juvenil, ardiente, extrema y fundamental… también en Ecuador la revolución era un tema emergente, era la hora de los hornos y nos alistábamos a no esperar ver pasar el cadáver del sistema… y ahí niños, niñas y adolescentes decididos a romperle la madre a la opresión, no esperábamos nada de las instituciones ni del gobierno y ni siquiera de la familia amada. 

Sin permiso, salimos a dar la cara al sol… a mirar bien el rostro de los niños… la mueca triste de los olvidados… el hambre secular de los sin pan. El jefe Chacho tenía 20 años, cuando se tiene 20 años se tiene toda la rebeldía, se odia a los carceleros, a la esclavitud y a las tiranías, la Chacha y la Solé tenían 17 años. 17 años cruzan por sus vidas y están en su delirio… yo llegaba a los 15. Este pequeño grupo era el núcleo oficial del MIR en Guayas luego de que los mayores nos dejaron solos. Causa Proletaria, Lucha Proletaria, proletarios sin tierra… los mismos nombres de la prensa del MIR resurgían en los barrios populares.  ¡La izquierda era proletaria!

Éramos Chachos, los muchachos ¡y lo hicimos!   Militantes de lecturas en tierna disciplina, dibujamos utopías buscando la justicia con urgencia, porque éramos creyentes que abrían el Manifiesto Comunista sin despreciar la biblia. ¡Era fe de carboneros! Construimos toda una Casa de la Cultura a punta de libros robados: Víctor Hugo, Sartre, Kafka, Tolstoi, Gorki, Zola, Sartre, Trostski y Mao. No digamos Marx, Engels y Lenin, hacíamos plástica tomando cada pared blanca como lienzo en nocturna urbe, nuestro pincel era una brocha rudimentaria que, disipando toda duda, hacia correr la pintura subversiva, hecha con brea derretida, lista para la poesía… En las casas de seguridad, la Causa Proletaria se hacía escuchar muy precisa en lecturas que nos recordaban la revolución para todos los días.

De tanto sueño ni dormíamos y así el tiempo se hacía grande para nuestra inquietud.  

Las volantes caminaban con nosotros del arrabal al puerto, para llegar a las manos de obreros en turno, o a furtivos en mítines no electorales cerca del mangle, del astillero o de colegio en huelga. Serrat y Machado en el reposo nos inspiraban, las canciones de Julio, reiteraban nuestra vocación popular y criolla. Así, a punta de recreos o en horas de clase de literatura nació nuestro el FRE, Frente Revolucionario Estudiantil, con rebeldes tirapiedras que luego marchamos a descubrir valientes del pantano y vanguardias porque éramos suburbanos. Fábricas y huelgas llegaban a nosotros y respondíamos con consignas a flor de piel. Ahí también, eclosionó la flor en los primeros contactos de amor purificado en ideales, puños levantados en la calle, una que otra yuca para gritar: ¡organizarse es comenzar a vencer!, ¡lucha a muerte por una patria nueva!  y en la casa… la caricia de amor.  Acráticamente sentíamos que ¡la lucha da lo que la ley y el patrón niegan!, siendo el patrón el peor enemigo. Y sentíamos la vida individual dispuesta a la pasión de la piel.

Como hongos de la piel ¡con comezón incluida! crecimos en un tejido orgánico de imberbes, pelados y peladas. El primer núcleo obrero que hizo germinar el FOR –Frente Obrero Revolucionario– nos hizo sentir graduados de bolcheviques, pero para no ser como los reformistas del PC nos recordábamos la esencia guevarista haciendo rutinas político militares; trepar a pie el Cerro Azul, pedir un curso de formación con instrucciones para realizar bombas panfletarias y bombas molotov, “hacerse gordos es otra cabezonada” decíamos y aprendimos… y prendimos sin nunca lesionar a nadie.

Razón hermosa para vivir, actuar, pensar, leer y escribir… Es quizás la experiencia pedagógica más impresionante que se haya dado… un partido infanto-juvenil, cultural, ideológico y moral.

Hoy, presenciamos que cualquier ciudadano se hace llamar revolucionario, sujetos que no tiran las preciosas piedras de la rebeldía, pero buscan piedras “preciosas” con ansiedad perversa. No protestan contra las injusticias que se saben existentes, pero con alegatos tímidos en verborrea viscosa se adhieren a todo. Con discursos vencidos son feligreses de una nueva derecha, inventan utopías, profesan devoción y complacencia, son creyentes de una institucionalidad gobernante y buscan la “democracia madura” que se construye en tribunales burgueses que se activan para la persecución y la sentencia.

Mas democrática y justa nuestra esencia ideológica programática es la misma, es verdad somos los mismos de siempre, marginales al mercado de la mistificación nacional socialista que a punta de garrote contra la tierra y sus habitantes rebeldes promueve una economía de aritmética especial que hace a los ricos más ricos y a los pobres, pobres agradecidos e inmovilizados. Pero llegan (¿llegamos?) dichosamente los de siempre ahora renovados, acompañados de miles de jóvenes anarcos, ecologistas, libertarios, dispuestos a realizar el rito eterno de la irreverencia.

En una reunión de muchos jóvenes y unos cuatro nostálgicos presentes, escucho a un muchacho decirle a una chica “hagamos el amor y salvemos al Yasuní”, pienso: “hay futuro”.

Me siento un chaman que dicta recuerdos en rojo y negro.


 

LA VIDA DE UN HERMANO Y LA RESURRECCIÓN DE NUESTROS SUEÑOS. Por Tomás Rodríguez León

(Publicado en La Línea de Fuego, el 29 de enero de 2020)

 


Hernán Rodríguez León conocido por su trabajo con los sectores sociales.

“Hernán, el incansable soñador, terco trabajador comprometido”, dice Anna Peres.

Creíamos que nuestros sueños habían “muerto” porque la realidad los había consumido y que los tiempos de victoria se habían agotado de tanto intentar ayudar a otros.

Ni siquiera los mejores de los nuestros, imaginaron la magnitud y alcance de anhelos sembrados que dieron cosecha. Pero se dieron por la consecuencia persistente del amor. Sabemos ahora que nunca se entiende un sueño en su grandeza más que cuando se quiere a un ser humano y a su obra.

Se va un hijo de Leónidas Proaño parido en las entrañas suburbanas de Guayaquil y miles de hombres, mujeres, niños y desposeídos lo despiden con cantos de liberación y fe. Despacio, muy despacio, fue gestándose la vida de un corazón acelerado cuyos ojos alegres no se entristecían nunca ante la penuria o hacían caso omiso a la inercia de la pena, porque él actuaba con prontitud ante la tristeza ajena.

“Estamos donde estamos porque, primero, queremos estar; y luego, porque debemos estar y dios quiere que estemos ahí”. Hernán Rodríguez León

Cara de sueños que se diversificaron, mirada pura que afectándose de tanto amor nunca se infectó de dolor. Pescador de otros hombres, creía que el revolucionario estaba inspirado en profundos sentimientos tiernos y que solo así, solo así, se peinan los sueños para no arrugarlos.

Sus cabellos militantes se platearon sin caerse, idéntico que Leónidas y en su pecho una cruz le recordaba a diario la canción que cantaba  al pecho llevo una cruz y en mi corazón lo que diga Jesús”  y todos los días, todos los años, todas las décadas, fue sembrando casas y escuelas para los niños y jóvenes pobres en la convicción de que así y solo así se hacia la revolución, aprendida en la tienda roja y negra que nunca renegó, aclarando eso sí que antes era comunista cristiano y ahora era cristiano comunista.

Nos estamos volviendo viejos, nos estamos muriendo, pero la vida de la mejor gente que se nos va adelantando, nos traza una raya al piso para recordarnos que la estrella y en algunos casos que la cruz, sigue siendo la luna primeriza del estío que vence nuestro otoño.

La gloria anónima a veces irrita porque el mundo en guerra perpetua, en dolor crónico, en odio omnipresente, requiere que se conozca a esta gente que ama de tal manera para que la pedagogía del amor y del ejemplo cambien el destino humano. Pero nuestros anónimos hermanos que nunca se dejaron seducir por el poder, mueren como vivieron; pobres entre los pobres, humanos entre los humanos, obreros entre los obreros y se van en acrática esperanza.

Atraparé una de tus utopías entre mis manos, tal vez sea suficiente para mostrarle al mundo una vida consagrada, porque por ti aprendí cómo caminan los sueños. Yo necesito caminar un poco más.

Por ti aprendí a conocer lo que quisiste y a contradecir al poeta que dijo: que el peor de los delitos es no ser feliz. Para ti el peor de los delitos es no ser solidario o ser un sueño marchito.


 

RECUERDOS EN ROJO Y NEGRO:

LAS PEÑAS OBRERAS DE GUAYAQUIL. Por Tomas Rodríguez León

(Publicado en La Línea de Fuego el 8 de noviembre de 2013)

1983 una noche del verano fresco Guayaquileño, “cuatro pelagatos” debatíamos el rumbo de la organización. Cumpliendo el compromiso de graduarnos en el movimiento estudiantil, no buscábamos la universidad sino hacer la revolución. Leninistas en nuestras convicciones nos orientábamos a la clase obrera. Muchos de los muchachos del Chacho agobiados por las divisiones en la capital, estimulaban como respuesta el encuentro con las otras dos tendencias locales: la del Guasmo y la de Mapasingue, muy fraternalmente salíamos juntos el primero de mayo a desfilar, y sosteníamos diálogos cercanos y de respeto, pero sinceramente la fracción bolchevique como nos llamábamos, estaba en reflujo. Ya los miristas empezábamos a hacer familias, mi hijo era un bebe de pininos y mi segunda hija era de cuna y ahí entre la ternura de la infancia y la juventud se tomó la decisión construir el FRENTE OBRERO REVOLUCIONARIO, pero ahora sí, con obreros.

Esta decisión estaba mediada por la crisis, el núcleo de dirección éramos tres y dos de los tres dijeron: esta mierda se acaba, nuestra última decisión es dar toda nuestra energía por la causa proletaria y después de esto nos vamos… Yo me eche a reír.  ¡Por qué te ríes chucha! me dijeron… respondí: porque entonces ya no se irán. Jamás pensamos en el éxito de esta decisión. …tomamos un largo café, luego del rito fraterno y oficial: arroz tibio con atún Van Camps, comida proletaria marca del MIR guayaco.  Las pocas células que sobrevivían a la tristeza de la división ajena también comprendieron las tareas. En Milagro nos vinculamos a los cañicultores y a los trabajadores de Valdez, en las asambleas “el milagreño” era todo un agitador y en las noches ante la desazón de muchos compañeros, el “barba de chivo”, su mujer y sus dos pequeños hijos se cargaban sus afiches rojo y negro y se tomaban las paredes en riesgosa noche solitaria. En Guayaquil el primer encuentro se dio con los trabajadores en la huelga de hambre de la fábrica El Progreso, delegamos a camaradas a tiempo completo para que acompañen a los trabajadores. En ese proceso conocimos a Bolívar Xavier Sandoval Méndez, nuestro querido viejo, que aceptó la militancia porque al fin entendía el lado oscuro de la ley y decía que, aunque éramos un partido casi de niños, sabíamos que los obreros estaban en la base y no en las mañosas burocracias.

Lo legal era solo un pretexto para avanzar en serio. Bolívar nos hizo más convencidos de la causa proletaria que la misma Causa Proletaria, pero el viejo se murió en el camino recién abierto, en su homenaje redoblamos los esfuerzos, la consigna era agitar todas las huelgas, organizar la solidaridad en todos los frentes posibles, los obreros de base nos abrieron las puertas, las mismas que la burocracia cabezona nos pretendía cerrar. Nos cagábamos de risa porque los dirigentes de las centrales no entendían el día a día de la lucha proletaria… y festejábamos a los trabajadores que decretaban huelgas solidarias haciendo crecer el movimiento… ahí estaba el MIR; Hcda. Álamos, Súper Leche, Clavos Guayas, Textiles San Antonio, Enarsa, Almacenes Bustos, Aseo de Calles, Bujías Champion, entre otras doce huelgas simultaneas. El FOR crecía.

El barrio de los cachineros era la sede de los obreros revolucionarios, una suerte de central de bases con miristas alentando la conciencia. Se organizó previamente el frente de solidaridad de los trabajadores en conflicto y caminamos con los trabajadores a la universidad portando un discurso provocador e incendiario dirigido a la panfletaria pero aun activa izquierda universitaria.  ¡Con tanta gente y sin plata carajo! se nos ocurrió entonces, la idea de convocar a una peña obrera solidaria para recoger fondos. Hicimos cuatro eventos, dos en el local de la UNE, otra en la cervecería y una cuarta cerca del colegio Vicente Rocafuerte. A la primera peña obrera llegaron cantantes de todas partes, poetas y borrachos, aficionados y profesionales, folcloristas flauta en mano, izquierdistas e izquierdosos armados de valor bohemio dispuestos a gastar en la cerveza de la solidaridad hasta las últimas consecuencias, compañeros. Apurados también llegaron… si, en efecto porque ya, mientras nosotros organizábamos nuestros soviets, los alfaros organizaban su foco guerrillero, y eran nuestros hermanos miristas indisciplinados que no entendieron la perspectiva de clase, mas alfaristas que leninistas, incluso amigos cércanos ¡que vaina, nos pueden joder el proceso!  es eso, ¡era proceso, no otras caricaturas de moda! y sí que nos golpearon porque también y de ladito se fueron metiendo en el FOR solo para reclutar.

Pero hablemos de la peña,  un mirista de terno para la ocasión  periodista “corrupto” mujeriego contumaz, hizo de animador, buen  animador el Iván,  después de cada canto lanzaba una arenga de verbo electrizante, erguido en un escenario preparado por grupo de compañeras que lo habían decorado con decoro, la peña lucía  esplendida, con jabas de cerveza camufladas en una alfombra furtiva traída de la casa de la “Juana”, birlada en un descuido de su mamá, el retrato infaltable del Che (pues no por leninistas nos dejaríamos arrebatar el símbolo  y ejemplo de la insurrección latinoamericana), bandera rojo y negra al fondo y el himno del MIR en la introducción: “son los pobres con la clase obrera, los que cumplen la clara misión, de decirle al conjunto del pueblo, que ha llegado su liberación. Trabajadores al poder, trabajadores al poder…” llegaron por lo menos 50 cantantes y grupos a presentarse, solidarios compañeros.  Eran los mismos tiempos de Solidaridad del Walesa en Polonia ¡Puta madre consolidemos el FOR!  no vaya a ser que nos confundan. Se peleaban los artistas por participar y para que todo alcance… solo tres por cráneo, compas… A la Huelga compañero, no vayas a trabajar, deja a lado la herramienta, que es la hora de pelear… a la huelga diez, a la huelga cien, a la huelga mil, yo por ellos madre y ellos por mi… No compa la canción de la tortilla no la cante, y no porque la mierda no se deba comer sino porque la verga de canción dice: “…a la mujer del obrero la pisan cuatro tunantes de esos que tienen dinero…” y eso ofende a nuestros compañeros trabajadores. Así que, si va a cantar esa huevada, se va compa, esa canción es de pequeños burgueses, no se canta y punto. ¡Puta madre que buena peña nos salió!… estos miristas se la tenían… decían los socios, los chinos bien solidarios y respetuosos, ahí estaba el querido Armando el “trompudo” Coronel, cantando las mismas canciones que cantaría en campaña electoral por la unidad de la izquierda horas antes de su muerte en un accidente. Y los cabezones, esos si ni oler… trotskistas, anarcos, de ultraizquierda, nos tachaban, no sin dejar de preocuparse.

La bandera roja y negra era otra canción y las marchas proletarias al mismísimo día siguiente de la peña, una estética vital y heroica que nacía de un coro colectivo de obreros en acción: LA LUCHA DÁ LO QUE LA LEY Y EL PATRON NIEGAN.  LUCHA A MUERTE POR UNA PATRIA NUEVA. ORGANZARSE ES COMENZAR A VENCER.

…Ahora con estos antecedentes, la izquierda proletaria tiene derecho de protestar cuando se le quiere confiscar el acumulado histórico y la autenticidad… ¡BURGUES, BURGUES, YA VAS A VER, CUANDO LOS OBREROS TOMEMEMOS EL PODER… EN LA LUCHA CALLEJERA, TRIUNFARÁ LA CLASE OBRERA. ¿Entiendes Méndez?


 

RECUERDOS EN ROJO Y NEGRO:

CARTA NOSTALGIA A LOS NIÑOS QUE TIRAN PIEDRAS. Por Tomás Rodríguez León

(Publicado en La Línea de Fuego, el 5 de mayo de 2015)

Miren muchachos, no es tan jodido ser revolucionarios ni es solo tener huevas, es tener puntería exacta y juvenil para dar en el blanco a las injusticas, al algebra, a la pelada chévere, al parabrisas inoportuno y al poema pertinente… Así nació el FRE, movimiento estudiantil duro en los años setenta, yo lo viví en Guayaquil, fui cómplice de su formación, responsable coadyuvante, organizador tapiñado, encubierto contumaz en tierra de monos. Acá a lo bacán, el MIR parió el FRE cuatro años después de la masacre de los bachilleres el 29 de mayo por el libre ingreso y la democratización de la universidad. ¡Eso!!!!

La cosa hervía por todos lados. Los estudiantes resabiados, perseguidos por la dictadura y otras autoridades, eran expulsados en aras de la paz ciudadana. La toma de colegios era toda una epidemia, no existía semana sin que algún centro educativo no amanezca con las puertas cerradas por acción de niños, niñas adolescentes rebeldes ¡si vieran chicos! la FESE, organización separada más que dividida (la FESE del MIR y la maoísta) daba orden a sus batallones contra la dictadura grande o la pequeña. Y claro, como se pueden imaginar, miles de jóvenes al ejército estudiantil de reserva, cesados en sus estudios… ni modo, se seguía leyendo extramuralmente y se seguía jodiendo la vida. En ese contexto la Universidad de Guayaquil decide organizar un colegio para recoger a los expulsados de la ciudad, dándoles otro chance, ¡qué buena nota, verás! y como era de esperarse en el colegio de la universidad, quien no era comunista, socialista o hippie, no ingresaba ¡casi un requisito! ahí nació el FRE del Guayas en 1973.

Por disposición suprema del MIR, para ser dirigente del FRE se tenía que ser excelente estudiante, y yo, anarquista genético, vivía una lucha interna, porque me fastidiaban los buenos alumnos y porque sabía que los aplicados son despreciados por los honorables vagos, gremio más divertido con el que sentía yo una hermandad de clase. Hubo pues que hacer sacrificios, y estuve en la primera línea de la aristocracia intelectual con desgano, eso sí, evitando ser el primero, porque los primeros y los últimos siempre serán bergantes.

Wachafito, el más largo militante de la izquierda juvenil en sus 16 años, media 1.90, sujeto difícil para la clandestinidad, silencioso líder del primer núcleo mirista en el colegio, decide tomarse el colegio, cosa más fácil que tomar el autobús… pero se toma el colegio en solidaridad con una huelga obrera ¡que bestia!… “compañero guardia entregue la llave, esto es una toma del colegio…”. El portero, de apodo “jurisconsulto”, nos entregó las puertas en cague de risa, y salió a informar a las autoridades… nació el FRE en el Guayas, y su partida de nacimiento fue así ¡Bomba! pelados. El FRE nacía en solidaridad con la lucha proletaria ¡belleza!, ¡fortaleza! Hicimos un cartel enorme en rojo y negro con la consigna estudiantes auxiliares en las luchas populares y pusimos en altoparlante la canción de la negra Sosa… que vivan los estudiantes… ¡y no va a ser!

¡Arrechera hermanitos, arrechera! En el colegio todo era sorpresas ¡qué… no joda… en solidaridad… con los obreros…! ¡y esto que significa! El negro Cañola entre risotadas organizó un grupo fraterno para gritar ¡vivan los borrachos en lucha ja ja ja! Diario El Universo publicó “estudiantes del Huerta se toman el plantel en solidaridad con los trabajadores de la cervecería”. La revolución es inminente… ¡triunfa la revolución carajo!, ¡de veras lo sentíamos!

El efecto fue multiplicador, a continuación, se formó el FRE en el Aguirre Abad, en el Técnico Simón Bolívar, en el 28 de mayo, en el Guayaquil, en el Otto Arosemena, en el Dolores Sucre y luego en el Teodoro Oleas y el Moran Valverde; como hongo crecía el FRE. Y lo magnifico del caso es que la mayoría de militantes eran mujeres, y bonitas verán… Los socios, cabezones y chinos se preguntaban cómo hacíamos para reclutar muchachas bonitas y nosotros les respondíamos… respetándoles pues cojudos, no ven que ustedes quieren solo reclutar a las chicas para hacerles huevadas. La huelga en el Guayaquil, que linda huelga la de las compas, fue ejemplar y se ganó el cariño de la comunidad… las chicas del FRE en lucha… ¡Qué lindo chicos!, aprendan.

El FRE en las elecciones estudiantiles participaba con la lista Z (esa era la consigna) en los barrios gritando ¡estudiantes auxiliares en las luchas populares!, en las fábricas en brigadas ¡viva la clase obrera!, ¡viva va la lucha proletaria! y en la casa… “chuta… qué quieres mamita, que me haga hippie… no seas así, déjame ser comunista…” y claro padre y madre humildes proletarios accedían con susto.

Pelear palmo a palmo con los chinos la conducción de la FESE era otro escenario caliente, pero acá nunca nos caímos a golpes, eso sí, quien gritaba más fuerte, era el bacán, si ellos decían combatir es vencer, nosotros organizarse es comenzar a vencer… y ya pues, organizarse siempre convence más a las niñas, porque del combate se encargan ellas. En una ocasión quisieron pegarle a un compa que con un discurso paralizó toda violencia y tan buena su alocución que hasta los chinos terminaron aplaudiendo, pelados ¡que discurso! En otra ocasión, en sala llena supuestamente de chinos, habla una compañerita de 15 años ¡toda una conferencia! Los chinos que se creían tenían un cuadro adentro, cuando de todos los rincones de la sala la gente grita ¡organizarse…!!!!! y la compañerita con su puño en alto replica ¡¡¡Es comenzar a vencer!!!! jubilo mirista, rabia china, …pero, así y todo, nos respetábamos. En algunas ocasiones la rabia contenida maoísta encontraba su válvula de escape en las palizas que recibían los socialistas revolucionarios y nosotros que apelábamos: camaradas la lucha es ideológica… pero nada que ver, palo es palo.

Los Boy Scout eran otra cosa, pelados aniñados o con ínfulas de serlo, uniformaditos de camping, salían al campo a montar burros y a leer la encíclica de San Pablo, mientras las fronteras se besaban y se ponían ardientes, mientras la porra se cernía sobre nuestras cabezas y los gases lacrimógenos no nos hacían llorar, aunque nos asfixiaban (¡ay mi pobre asma!) ¡si vieran que pena daba verles su carita de pendejos! nosotros sacándonos la chucha leyendo, estudiando, organizando, pintando paredes contra la dictadura, arriesgando el físico, hasta muriendo, y ellos… no es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós… muy pronto, si muy pronto, nos reunirá el señor… Disculparan nomas, Ñetas, Latin Kings, Boy Scout…

Por eso pelados… no se dejen cautivar nunca por el poder y sus medios, ni por los cantos de sirena de los impostores que nunca vivieron ni se forjaron en la idea revolucionaria, ni se dejen movilizar patronalmente por los gobernantes o los traidores.

¡Qué te parece nuestro Yachay!


 

HA MUERTO NELSON FUENTES. Por Tomas Rodríguez León

(Publicado en La Línea de Fuego el 5 de abril de 2019)


"La tristeza me invade por tu partida inesperada, mi amado padre. Foto de cómo te recordamos, Nelson Fuentes.”

1975, llegaron dos compañeras adolescentes que habían contactado en el Centro de Estudios Sociales a un grupo de chicos del Frente Unitario Revolucionario de Izquierda (FURI) que pedían acercamiento al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”, Bertolt Brecht

A mis 17 años, la Dirección Provincial decidió que tenía que hacerme cargo. Así llegué a Milagro, santa sede de estos infantiles y extremistas sueños, me recibieron 15 muchachos en casa de Ángel, un pelado trigueño de mí misma edad, hijo de padres empresarios mercantiles. La casa era una morada linda, acomodada, bien decorada y acogedora. Su madre me dio la bienvenida con elegancia y dulzura.  Ángel nos advirtió que su madre autorizaba con agrado a este club cultural, ella nos preparó una mesa llena de cangrejos pata gorda de Churute que indujeron la plática de la revolución y el compromiso.

El FURI fue forjado por F. Freire, joven de los más radicales en los inicios de los 70, con dos posiciones que fueron afirmándose con los acontecimientos; unos proclives al MIR y otros al Partido Socialista Revolucionario de Manuel Agustín Aguirre, del sector mirista estaban Ángel, Nelson, Leonardo, Almeida y la novia de Nelson, María; del PSRE, Paco Pérez y otros compañeros. Los dos flancos conservaban la fraternidad y la camaradería que nunca se perdió. Estando al borde del ingreso a la uni, muchos migraron a Guayaquil, habiéndose consolidado el núcleo mirista que asimiló finalmente al FURI en Milagro.

A diferencia de Ángel, Nelson era el más pobre del grupo, valiente muchacho de extracción campesina, aguerrido luchador estudiantil. Cuando se tomaron el colegio en plena dictadura ante el acoso policial, los jóvenes desistieron ante la represión desmesurada, pero él resistió lanzando piedras contra gases, huyendo por el patio trasero cuando más no pudo, burlando a los ávidos chapas que querían atraparlo. Militantes con caras de niños, responsabilidades de adultos, intelecto acelerado, utopías exageradas, queríamos acortar la cronología de la vida contrayendo matrimonio, el primero fue Nelson.

En la escuela, María era maestra y Nelson conserje, ambos formaron un matrimonio que lo llamamos proletario, para que no se diga, Nelson toma la delantera y declara al Partido que iniciaba su tarea de formar una familia comunista… y ya verán que lo hizo. El vientre de María fue creciendo y Eduardo en su interior inquietaba el ambiente.  Decían sus padres que ya empezó a moverse un nuevo militante del MIR. Un hogar humilde y comunista en la covacha de guardianía, tenía en sus aulas la posibilidad de largas reuniones nocturnas de militantes de Milagro y Guayaquil que diseñábamos sueños sobre realidades. El primer grito de guerra de Nelson ante un debate sobre el proyecto MIR en Milagro fue ¡Milagro carajo no es un proyecto, Milagro es una realidad!

Y es que el sentido de temporalidad en Nelson era distinto y lo acompañaría en sus casi cinco décadas de caminante, jamás decía que había que hacer la revolución, sino que se tenía que vivirla y sentirla en la cotidianidad, pues la revolución ya había empezado.  Sin considerar a León Trotski, sin teorizar al respecto, era un práctico de la revolución permanente y para él, nadie deja de hacer la revolución o de querer deshacerla. También para él, detenerse era ceder al enemigo. Así casi a patadas nos obligaba a los de Guayaquil a estar en sus sueños y realidades, en su revolución.

María, la sub comandante, nos recibía con el pan extendido y la sonrisa acogedora, muchas veces un arroz con tortilla de verde y una taza de café con sabor a insurrección que nos era dada como una eucaristía roja. La joven Dirección Provincial recibió de los Fuentes el mote de “la Patronal”.

Eduardo primero, luego llegarían Pedro y la Yoca, una beba encantadora de ojitos vibrantes. Toda una familia creciendo entre el amor y el compromiso… y Nelson que empujaba: a la reunión del sindicato de zafreros, de los compas estudiantes, de los trabajadores de Valdez… “compas hagamos una federación de barrios, compa venga a dar una charla en el municipio… venga compa al 26… vamos compas a Yaguachi, a Jujan… y así toda hora, todos los días, todas las semanas, todos los años. Formemos el sindicato de trabajadoras sexuales, el de niños lustrabotas y así hasta formó su comisión de derechos humanos” y luego a gusto, apoyó el proyecto Acción Ciudadana por la Ternura.

Y como el tiempo pasa: Ángel se hizo médico, Leonardo abogado, Fultón odontólogo, Quiroz ingeniero Químico, Nelson y María revolucionarios y maestros a tiempo completo. El MIR milagreño creció entre jóvenes y viejos, campesinos y obreros… Y llegaron tiempos políticamente difíciles, con Alfaro Vive Carajo. En Guayaquil algunos compañeros y compañeras entraron en guerra, pero a nadie recogieron de Milagro, aunque si asustaron a algunos.  Nelson, María y sus tres niños, con Leonardo pintando afiches, se iban por la noche desafiando al fiero León Febres Cordero y luego creando las jornadas entre obreros campesinos, estudiantes y pobladores.

Un día Nelson organizó una movilización de masas en acción directa contra el gobierno y al grito de ¡al tren!… las masas descarrilaron un vagón y se llevaron los sacos de arroz, fue tan descontrolado el hecho que hasta el alcalde Chicho entro en la fiesta… y corre Nelson a la clandestinidad… me tocó hacer de peluquero para medio camuflarlo.

Una anécdota más, Nelson reclutó a la presidenta de un colegio y reina de Milagro como militante del MIR que maravilla….

En las tareas de maestro tampoco había descanso, María en la escuela y Nelson con otros compas forjaron un colegio proletario que, en vez de cobrar pensión, a diario en forma voluntaria recibían parte del fiambre para sostenerse y claro allá íbamos de Guayaquil a dar clases de vez en cuando con algo de humanismo proletario. Había tiempo para todo, Nelson, María y sus hijos en la acción revolucionaria entre obreros campesinos. Pero como el tiempo alcanza en la revolución permanente, Nelson debería asumir también de dirigente deportivo en la liga cantonal… Todos los días, a toda hora, en todo tiempo.

Nelson, María e hijos, más dos que llegaron para la causa, continuaron caminando y como Milagro les quedó corto, se fueron de pueblo en pueblo, golpe a golpe, verso a verso, a organizar a los campesinos de la Costa, un día le dije: ¿María hasta cuándo más hijos? Ella me respondió: quiero tener diez hijos para el MIR, pero Nelson no me deja. Se cerraron filas, los Fuentes con cinco hijos militantes… ahhh, pero ni tonta ni perezosa, la linda Yoca adolescente se hizo madre a los quince años y ahora en estos días que relato, el nieto de Nelson ya es militante de ese MIR tan espacial… perdón quise decir especial.

Y como si esto fuera poco, el loco sin piedad consigo mismo quiso avanzar hacia el mundo y fue solidario con Venezuela y sobre todo con la causa Palestina y con la revolución Islámica de Irán. Por ello, el embajador de Irán en su discurso de homenaje fúnebre dijo: “Con el camarada Nelson aprendimos que mientras exista un pobre en la faz de la tierra habrá causa para la revolución en el mundo”.

Cometió errores y estos fueron tristes, como el haber apoyado críticamente a la Revolución Ciudadana, error que en los días previos a su muerte lo reconoció, pero Nelson es mucho más que una decisión política. Nelson es un pueblo en acción, es un campesino en lucha, un obrero en pie, un estudiante rebelde, un hijo a educar.

Nelson hermano, aunque quisiera, dudo al pedir que descanses en paz, yo sé que, si se da el caso, por donde estés, ya estarás buscando que causa defender.


 

TESTIMONIO DE FE REVOLUCIONARIA. Por Paul León

En los inicios de los años 80, Nicaragua se escuchaba en cada manifestación de izquierda, los 1eros de mayo tenían mucha gente y muchas más banderas. Las manifestaciones estudiantiles se hacían hasta por la elección de reina del colegio. Las consignas se repartían y repetían. ¡¡Ayer Nicaragua, hoy El salvador, ese es el camino para el Ecuador!! Eran tiempos distintos, había comunistas "chinos" del PCMLE ex seguidores de Mao que después eligieron al albanés Enver Hoxa y siempre acérrimos seguidores de su camarada Stalin. Los "cabezones" del PC seguidores del social imperialismo soviético según los chinos, hacían sus pintas con spray, no con brocha y alquitrán; pegaban sus afiches con goma y rodillo, el resto de la izquierda con engrudo apestoso y a mano limpia.

Los socialistas revolucionarios tenían como líder un obrero legendario, combativo, dotado de un gran discurso, el gran Jorge Reynolds, de niño sobreviviente del glorioso 15 de noviembre.

Estaban los trotskistas del MRT y el MST, y nosotros, los del MIR y el FRE - Frente Revolucionario Estudiantil.  La época del FRE fue hermosa, pero siempre dijimos ser militantes del MIR; lo del FRE, FOR, JOC, eran membretes temporales, ocasionales. Siempre fuimos del MIR, y ser del MIR era otra cosa,  era entender el materialismo histórico, filosófico, antes que el profesor de filosofía (por no  tener una práctica acorde al pensamiento); para nosotros la formación humana tenía que ver con la ternura, la consecuencia, la humildad frente a la solidaridad, combatividad; fuimos formados en la construcción de intelectuales orgánicos, ¿quién, siendo mirista, no tenía libros en su casa? aprendimos a leer a Marx, Mariategui, Lenin, Engels, Causa Proletaria (prensa  del partido) y para entretenernos, a García Marquez, Neruda, Cortazar, Gil Gilbert,  Gallegos Lara, Paulo Freire, Makárenko, Tolstoi, Dostoievski, Mayakovski, Shólojov, la revista Prisma (Cubana); escuchar a Pablo y Silvio, a la Negra Sosa, Violeta, a Chico Buarque o Blades, a Serrat y Víctor Manuel.

Fui en todo caso militante del FRE - MIR siendo casi un niño, tenía 16 años, y mis "compas", la misma edad. Había uno que siempre nos seguía, tenía 12 años, y nosotros, para que ya no nos siga, porque era muy chico, le dijimos "mira compa, para pertenecer, hay que traer dos fotos tamaño carnet y 100 sucres, y salir una noche a pintar paredes", al día siguiente los trajo. Recuerdo también a una compañera que, por no apoyar su candidatura a reina del colegio, nos acusó de falta de solidaridad, y nos forzamos a poner todo nuestro contingente en su elección, y en su campaña gritar: "tres rechazos contra el oportunismo de Luisa primera", la otra candidata, que era de los chinos, que la apoyaban, viéndose aludida, decía: “!Dime chucha, ¿dónde está mi oportunismo?!". Como olvidar a otro muchacho que había creado una pandilla juvenil mezcla de rebeldía y lumpen, se llamaban los GM, guerrilleros marxistas.

Un compañero muy joven quería ser del MIR, pero "el único problema, compa, es que yo creo en Dios".

Eso era ser mirista, no sé si para un adolescente era mucho, para nosotros era lo que se debía hacer. Fue una época difícil, de tragar gases, encerronas, garrotazos; sin dejar de lado latigazos de papá o mamá. Pero lo más duro eran los llamados de atención de la célula: "inconsecuente, amorfo, indisciplinado”.

Fui eso. Hoy que mis hijos, los tres militantes, dos en la izquierda cercanos al lejano MIR, uno en la izquierda cristiana, a ellos les digo que se cuiden. Uno me respondió: "Qué dejaste de hacer, para que yo no lo haga" y me duele no ser algún día el muerto de su felicidad.

A veces me consuelo con: "quizá lo que hicimos, lo que tantos hicieron, no sirvió de mucho para cambiar al mundo, pero si nadie hubiera hecho nada, el mundo sería actualmente peor".

EL HIMNO DEL FRENTE REVOLUCIONARIO ESTUDIANTIL (FRE)[52]

Casi al finalizar la década de 1970. Uno de los primeros procesos electorales por los organismos estudiantiles en la Universidad Central del Ecuador (en la Escuela Politécnica Nacional, el MIP ya tenía experiencia en la dirección de los organismos estudiantiles), fue la disputa por la Asociación Escuela de Medicina – AEM (órgano estudiantil), frente al FRIM-FRIU (frente estudiantil el PCMLE) y el META (un frente que aglutinaba comunistas, socialistas y demócratas cristianos, más gente de derecha). Al final perdimos en las primeras elecciones de 1978, pero luego el FRE y el MIR dirigieron la AEM por muchos años. En el proceso de 1978 surgió el himno del FRE.

Himno del FRE

Estudiantes,

estudiantes auxiliares en las luchas,

en las luchas de los trabajadores,

por lograr una patria socialista.

 

Estudiante organizado rojo y negro,

rojo sangre del pueblo derramada,

negro tierra por la que luchar.

 

Aunemos nuestras fuerzas por la causa,

fundiremos el FRE en la juventud,

comunista será toda ella,

no habrá paso para conciliar.

 

Juventud combativa del Frente,

la tarea es romper al burgués.

La vanguardia obrera nos guía,

¡luchar, vencer o morir!

La vanguardia obrera nos guía,

¡luchar, vencer o morir!


 

COQUIM ALVARADO: ¿héroe, villano o revolucionario extraviado?[53] Por Hugo Noboa Cruz y Tomás Rodríguez León

(Publicado en la Línea de Fuego el 18 de febrero de 2026)

Por su puesto que, para la oligarquía ecuatoriana, para las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, para la dictadura militar de Castro Jijón y la dictadura de Velasco Ibarra, pero también para la embajada de Estados Unidos de Norteamérica, e incluso para la dictadura de Pinochet, Carlos Alvarado Loor (“Coquim[54] Alvarado”), fue un villano.

Y no sólo para ellos, tuvo también enemigos dentro de organizaciones ecuatorianas de izquierda. Cuentan que, en una ocasión, en un congreso de la FEUE en la Universidad Central de Ecuador, los ánimos se caldearon tanto, que Milton Reyes (aunque ambos fueron compañeros en URJE pocos años atrás) sacó un revolver y disparó contra Coquim, que pudo evadir el tiro. Cierto o no este episodio, da cuenta de la polémica que su presencia causaba.

Incluso desde algunos sectores de la izquierda, a Coquim se le acusó de ser agente de la CIA (cosa que era muy común en esos tiempos entre rivales políticos, más incluso luego de la aparición del diario de la CIA de Philip Agee), acusaciones sin fundamento que nunca pudieron ser demostradas.

Todo ello, ayudó a crear la leyenda de Carlos Alvarado Loor como un villano. En la rivalidad política de esa época, todo valía.

Al contrario, la gente del pueblo que había tenido contacto con sus audaces acciones, con la repartición de víveres incautados, le apreciaba mucho. Le respetaban por su gran valentía, por sus desafíos al poder y porque nunca claudicó. La revolución cubana lo mimaba, de hecho, murió en un hospital de La Habana en 1992. Para el pueblo que lo conoció, fue un héroe, no de los comics ni de Hollywood, sino una especie de Robin Hood criollo, un Naún Briones urbano.

Para ser justos, más que los dos calificativos, de villano o de héroe, le cabe más bien el de “revolucionario extraviado”. No era muy afín a la disciplina partidaria, más bien muy explosivo, de acción directa; lo cual le trajo varios problemas.

Poco antes de su fallecimiento, con su fino sentido del humor, sabiendo que la muerte nos puede sorprender en cualquier momento, dijo: “Neruda escribió ‘Confieso que he vivido’, yo debo escribir ‘Confieso que he jodido’”, y sí que jodió.

Al momento de su fallecimiento, había dejado hace poco las funciones de Decano de la Facultad de Comunicación Social (FACSO) de la Universidad de Guayaquil. Sus colegas docentes y los estudiantes lo querían mucho, por su compromiso y dedicación; incluso ayudó a conseguir el terreno donde se construyó el edificio de la facultad, y fue uno de sus fundadores, antes de ello apenas era una carrera o una escuela dentro de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación. La FACSO le sigue rindiendo homenajes hasta la actualidad.

Coquim Alvarado fue un personaje fundamental en la constitución y acciones de la Unión de Juventudes Revolucionarias del Ecuador (URJE), entre 1959 y 1963. Estuvo en 1962 en el campamento del Toachi, y fue uno de los que logró escapar al cerco militar, gracias a su conocida audacia, sin embargo, fue capturado días más tarde en casa de una familia campesina donde se había refugiado.

Sergio Román Armendáriz, quien fuera Secretario General de la Administración durante el gobierno de Jaime Roldós Aguilera, y miembro activo de URJE, recuerda que “militó en la célula barrial urjista ubicada en la esquina de las calles 10 de Agosto y Boyacá de Guayaquil, bajo la jefatura de Carlos Alvarado Loor (Coquín) donde concurría la ‘gallada’ de la época, entre los cuales recuerda a Francisco Mármol (Patojo) con quien (y con Coquín y con Edison Carrera Cazar) además estuvo en el Toachi representando el destacamento guayaquileño en esa acción.”

Luego de la extinción de URJE y una vez libre de su primera detención, Coquim fue el lazo entre lo que quedaba de la organización juvenil y la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) del Ecuador, en un proceso que duró entre 1965 y 1967. De hecho, fundó el primer núcleo del MIR en Guayaquil con Alba Chávez y “Tato” Tobar.

Con la herencia de la vena insurgente armada de URJE, los primeros años del MIR fueron de acciones de corte militar, y Coquim Alvarado fue uno de los “comandantes” más activos, sobre todo en Quito y Guayaquil. Al Igual que otra leyenda, el “Caco” Vera, lo fue en Manabí y Los Ríos, enfrentando la explotación y abusos de terratenientes. Vera, junto al “Flaco” López en Manabí, el “Tato” Tobar y Alba Chávez en Guayas, fueron otros símbolos de los primeros años del MIR, y bien valdría también que alguien haga un recuento de sus vidas muy activas.

Las acciones bajo el liderazgo de Coquim fueron múltiples, e incluyeron la incautación de víveres de camiones de empresas alimentarias, que los repartían entre la población, lo que provocaba gran simpatía entre la misma. Una de las acciones más audaces, narrada por Pérez Pimentel: “El 27 de marzo de 1966 encabezó una de las tantas manifestaciones contra la Junta Militar de Gobierno y al atravesar la Avenida América toparon a un camión del Servicio Geográfico Militar que portaba gran cantidad de conservas para la embajada norteamericana, por lo cual fue asaltado y tras repartir generosamente las conservas entre la gente curiosa que se aglomeró y aplaudió el gesto”, los manifestantes incendiaron el camión[55]. Ese hecho provocó la invasión militar a la Universidad esa misma tarde, en una verdadera operación de guerra; hubo cientos de detenidos, heridos y golpeados, los militares asesinaron a Eloy Baquero Lugo, estudiante de Ingeniería. Pero fue también el puntillazo para la caída de la junta militar, la dictadura duró sólo tres días después de ese hecho.

La vida de Coquim siempre fue muy azarosa, fue detenido varias veces, conoció varias cárceles, pero también pudo escapar de algunos cautiverios. Participó en acontecimientos históricos muy relevantes, como la lucha de los estudiantes guayaquileños contra el abuso de los militares contra los conscriptos, que provocó la muerte de un joven conscripto en Portoviejo, lo cual terminó en la masacre (oficialmente el gobierno reconoció 30 estudiantes fallecidos, pero se supo que fueron más de un centenar) de junio de 1959 en Guayaquil, durante el gobierno conservador de Camilo Ponce Enríquez. Diez años más tarde, en 1969, participó en la toma de la Casona Universitaria por el libre ingreso a las universidades públicas, que igualmente terminó en masacre, en ese entonces el responsable de los crímenes fue el gobierno de Velasco Ibarra, poco antes de que se declaré dictador.

Coquim Alvarado se movía con mucha agilidad entre Guayaquil, Quito y otros lugares del país, según las necesidades. Como aquella ocasión en que los estudiantes secundarios y universitarios recibimos a Nelson Rockefeller con huevos y tomates en el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito, cuando todo Quito se encendió; Coquim fue uno de los más activos.

Tuvo que salir huyendo varias veces del país. La primera vez, luego del episodio del Toachi y su detención; estuvo en Brasil y en Cuba, en esta última se sumó a las milicias populares que enfrentaron a los anti castristas promovidos por la CIA en Escambray. En otras ocasiones estuvo en México, Argentina, Chile, Perú, China y varias veces en Cuba; algunas, coincidiendo con momentos críticos, como la masacre de Tlatelolco del 68 o el golpe militar de Pinochet en el 73.

Pero, esa militancia tan convulsa, desatendiendo muchas veces las directrices de su partido, que puso en riesgo a otras personas incluyendo sus propios compañeros, llevó a la expulsión del MIR de Coquim y su grupo más cercano, en el año 1970.

Su exilio más prolongado, que duró siete años, comenzó luego de su expulsión, durante la dictadura de Velasco Ibarra, cuando fue perseguido implacablemente por grupos de “inteligencia” de la Policía y las FFAA. El 7 de diciembre de 1970, junto a su compañera Alba Chávez y otros ex militantes del MIR perseguidos, lograron asilarse en la Embajada de Chile en Quito; un grupo del Cuerpo Especial de Paracaidistas rodeó el edificio de la embajada, sin embargo, el 9 de diciembre, bajo la protección del embajador chileno (representante del recientemente posesionado gobierno de Salvador Allende) y personal de la embajada, lograron viajar a Santiago de Chile, donde se incorporaron activamente al proceso de la Unidad Popular, hasta el golpe del 11 de septiembre de 1973; posiblemente militaron en el MIR chileno, aunque no hay referencias al respecto

Con el golpe del 11 de septiembre, como muchos ecuatorianos, luego de dudarlo varias veces (testimonio de Camilo Restrepo Guzmán), Coquim buscó refugio en la residencia del embajador en Santiago. Un testigo presencial de los hechos[56], asegura que el embajador Alfredo Correa se opuso tenazmente a la entrada de Coquim y su esposa, seguramente alertado por el gobierno de Rodríguez Lara, al cual representaba diplomáticamente. Es probable que la presión de los otros asilados y de la hija del embajador, quien salvó a muchos de los refugiados, permitieron que Coquim, su hija y Alba, que estaba embarazada, permanezcan asilados en la residencia del embajador, de lo contrario, su captura y muerte hubieran sido casi un hecho.

Según relata Pérez Pimentel, tomando palabras de Alba Pérez, Coquim y Alba fueron los últimos en salir de la residencia del embajador, mientras el resto de asilados fueron llevados al Ecuador u otros destinos. El viaje al Ecuador hubiera significado detención segura, por lo que el embajador Correa propuso y concretó su traslado a la abarrotada embajada de Argentina, donde Alba perdió su bebe en gestación después de ser conducida de urgencia a un hospital. Alba y su hija fueron primero para Argentina y más tarde Coquim; ante la amenaza de extradición solicitada por la dictadura de Pinochet, viajaron en forma precipitada, primero a Lima y luego a La Habana. Permanecieron entre Cuba y Perú hasta el retorno definitivo al Ecuador en diciembre de 1976.

De retorno a la Universidad de Guayaquil, donde se graduó Coquim de comunicador social, asumió luego la docencia, fundó la FACSO y llegó a ser su decano casi el final de su vida.

El largo exilio los desvinculó totalmente de cualquier militancia en el Ecuador. Nunca más volvieron a militar en partido alguno; sin embargo, Alba fue alguna vez candidata a una dignidad por el Partido Socialista Ecuatoriano. Y, sobre todo, desde la FACSO, apoyaron (contando con el compromiso de Diego Polit desde el rectorado) muchas iniciativas de diferentes organizaciones de izquierda y luchas de sindicatos, incluso de aquellas organizaciones con las cuales se habían confrontado en la década de 1960; la FACSO fue un refugio solidario. Militantes del MIR en Guayaquil, cuentan que Coquim, sin ser militante del partido, ayudó al fortalecimiento del Frente Obrero Revolucionario (FOR) uno de los frentes de masas del MIR (conocido como MIR Proletario), en las décadas de 1970 y 1980, y al funcionamiento de las “peñas obreras” en la ciudad.

Luego del exilio prolongado, y especialmente a partir de la década de 1980, la vida y las perspectivas políticas cambiaron totalmente para Coquim, para nada eran las de esos años convulsos de la juventud de los sesentas y comienzos de los setentas. Se dedicó, a más de la docencia, a otras tareas, como las de Amnistía Internacional en el Ecuador, o al estudio de la idea Juche.

En 1986, luego de una fallida candidatura con Acción Popular Revolucionaria Ecuatoriana (APRE), de Frank Vargas Pazos, fue acusado Coquim de ser parte de Alfaro Vive Carajo – AVC (al cual sí había apoyado), pero no hubo fundamentos para tal acusación, que fue desestimada. Lamentablemente, en ese proceso de AVC, había contribuido a la desarticulación de bases del FOR, algunos de los obreros miembros entraron en AVC y hubo víctimas entre ellos. El “revolucionario extraviado” seguía activo, comprometido, pero sus impulsos no orgánicos (seguramente con buena intención) también causaban daños. Difícil hacer un balance entre lo positivo y negativo de su accionar a lo largo de su vida relativamente corta, depende de la visión de cada uno.

A partir de un atentado contra Alba Chávez en Guayaquil (una explosión en su auto), supieron que persistían los enemigos del pasado. En 1991 decidieron trasladarse a vivir en Cuba, Coquim, Alba y su familia, donde fallece Coquim el 19 de marzo de 1992, poco antes de cumplir 53 años de edad.

hnc y trl / 13 febrero 2026


 

FAUSTO VARGAS CORTEZ: ícono y mártir del MIR y del movimiento estudiantil ecuatorianos. Por Hugo Noboa Cruz

(Publicado en La Línea de Fuego el 18 de marzo de 2026)


Si hay personajes históricos aglutinadores para el fragmentado Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) ecuatoriano, posiblemente son Carlos Luna, René Pinto, Raúl Cedeño y Fausto Vargas Cortez (todos ellos fallecidos en diferentes fechas y circunstancias). René y Raúl cayeron en las jornadas de lucha por la libertad de Fausto Vargas (Causa Proletaria Nº 67, 2019).

Fausto Vargas fue uno de los primeros mártires de la organización, y quizá el más reconocido. Muchos otros personajes importantes que ha tenido el MIR en el Ecuador, resultan o pueden resultar polémicos, dependiendo del punto desde el que se los mire. Pero Fausto Vargas, no. Todos coinciden en valorarlo, en respetarlo.

En la fundación de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), en octubre de 1966, Fausto Vargas, joven militante del MIR, fue electo como el primer presidente de la misma, reconocido por todas las tendencias políticas que participaron (incluyendo el Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador - PCMLE, el Partido Comunista del Ecuador - PCE y el Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano - PSRE). El MIR entonces estaba en pleno proceso fundacional (1965-1967).

“En la primera semana de octubre de 1966 específicamente los días 5, 6, 7 se realiza la Primera Conferencia Nacional de Estudiantes Secundarios, cuando delegaciones de estudiantes secundarios de todo el país, fueron llegando al Instituto Nacional Mejía, de la ciudad de Quito, para discutir la situación política del Ecuador, la situación de la educación y especialmente de la juventud, finalmente se dio paso a la elección de la primera directiva de lo que, desde entonces sería la organización estudiantil secundaria, la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador – FESE. Fue elegido como su primer presidente el estudiante Fausto Vargas Cortez, quien posteriormente fuera apresado…

…Fausto Vargas, estudiante del colegio Benalcázar de la ciudad de Quito, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria – MIR, la presidencia de la FESE la ejerce por muy poco tiempo, ya que fue detenido por las fuerzas militares[57], acusado de haber arrebatado un fusil a un militar, el cual resultó muerto en el sector de ‘La Recoleta’, en el sitio donde funciona actualmente el Ministerio de Defensa Nacional; Fausto Vargas pasa en prisión por el lapso de 9 años”[58]

Al salir de la cárcel, Fausto permaneció poco tiempo libre, hasta su sospechosa muerte en noviembre de 1975 “ahogado en la laguna de La Alameda” en Quito. La versión oficial decía que se había suicidado o murió accidentalmente, pero su cuerpo tenía huellas de tortura. Los militares nunca lo perdonaron, a pesar de que no hubo pruebas contundentes del delito del que se le acusaba.

Yo vivía en esos tiempos en San Juan, en Quito, era estudiante del Instituto Nacional Mejía cuando detuvieron a Fausto Vargas. La FESE estaba en plena efervescencia. Recuerdo que, en el barrio, cuando había audiencias públicas por el juicio de Fausto, se producía gran inquietud entre algunos jóvenes (no recuerdo quienes lideraban), que promovían ir a acompañar a Fausto. Muchos tenían temor, y no era para menos. La junta militar presidida por Casto Jijón había sido depuesta en marzo de 1966, pero los militares seguían teniendo enorme poder en los siguientes gobiernos, y el juicio era contra un joven que supuestamente había asesinado a uno de los suyos. En el país, además, igual que en casi todos los países latinoamericanos, los Estados Unidos de Norteamérica, preocupados por el ejemplo de la revolución cubana, impulsaban una enorme campaña anti comunista (y también la mano dura de la represión), a través de varias instituciones como Alianza para el Progreso, el Cuerpo de Paz o la CIA, y a través de los medios de comunicación amarillistas; los militares eran importantes aliados de USA.

La única vez que fui a una de las audiencias (yo era un muchacho, tal vez de 14 años), quedé muy impactado y asustado. Desde que llegamos al sitio (creo que, en el antiguo Palacio de Justicia, junto al Palacio Legislativo), el ambiente de terror se manifestaba. Las calles llenas de tanquetas y otros vehículos militares. Decenas de militares armados, afuera y dentro del recinto, que estaba plagado además de agentes de civil. Aun así, los jóvenes estudiantes que acudían tenían el valor de estar allí presentes junto a su compañero, aun cuando sea en silencio. Por supuesto que la “justicia” estaba muy presionada. Desconozco detalles del desenlace final del juicio en términos legales, pero Fausto pagó una dura pena, siendo inocente.

Durante el proceso judicial, varias organizaciones, especialmente la FEUE y el PCMLE, fueron solidarias con Fausto Vargas y rindieron testimonios a su favor.

Según el sitio de UJIR: “Para los estudiantes secundarios militantes del MIR la campaña por la liberación del compañero Fausto Vargas Cortés fue una herramienta para recorrer el país y organizar núcleos… en gran parte del Ecuador.”

Años más tarde, poco antes de la muerte de Fausto, cuando yo era estudiante de Medicina, junto a otro compañero con el compartíamos las mismas ideas y militancia, encontramos a Fausto Vargas, estaba con algún amigo. Nos acercamos a saludarle y a expresarle nuestros respetos y admiración; respondió el saludo atentamente, pero nos dio a entender que no quería que nos acerquemos. “La libertad de Fausto Vargas coincidió con la crisis de dirección en la cual pudo imponer su liderazgo, pero no logró reinsertarse en la nueva realidad orgánica y política del MIR” (Causa Proletaria Nº 67). Habían pasado muchos años de prisión y tortura.

Fausto Vargas dejó de existir físicamente, para satisfacción de las clases dominantes que lo veían como un peligro (simbólico) para sus intereses (la verdadera razón de su detención y muerte), y para satisfacción de las FFAA que debían presentar un trofeo, más aún después de las humillaciones que habían sufrido de parte del movimiento estudiantil ecuatoriano, incluyendo el incendio del camión militar en la Universidad Central – UCE (27 de marzo de 1966), la denuncia del caso de la chatarra militar (con el monumento a la chatarra en los predios de la UCE) y el papel de los estudiantes en la caída de la junta militar de Castro Jijón; así como la resistencia a la dictadura de Velasco Ibarra (en la que asesinaron a Rafael Brito, Milton Reyes, René Pinto y Raúl Cedeño, entre otros) y a las nuevas dictaduras militares que se instauraron en la década de 1970.

Fausto Vargas, en cambio, se convirtió en uno de los símbolos de las luchas juveniles y estudiantiles por una sociedad justa. En un referente y mártir del MIR y del movimiento estudiantil.

hnc / marzo 2026


 

MI ENCUENTRO CON FAUSTO BASANTES. Por Hugo Noboa Cruz


Corría el año 1980, yo estaba casi terminando mi año de medicina rural en la provincia del Carchi. Entonces no sabía que iba a ocurrir un contacto con uno de los actores que estaban construyendo el proyecto de Alfaro Vive Carajo (AVC). Un año antes, había ocurrido el fraccionamiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) del Ecuador, muchos, como Fausto, o se fueron con la fracción o quedaron en el limbo del proceso fraccional. Algunos plegaron a otros proyectos.

Con Fausto Basantes nos encontramos varias veces durante la militancia de ambos en el MIR, pero, por nuestra estructura compartimentada, apenas intercambiábamos breves saludos y miradas cómplices en los varios eventos en que nos encontrábamos, incluyendo los desfiles del primero de mayo, donde el frente juvenil del MIR, el Frente Revolucionario Estudiantil (FRE), participaba con nutridos bloques.

En realidad, había tenido más acercamiento con el hermano de Fausto, Félix, que era estudiante de la Escuela Politécnica Nacional y miembro del Movimiento de Izquierda Politécnico (MIP), uno de los frentes estudiantiles del MIR. Con Félix seguimos siendo buenos amigos y compañeros, nos vimos en muchas otras ocasiones, incluso compartimos vida orgánica. Los miristas no necesitábamos ser íntimos amigos que comparten cosas cotidianas para sentir una profunda fraternidad entre nosotros, pero tal vez esa fue una de las debilidades de la estructura semiclandestina; hubiéramos podido quizá ser aún más fraternos.

El encuentro con Fausto Basantes ocurrió en las escaleras de acceso al edificio de la Dirección Provincial de Salud del Carchi, a donde acudía yo regularmente por asuntos administrativos por mi ejercicio de médico rural. Fausto buscó una conversación más allá del saludo casual. Me habló del proyecto político – militar que estaban construyendo con otros compañeros, incluyendo algunos miristas o ex miristas; no mencionó a AVC, para entonces no sé si ya estaba definido ese nombre para la organización. Trató de reclutarme, pero yo estaba claramente alineado con el sector del partido que permanecía en la, llamémosle, línea “histórica” (Causa Proletaria) del MIR. Con un abrazo fraterno, más prolongado y cálido de lo habitual, nos despedimos. Quedamos en vernos en una próxima ocasión, pero ello ya nunca sucedió. Hasta varios años después, por mi trabajo en Derechos Humanos y en circunstancias trágicas.

En 1984, al inicio del gobierno de León Febres Cordero, el partido me asignó la responsabilidad, junto a otros compañeros militantes, de reactivar la Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos (CDDH) que el movimiento había fundado en el año 1977 luego de la masacre de los trabajadores del ingenio azucarero Aztra, en el cantón La Troncal de la provincia del Cañar. Se unieron a la CDDH a partir de 1984 jóvenes profesionales de diferentes disciplinas, tanto militantes o ex miltantes del MIR, como compañeros y compañeras que venían de otras organizaciones políticas de izquierda, o que sin haber tenido militancias partidarias se comprometieron de manera profunda con la defensa de los derechos humanos. Nuestra consigna central era: “Todo lo Humano es Nuestro”.

Pronto nos vimos envueltos en una vorágine de tareas, muchas de ellas relacionadas con la denuncia y contención de las actividades represivas del gobierno de Febres Cordero, en general contra la población, partidos de izquierda y organizaciones sociales, pero en particular contra AVC y sus militantes. La CDDH definía su quehacer principal como “educación y comunicación popular para la paz y los derechos humanos”, pero teníamos que involucrarnos en muchas otras tareas que excedían la educación y la comunicación. Junto a otro compañero médico, y junto a compañeras de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU) y los jueces que tenían valor para ello, participamos varias veces en el peritaje de torturas a militantes de AVC detenidos. Muchos de esos casos de torturas fueron presentados en el “Foro Médico contra la tortura” que la CDDH organizó en el año 1987.

En medio de ese trabajo voluntario en DDHH, conocimos el trágico asesinato de Fausto Basantes, como los de muchos otros dirigentes y militantes de AVC. Los cuerpos represivos del febrescorderato, siguiendo instrucciones y técnicas de la CIA, se lanzaron a exterminar a AVC. Fueron días de terror en todo el país.

Fausto Basantes sufrió varias detenciones y crueles torturas entre los años 1983 y 1985. El 4 de enero de 1986, en la avenida La Prensa, en los alrededores del entonces Aeropuerto Mariscal Sucre, en Quito, luego de haber sido entregado por un “compañero”, Fausto Basantes fue asesinado a mansalva en una desmedida operación policial y militar con decenas de efectivos fuertemente armados, movilizados para “enfrentar” a un solo joven soñador. Con esa enorme superioridad violenta, hubieran podido fácilmente reducirlo y detenerlo, pero no, había que acribillarlo, eliminarlo y presentar la escena como enfrentamiento armado; era la consigna impuesta por la CIA en la represión a los subversivos, más aún si se consideraba que eran dirigentes.

Ver detalles en: https://memoriacolectiva.dpe.gob.ec/wp-content/uploads/2022/11/C29.pdf   

Y así fue mi reencuentro con Fausto, en medio del dolor por su muerte. Y fue también la ocasión de un mayor acercamiento con los familiares de las personas detenidas, torturadas, asesinadas, desaparecidas por el criminal gobierno de Febres Cordero. Así conocí y estreché lazos fraternos con doña Bachita la madre de Arturo Jarrín (doña Bachita había sido compañera de mi madre en el Normal Manuela Cañizares, y la quería mucho), o con doña Rosita la madre de Consuelo Benavides, y tantas otras compañeras y compañeros, la mayoría de ellas mujeres, valientes luchadoras por la libertad, por el aparecimiento con vida de sus familiares desaparecidos: hijos, hijas, compañeros, compañeras.

Muchos años más tarde, me volví a encontrar con Félix, en medio de actividades de los egresados del Instituto Nacional Mejía. El abrazo cálido y fraterno no se hizo esperar; sabía que no sólo abrazaba a Félix sino también a Fausto, al entrañable Fausto; no hacían falta palabras.

hnc / 6 abril 2026



QUE CÓMO ASÍ FUISTE PARA CHILE[59]. Por Fausto Corral Guevara

Salvador Allende ganó las elecciones en Chile en noviembre de 1970, un cambió de ruta y método de la estrategia de la izquierda encabezada por los partidos socialista y comunista chilena, los más consolidados en América Latina.

Fue un campanazo que lo escuché en el cuarto de la terraza del edificio de la Santiago y Salinas donde vivía con mi madre y hermanos, Diego y Eduardo, y a 2 años de haberme graduado del colegio San Gabriel, siendo estudiante de filosofía en el San Gregorio, y habiendo militado en el MIR ecuatoriano desde el tiempo del colegio, militancia que me llevó a  los barrios populares de Quito, a vivir comiendo arroz y atún todos los días, por 2 años, buscando la organización popular, saliendo de la clase media y la burbuja de la familia y amigos, a vivir en Pambachupa, el Camal, Toctiuco, la Vicentina, donde estaba el pueblo, aunque no necesariamente el proletariado. Esa militancia era, como se supone, desconocida para la familia y amigos, y duró hasta la muerte del Che en Bolivia el 8 octubre de 1967, donde se apagó para mí el foco guerrillero, el Che seguía alumbrando, pero estaba muerto y vencido. Indudablemente fue un ideal profundo el de ser guerrillero al llamado del Che, pero Ecuador no tenía historial de lucha armada desde la revolución liberal de 1895, en que triunfó por las armas Alfaro, o sea en 1970, 75 años de procesos políticos sin armas del pueblo, aunque sí de la oligarquía con los golpes militares. En las vecindades de Perú y sobre todo Colombia, y en Centroamérica Nicaragua, Guatemala, y hasta Venezuela, la guerrilla existía, luchaba y duraba, pero en el Ecuador no se dio nada, nuestro pueblo era pacífico, no empuñaba las armas para la política, después de la revolución liberal en que sí las empuñó.

Por eso el campanazo de Allende, el Chicho, como después ya en Chile le llamábamos, resonó y decidió que ese era el camino del futuro de la revolución. No lo discutí a nivel orgánico, fue una decisión muy personal, además el MIR ecuatoriano no tenía ninguna relación con el MIR chileno, no había carta de presentación para llevar, y hubo oposición de compañeros al viaje, porque no podía abandonar mis tareas revolucionarias, que supuestamente tenía a mi cargo en el Ecuador, o sea soñar en la revolución imposible del Ecuador.

Tuve que armar la justificación del viaje para mi familia y lógicamente fue el ir a estudiar medicina a Santiago, donde había tíos Moscoso Vega, y una tía monjita de los sagrados corazones, desde tiempos, que serían el contacto o apoyo para ubicarme. El tío Rómulo Moscoso, odontólogo, activísimo militante del partido comunista, y la tía monjita Mercedes Corral, superiora del colegio de las monjas francesas en Santiago.

Arme la mochila, abracé a mi madre, me despedí de los amigos íntimos, y de mi cuartito en la terraza, recibí las cartas para los primos y la monjita, tome el bus hasta la frontera de Huaquillas. Cruce el Perú y su inmenso desierto sin detenerme para nada, no podía atrasarme a la revolución del Chicho, y llegue a Santiago en pleno invierno y lo sentí frío, helado y gris, como primera conmoción.

Anduve por el Santiago gris, de pensión en pensión, ubicando a los parientes y dejando las cartas, y sorprendiéndolos con mi presencia solitaria, ante la cual recibía la misma pregunta: ¿qué vas a hacer Faustito? Para la cual tenía 2 contestaciones, la una pública, pues estudiar en la Universidad de Chile y la otra, para mí mismo, pues que más, participar en la revolución de Allende, que era el objetivo primordial del viaje.

Y enseguida Chile se hizo hermoso, la gente andaba alborozada, como con regalo nuevo, tenían gobierno popular, no era socialista ni comunista, era del pueblo, se les había ganado a los momios en elecciones. La comida rápida, las empanadas gloriosas, quita hambre, y los sándwiches, los mejores del mundo, y el vino, más barato que el agua, me trataban como a invitado expreso, y desde el primer momento las mujeres eran preciosas, graciosas y liberadas en todo sentido. O sea, un paraíso.

Recorrí un buen tiempo el centro, cafés, bares, hoteles, hasta que llegue a la peña de los Parra, o sea el sitio donde cantó Violeta, donde entre vino y más vino, yo la veía cantar, volver a los 17…, y he recibido una carta por el correo temprano…y ahí anduve muchas semanas antes de llegar por informaciones recibidas desde Quito, a Cerrillos el barrio de Santiago, después el Cordón Cerrillos, territorio donde se configuraba el poder proletario de industrias que habían pasado al control de los obreros, donde vivían amigos ecuatorianos, en jorga, y en donde me quedé, viviendo en comunidad paisana e ideológica, porque todos estaban por la revolución y para la revolución chilena.

Y en el transcurso de los días y los meses fui siendo parte de las masas del pueblo que revueltas y en pleno proceso de lucha de clases, pugnaban por consolidar el camino de Allende para la revolución que se proclamaba socialista. Fue una experiencia vivida en cada día, durante 3 años que duró, donde se enfrentaban la revolución de izquierda y la reacción derechista, el fascismo incubado en la burguesía chilena y los gringos en la conspiración, contra esta experiencia inédita y peligrosa, si triunfaba.

Chile era una enciclopedia para leer sobre los hechos sucediéndose, la lucha de clases, sus tácticas y estrategias, y se la leía, desde distintas posiciones de la izquierda, que la fragmentaron, entre comunismo, socialismo y mir, en el centro  la presidencia de Allende, del aparato del estado, su democracia representativa, las FFAA  que siempre las supuso imparciales, pese a las advertencias de lo contrario, e incluso a un golpe militar anticipado, el tanquetazo, que  demostró que las FFAA no eran imparciales, atacaron La Moneda para sacar a Allende del poder.

Lo que siempre se creyó, que era irreversible el proceso, se desmoronó paulatinamente, durante estos aciagos días y meses de 1972 y 1973, cada vez más aciagos conforme se desmoronaban los mecanismos del pueblo para el triunfo del proceso, porque los mecanismos del contra golpe de la conspiración, fueron incrementándose y tocaron la economía, ante lo cual la organización popular alcanzada no encontró formas para contrarrestar el caos creado. El racionamiento, la escasez, la inflación, la especulación, el sabotaje, producidos como toque final, por el paro nacional de todo el transporte pesado, crearon el escenario para el golpe militar que, empezando por Allende, la mayor parte del pueblo ni siquiera lo imaginó posible. Sectores lo advirtieron, MIR, pero significaba intervenir en los cuerpos militares deteniendo a los conspiradores, y eso estaba lejos de una decisión que podía tomar Allende.

Y todo se convirtió en tragedia, persecución, encarcelamiento y muerte de los que se atrevieron a buscar un gobierno popular por medios pacíficos, fue el epílogo de la dolorosa experiencia de la utopía que la forjaron Allende y el pueblo chileno.

Yo, para el 11 septiembre de 1973, estaba de vuelta del viaje al Ecuador, en la frontera de Tacna, ya para entrar en Arica, cuando vi por la televisión en cadena mundial el ataque a la Moneda, el cierre de las fronteras y la noticia de la muerte del Presidente Allende en el palacio, en su propio laberinto.

Jamás he sentido una derrota tan aniquiladora y tan honda, como esa del 11 de septiembre de 1973, cuando se cayó el cielo de las ilusiones revolucionarias, que habían forjado a los 21 años de mi vida. Final conmoción que me produjo Chile y que duró mucho tiempo para comprender y asimilar, que es complicado tomar el cielo por asalto, para crear una sociedad de justicia social y política donde gobierne la mayoría del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Y vuelven a mi memoria las palabras proféticas del Presidente Salvador Allende, dichas momentos antes de su muerte:

“Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores… mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.”

El hombre es esencia una utopía que se encarna en el tiempo.


 

“QUITO: GEOGRAFÍA DE LA PROTESTA…” Y ALGO MÁS. Por Hugo Noboa

(Publicado en la Línea de Fuego el 3 de septiembre de 2025)

Inaugurada el 16 de agosto de 2025 en el Centro Cultural Metropolitano del Municipio de Quito, la exposición con el nombre de "Quito: Geografía de la protesta. Movimientos sociales y repertorios (1971-1983)", muestra una faceta de aquellas décadas convulsas en Quito y el Ecuador.

Hay que comenzar felicitando a quienes tuvieron la iniciativa e hicieron el esfuerzo para lograr esta muestra y ponerla al alcance del público.

Hoy día, sábado 30 de agosto de 2025, la pude visitar. Y antes de que se me pase un cierto malestar, me apuro a borronear estas líneas. Coincidimos en la exposición con dos queridos amigos, militantes del Partido Comunista Marxista Leninista del Ecuador (PCMLE) en esa época. A la sazón, yo también fui militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) más o menos en esos mismos años a los que se refiere la exposición. Y lo primero en que estuvimos de acuerdo, aparte de felicitar los esfuerzos para la memoria histórica de los pueblos, es que la exposición tiene un sesgo, el del Movimiento Revolucionario de los Trabajadores (MRT), organización fundada en la década de 1970 por Fernando Velasco (“El Conejo”) y otros distinguidos y queridos amigos y amigas, con algunos de los cuales hemos compartido mucho, en diversas actividades políticas, a lo largo de los últimos 55 años.

La primera impresión que me queda (nos quedó), es que se invisibiliza a otros partidos y organizaciones de izquierda que actuaron en esa época de manera muy intensa, en Quito y en todo el país. Entiendo la dificultad de acceder a documentos diversos. Pero, si alguien no tiene los antecedentes y las vivencias de la época -un joven o un visitante extranjero, por ejemplo- se quedará con la idea de que la única organización política de izquierda en las décadas de 1970 y 1980 en el Ecuador, era el MRT; además, creerá que se trataba de una organización enorme con una gran capacidad de conducción del movimiento sindical, del movimiento campesino, de las organizaciones barriales y del movimiento estudiantil, entre otros.

Al parecer, no existían ni los dos partidos de izquierda más antiguos y tradicionales: el Partido Socialista del Ecuador - PSE (en ese entonces muy activo como Partido Socialista Revolucionario Ecuatoriano - PSRE) y el Partido Comunista del Ecuador - PCE. Como tampoco el PCMLE y el MIR. Ni existieron -según la muestra- otras organizaciones más pequeñas, como el Movimiento Revolucionario de Izquierda Cristiana (MRIC) o el trotskista Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), entre otros.

Nos dirán que no se trata de una muestra sobre la izquierda ecuatoriana en esa época. Pero es que los movimientos sociales casi siempre estuvieron y están ligados a partidos y organizaciones políticas de izquierda, la exposición así lo evidencia.

Lo más sensato hubiera sido acotar o especificar el título de la exposición, de acuerdo al contenido de la misma. Más aún, cuando el MRT no era precisamente la organización más grande e influyente de la época, fue más bien de las más pequeñas y efímeras. No digo que no haya sido importante. De hecho, el más significativo de sus líderes, el Conejo Velasco, fue uno de los personajes más valiosos de la izquierda ecuatoriana en la segunda mitad del siglo XX. Hubo y hay muchas otras compañeras y compañeros que destacaron en varios ámbitos de la vida política, cultural y académica del país; un ejemplo es precisamente el de quienes estuvieron en la iniciativa y curaduría de esta exposición.

Organizaciones como la CEDOC (Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas) y la FENOC (Federación Nacional de Organizaciones Campesinas), se nutrieron del aporte de los militantes del MRT, así como del de otras organizaciones políticas. La fundación de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (CEDHU) no hubiera sido posible en 1978 sin el aporte del MRT. Así como la fundación en 1977 de la primera comisión de derechos humanos en el país, la CDDH (Comisión por la Defensa de los Derechos Humanos), hoy desaparecida, no hubiera sido posible sin el aporte del MIR.

Si querían tener una muestra que represente la enorme variedad y riqueza de la acción de los movimientos sociales en el período de referencia (1971-1983); más aún, si la iniciativa se planteaba desde una universidad (FLACSO) y desde el Municipio de Quito: se pudo hacer un acercamiento con directivos, militantes y ex militantes de las organizaciones mencionadas en esta nota. El acceso a documentos históricos, relatos y testimonios, se pudo haber enriquecido enormemente.

Creo, pero espero equivocarme. Que lo que refleja esta exposición con el sesgo MRT, es signo de un problema muy profundo, difícil de superar, que ha caracterizado a la izquierda ecuatoriana, y seguramente a la izquierda de Latinoamérica y de todo el mundo: el sectarismo. Los partidos y líderes de la derecha se unen cuando las circunstancias lo requieren. Los de la izquierda no, ni siquiera es posible interactuar en un evento como esta exposición; nos da recelo y hasta rechazo acercarnos a nuestros rivales políticos de antaño o de ahora, siendo que todos compartimos un mismo sueño de un cambio revolucionario de la sociedad. Ello ha facilitado la proliferación de gobiernos como los de Milei, Bolsonaro, Noboa Azín y demás tipejos de esa calaña, así como los retrocesos en garantía de derechos para la población.

Sin duda mis comentarios reflejan desaliento, pero momentáneo, por suerte. Y la verdad es que ese malestar no ocurre sólo por esta muestra. En el mismo plano, hace unos años me desalentó el que, en un libro de un querido amigo sobre la historia de la izquierda ecuatoriana, se haya hecho sólo una breve mención en pocas líneas de la organización a la que pertenecí, el MIR; cuando a los militantes y ex militantes nos consta la riqueza del trabajo desarrollado en todo el país, desde fines de la década de 1960 hasta la actualidad, aunque no quede hoy más que la sombra fraccionada de lo que fue la poderosa organización de la década de 1970.

Quiero por ello terminar con una idea que puede ser un desafío… o un desvarío. Creo que la reconstrucción de la historia de la izquierda y los movimientos sociales en el Ecuador, debe seguirse alimentando. En ese sentido, agradezcamos a los amigos que hoy han presentado esta muestra, esta valiosa muestra, aunque inclinada. Ojalá se pueda sistematizar, procesar y poner en conocimiento del pueblo (después de todo es parte de su memoria) la enorme cantidad de material escrito, gráfico, visual y audio, canciones y otras obras de arte, de la izquierda y los movimientos sociales en el Ecuador, al menos desde inicio del siglo XX en que aparecieron los primeros esfuerzos para la construcción de un mundo diferente, más allá de la dicotomía liberal – conservadora del poder burgués. Una tarea enorme, pero en la que se puede avanzar por partes y con diversidad de visiones, sin exclusiones. Las mismas décadas de 1970 y 1980 podrían ser uno de los primeros laboratorios.

Que la memoria de las luchas populares, sus conquistas y sus reveses, nunca se pierda.

hnc / 30 agosto 2025

NOTA COMPLEMENTARIA: La historia suele aparecer como la cuentan los narradores, no necesariamente como fue en la realidad. Esta idea contrahegemónica, seguramente de producción colectiva, siempre nos ha acompañado. Hay que reconocer que, dentro de la izquierda ecuatoriana, el PSE primero y luego el MRT, han sido dos de las organizaciones que más capacidad han tenido para documentar y narrar las luchas populares; han tenido más capacidad académica para ello y la intencionalidad para hacerlo. Mientras que la izquierda más radical, el PCE inicialmente (que se formó de una escisión del PSE) y luego, organizaciones como el PCMLE y el MIR, no le dieron mucha importancia a la documentación, no era su intencionalidad, estaban más preocupados por “hacer” la revolución antes que de fotografiar o producir documentos (más allá de la prensa partidaria) y relatos académicos sobre lo que sucedía. La situación es diferente hoy en que los recursos técnicos se han democratizado, se han hecho más accesibles para todos.

Seguramente fue un error no haber dado más importancia a la documentación. No se nos ocurría en la década de 1970 salir con una cámara de fotos o vídeo (ni las teníamos) a las grandes movilizaciones que se dieron en la “jornadas de abril” (como llamamos nosotros en ese entonces a la que después se conoció como la “guerra de los cuatro reales”), donde por ejemplo los jóvenes miristas ayudamos a conformar decenas de comités de defensa popular (CDP) en los barrios de Quito y otras ciudades; ni siquiera los desfiles del primero de mayo documentábamos con fotografías o vídeos. Todo ello sin embargo forma parte de los insumos para las batallas culturales, en las que el imperialismo y la derecha global han sido muy exitosos, contando con herramientas poderosas como la narrativa de Hollywood.

Estas inquietudes, sin embargo, deberían ser parte de otro ejercicio de reflexión más general, en otro momento. Debemos aprender de los errores, para que las nuevas generaciones de revolucionarios puedan ser más efectivas. De hecho, hoy mismo estamos librando grandes batallas culturales, a nivel global, por la guerra imperialista de USA y la OTAN contra Rusia en Ucrania o por el genocidio del imperio gringo y su brazo armado, el sionismo, contra el pueblo palestino; pero no sólo allí, sino por los nuevos intentos del imperio por el control totalitario de América Latina y el mundo, a pretexto de fortalecer la democracia occidental o de combate al narcotráfico, paradójicamente uno de sus principales negocios. No debemos entonces dar la espalda a esa guerra cultural global.



¿CUÁNDO EMPEZÓ LA DERROTA? Por Mariano Sánchez

La derrota empezó en los años 70s

Las condiciones para el "retorno a la democracia" eran de total control del proceso por parte de la clase dominante y sus partidos políticos, y de indiscutible sometimiento popular, como si el "retorno a la democracia" fuese una concesión de la burguesía, por el contrario, la constatación de una oposición no peligrosa sin capacidad de disputarles su poder, les permitió dictar una Constitución, en 1978, que protege sus intereses, además la imposición de la ley de partidos políticos, para permitir la participación de la oposición, expresa con claridad y exhibe la correlación de fuerzas y señala lo que están dispuestas a tolerar en cuanto a participación de los trabajadores y demás sectores populares, se anticipan a la posibilidad de acción directa de las masas, que experimentaban una creciente ruptura con las directrices de los partidos comunista, socialista, especialmente en el campo poblacional, estudiantil secundario y universitario, que advertía cada vez de manera radicalizada, la presencia de formaciones de izquierda revolucionaria incipientes pero con gran capacidad de comunicación y movilización fuera de los moldes de las dirigencias sindicales y políticas burocratizadas de la izquierda "lite" cuya vocería legitimada por el Estado era aceptada por la clase dominante, para impedir la "emergencia" de una opción revolucionaria en la conducción del proceso de lucha popular.

En ese marco y correlación de fuerzas favorable a la burguesía ecuatoriana y bajo la dirección de la estrategia continental anticomunista por parte de EEUU, se dictan las reglas del retorno a la democracia y, sin oposición, se aceptan y se somete a la clase trabajadora y al pueblo, a una participación tutorizada por la burguesía, este es el inicio de la derrota estratégica de la izquierda en Ecuador que acepta todo bajo el pretexto de no ser señalados como insurgencia, terrorismo, se someten y se " ponen de acuerdo" quienes pueden participar "aceptados" oficialmente en la política nacional, reduciendo los alcances de la lucha a un ejercicio electorero de forma periódica. Llegamos así a las sucesivas campañas de participación popular que pugna por ser independiente del molde electorero, escapan así del control del PCE y PSE, y se perfila con nitidez el papel que tendrá en adelante la presencia del PCMLE, a no dudar es el de colaboracionismo y chantaje para obtener concesiones de la burguesía, en los sucesivos gobiernos de los capitalistas, cuya máxima demostración fue el papel que jugaron en los intentos por impedir, hasta el último día, la caída del gobierno del coronel Lucio Gutiérrez, disputando este mismo rol con la embajada norteamericana, con el PCE y los restos del PSE fraccionado en varias tendencias, siendo colaboracionistas todas.

¿Qué ocurría con la izquierda no electorera ni colaboracionista? Una de sus fracciones, la que conformó OPMs, había sido derrotada en su indudable exitosa, novedosa inicialmente, experiencia político militar, pero sus efectos generaron la auto represión y enclaustramiento de los otros sectores revolucionarios que debían señalar públicamente su "distanciamiento de los métodos PM" arrinconadas y obligadas, todas las fracciones de la izquierda revolucionaria implicadas en la aventura PM, a tranzar, desde posiciones de derrota.

La entrega de armas y firmar acuerdos de no volver a "portarse mal" con los gobiernos de la burguesía, ante la complaciente y sancionadora mirada de los partidos de la izquierda oficial electorera. Hay que reconocer que las formaciones de izquierda legal habían sido ya derrotadas previamente en este proceso de concesiones continuas y cada vez más profundas, "encunetándose" en la socialdemocratización.

Hay una doble dinámica en el campo de la izquierda: mientras las OPMs son derrotadas y llevadas casi al exterminio, infiltradas y en medio de un creciente proceso de defección, otras organizaciones revolucionarias experimentan procesos fraccionales, que en parte son resultados de la incidencia de la estrategia electorera de la burguesía y el imperialismo, y también por un proceso de infiltración y direccionamiento de los órganos de inteligencia del Estado.

Este fraccionamiento encuentra a un sector de izquierda revolucionaria replegada ante la represión estatal, cuidándose de ser involucrados, contra todo lo que aparezca como promoviendo métodos de lucha insurreccional, sin lograr capitalizar la segunda parte de la doble dinámica, cual es el ánimo y simpatía creciente en las masas populares a favor de un proceso insurreccional. Estas son las variables a poner en el debate para calificar el inicio de la derrota estratégica del conjunto de fuerzas de la izquierda en todos sus componentes.

El terreno fértil de carácter revolucionario en la masa, que refleja un acumulado hacia la izquierda, caminando en el sendero de construcción como sujeto social imperfecto, pero con posibilidades de dar un salto cualitativo, no tiene un acompañamiento para profundizar su radicalización por parte de las estructuras orgánicas de la izquierda que ejercen, en la práctica, mecanismos de freno a ese empuje de las masas.

En ese estado de situación ocurre la estafa del siglo, el conocido como "feriado bancario" y la dolarización, que provocan una reacción popular, capitalizada por la escuela de guerra en Ecuador, oficiales militares viajan a la República Argentina, auspiciados por las FFAA Argentinas y la Embajada USA, se reúnen en seminarios y procesos de capacitación, diseño de estrategias para captar los gobiernos en Latinoamérica, el asesor y conferencista principal es el conocido agente, de origen alemán, Heinz Dietrich, cuyos objetivos, no declarados, eran neutralizar la emergencia popular y abortar el reposicionamiento de la fuerza y unidad de las estructuras orgánicas de la izquierda revolucionaria y de la izquierda legal. Poco se ha estudiado y referido el rol jugado por Dietrich en relación a la tarea de educación y nucleamiento de la oficialidad de varios ejércitos latinoamericanos constituyéndolos en dirigentes de procesos sociales en sustitución del liderazgo de una izquierda autónoma, es clave su participación en el proceso venezolano y ecuatoriano. El primero se "le escapa de control" debido en gran medida a la participación de Cuba que logra radicalizar a Hugo Chávez y darle sostenimiento a ese proceso, "echarle aire como inflándolo" según el decir de Robertico, agregado en Ecuador. No así en el caso del Ecuador, cuyo pupilo el coronel Lucio Gutiérrez, "fracasó en el intento" producto de la falta de acuerdos entre las fracciones de la burguesía  y los "bandazos del coronel" y sus apoyos desde la izquierda legal como el PCE, PCMLE; esto fue aprovechado por las fracciones de la burguesía que desarrollaron un proceso en unidad de las nacientes fuerzas neofascistas, conducido por la burguesía y convertidas en fuerzas de choque instaladas en la pequeña burguesía citadina especialmente de Quito, con su renovada característica neofacista, racista, anticomunista, lograron disputar la "conducción del proceso" a los sectores de izquierda y arrastrar tras de sus consignas y métodos de lucha, a importantes sectores populares urbanos, especialmente de Quito, para provocar la salida de Lucio Gutiérrez del gobierno, orquestada por la oligarquía nuevamente, como en el caso de Abdalá.

En esta "caída de gobierno" el aprendizaje popular "mejora" la calidad de la respuesta social, no sucede así en el campo de la izquierda, que no tuvo rol dirigente en este proceso, sino más bien un importante sector de la izquierda electorera actuó saboteando las marchas y actuando como "infiltrados provocadores" para reducir el impacto de la lucha en las calles y como defensores de sus carguitos en la burocracia gubernamental, enfrentados a la avalancha del movimiento social contra el gobierno de Lucio Gutiérrez. Otros sectores de izquierda autodenominados de izquierda revolucionaria, descolocados y desconcertados, cumplieron el papel de observadores y cronistas de ese movimiento extraño en el cual no pintaron nada en absoluto y se negaron a ser "furgón de cola", sus razones tendrían, habrá que establecer su situación real en ese momento, pero lo que sí es una conclusión es que los partidos de la izquierda electorera que estaban integrados al gobierno de Lucio Gutiérrez -PCE, PCMLE- así como el resto de la izquierda no legal, no pudieron articular objetivos de conducción de ese movimiento, que finalmente solo ayudó a profundizar el proceso ya avanzado de derrota de la izquierda en su conjunto.

Pero hay que resaltar la doble dinámica que estamos sosteniendo a lo largo de este artículo, que se evidencia en lo siguiente: uno, la derrota de la izquierda orgánica en su conjunto y otro, el crecimiento de opciones populares masivas, independientes, sin nexos orgánicos con la izquierda, esto es lo que realmente preocuparía a la burguesía y al imperialismo, la masa aprende y crece como "sujeto social en construcción y perfeccionamiento continuo".

Izquierda “prostática” y derecha “revitalizada”

El proceso electoral de 2006, pone en crisis las opciones de la ultra derecha y de la izquierda electorera, el imperialismo decide jugar "a tres bandas": un representante de la oligarquía, Álvaro Noboa, otro "un emisario" abogado del capital financiero y de la banca, así como de empresarios vinculados al capital comercial, el abogado León Roldos, y el tercero su "carta tapada", tercero no pensado, apostando por un progresista de derecha, el economista Rafael Correa.

Los objetivos claros por los cuales apostaba el imperialismo, fueron: 1. Reducir la posibilidad de que los trabajadores y demás sectores populares, construyan una alianza independiente y enmarcada en un proyecto revolucionario; 2. fomentar la estructuración de un frente que articule a los restos de los partidos de la izquierda legal y a organizaciones que surgen del financiamiento directo de la USAID y ONG europeas especialmente alemanas, controladas por los estrategas de la CIA; y 3. Un tercer objetivo importantísimo: desmovilizar al movimiento social que cada vez se perfilaba con mayor independencia, radicalidad y capacidad de interpelación al poder capitalista  y a los gobiernos de turno. Este movimiento es creciente y sostenidamente antiimperialista, antineoliberal, nacionalista.

Las tres opciones de la embajada son evaluadas en escenarios de diseño estratégico, valorando cuál de las opciones podría garantizar el cumplimiento de los objetivos, ante la crisis de dirección y conducción por parte de la burguesía y fracaso de las maniobras imperialistas para controlar el crecimiento autónomo de la respuesta popular; ocurre, en ese marco de correlación de fuerzas, el resultado electoral del 2006, en el que triunfa  la tercera opción de la embajada, que aglutinó desde socialdemócratas de derecha (ID), izquierda electorera PCE, PSE, PCMLE y arrastró tras de sí al movimiento social en ascenso, estructurando un gobierno reformista, con barniz de demócratas, con personajes vinculados a todos los espectros políticos tanto de derecha como de la izquierda electorera, que al encontrarse con esta oportunidad y dado que el proceso de arriar las banderas de la lucha independiente con carácter de clase hace rato que ya había iniciado pues había defeccionado hacia el entreguismo y el colaboracionismo con diferentes gobiernos de la burguesía.

Es decir, el triunfante gobierno es social demócrata y tiene un discurso y propuestas que en nada alterarían sensiblemente la estabilidad del sistema capitalista, por eso mismo, debe considerarse como un resultante permitido por la clase dominante, dada su crisis de dirección. Los personajes, sean de izquierda o derecha, que se integraron a la administración del Gobierno y el Estado, cumplieron su rol como cualquier burócrata sin provocar ninguna contrariedad a la orientación e intereses de la "amalgama" del grupo dominante, emergente y permitido oficialmente por el gobierno de EEUU y con el beneplácito de la burguesía "progresista" ecuatoriana, que se estructura y aglutina para dirigir los abundantes y tentadores negocios desde el Ejecutivo.

La izquierda legal y electorera no tuvo un papel organizador, movilizador, constructor de una opción de poder popular y mucho menos de construcción de un "sujeto social" que dispute el poder, al contrario fueron cómplices de las acciones autoritarias, disciplinadoras y liquidadoras en contra del movimiento sindical de obreros, empleados, profesionales, movimiento indígena, sirviendo de promotores y conductores de estas acciones, así se marcaba definitivamente la derrota estratégica de esa izquierda, pero nuevamente opera la doble dinámica, la masa crece en conciencia y aprendizaje de movilización y esperanza limitada a la acción y voluntad del caudillo, que debemos entender como un marco tipo "camisa de fuerza" estrictamente limitado al proceso electoral, que es su mayor vulnerabilidad, vacío de contenido revolucionario, aunque la narrativa y relato de la dirigencia de esa agrupación política que conduce el gobierno hable de conquistas democráticas y "progresismo", realmente son parte de un programa democrático burgués, capitalista.

Esta es la real derrota de una izquierda que ha venido de defección en defección, hipotecando las banderas y en franco proceso de socialdemocratización.

Por los caminos del reencuentro, o reencontrar los caminos de-colonizados y de-construidos

Vivimos la era del Internet de las comunicaciones a velocidad vertiginosa y del Internet de las cosas, hoy se compra on-line, cada día más[60], y esto supone un cambio de relacionamiento de los seres humanos con los mercados, aquellas formas y estructuras donde se realiza la materialidad de las relaciones humanas donde se relacionan compradores y vendedores con un objetivo: "la propiedad", hoy ceden paso y se "inmaterializan", se convierten en usuarios y servidores, adquieren acceso a servicios con valor de experiencia vital, esa es la nueva disputa del comercio, cuánto tiempo puede controlar, monopolizar nuestra expectativa de vida, esa es la nueva propiedad, para planificar sus ganancias a lo largo de nuestro tiempo de vida que reste desde el momento en que somos capturados en la red, y se deprecia la propiedad física, como metáfora de acumulación capitalista, que mandaba: tener, retener, acumular esa "forma de motor social" muta hacia valores de uso que seguirán rindiendo frutos a sus propietarios pero ya no son o ya no serán los principales ejes de acumulación, para lograr mantener su tasa de ganancia, el capital ha encontrado una forma de crecer exponencialmente, sin control, que siempre fue su ideal, aspiración que se materializa en la afirmación de que hoy es capital ficticio, incontrolable, sin base material, aparente, que exprese su valor, capital sujeto a los mecanismos de hiper especulación vertiginosa, provocando la quiebra de millones de incautos.

En el cibercapitalismo, la confianza en las transacciones en red es condición y máxima, pero nada ni nadie puede garantizar la "volatilidad" del capital ficticio con millones de algoritmos que dominan las comunicaciones en red.

Entonces tenemos una nueva matriz de organización de la vida social, asistimos al  progresivo desplazamiento del espacio de realización de la vida social, económica, desde la geografía física al ciberespacio, una descomposición de las variables que configuran la clásica composición orgánica del capital basada en las reglas determinantes del capitalismo industrial hacia una composición orgánica que configura un énfasis en el capitalismo cultural, que traslada el "leitmotiv" de la era precedente del capitalismo, que era y todavía es la propiedad como "insignia" y motor de crecimiento individual y de clase, hacia el cibercapitalismo, donde  la propiedad (física) cede campo al Acceso, en su sentido como verbo, (principalizando la propiedad intelectual, el conocimiento, la experiencia vital), el carácter específico de la Era actual que determina el carácter del aumento de la composición orgánica del capital (capital constante: tecnología, infraestructura digital, redes, big data; insumos y materia prima: adquisición de datos, software, algoritmos, y licencias); mano de obra: que tiende a disminuir su costo por la automatización. 

A manera de conclusión, en la era del capitalismo industrial el ser social fue el proletario, fue su resultado y nuestras propuestas de lucha y organización tienen pertinencia en ese nuestro sujeto social liberador del todo, en cambio en la era del cibercapitalismo, ¿qué sujeto social es y será el resultado de la actual composición orgánica del capital que sea el sujeto objetivo a inducir la conciencia revolucionaria, que llevará adelante la tarea de tomar el poder y liberar la sociedad?

En el sentido de esta gran interrogante, surge otra de gran importancia para poder identificar las características del sujeto social en construcción y natural contradictor del capital en su Era de cibercapitalismo, nos debemos preguntar: ¿Qué pasa con la tasa de ganancia? Impacta a la baja en la tasa de ganancia en promedio y puede llevar al desencadenamiento de la CRISIS.

Indudablemente, este marco de referencia de la realidad, en este tiempo, establece las opciones para pensar en la reestructuración de los ejes estratégicos y tácticos de acción y acumulación de fuerzas desde los objetivos estratégicos de izquierda, que en primer lugar está la toma del poder.

Un segundo interrogante es la creación de la plusvalía, es decir del capital, en la era de la robotización cada vez dependerá menos del desgaste de la mano de obra, de la fuerza de trabajo y por tanto el tránsito hacia la desvalorización y progresiva pérdida de significancia del aporte humano a la generación de plusvalor con cuyo proceso da inicio a su desvalorización en la construcción colectiva del proletario, clase en sí, y avanza el indetenible proceso de deshumanización de los procesos productivos, re-especializando a la fuerza de trabajo, a su vez descartando inmensos contingentes humanos que no logran repotenciarse, recalificarse, re-especializarse. Este es el nuevo teatro de operaciones de la contradicción principal donde debemos actuar.

El Acceso, como verbo, es la metáfora más potente de la nueva Era, " quién está incluido y quién está excluido", tocar sus "estructuras" desde cualquier instancia nacional, es capaz de conmocionar grandes colectivos, como en la reciente explosión de las masas Z en Nepal, demuestran su utilidad y profundidad en la vida humana actual.

Varios estudios indican que solo una quinta parte de la humanidad vive plenamente en el disfrute del Acceso, pero, prácticamente toda la humanidad está dependiente de la red global única de comunicaciones, como que fuese "la red un sistema nervioso global", hay un traslado total de las comunicaciones desde las formas analógicas a las digitales que acelera la convergencia.

Los cambios en la organización social que son determinados por la existencia de redes de comunicación también provocan transformaciones en la naturaleza de las percepciones y relaciones entre los seres humanos. Es decir, nuestra propia existencia cotidiana está siendo mercantilizada y objeto de total control para comercializar la cultura, conocimiento, información, experiencia vital incluidas, como las fantasías; ese es el nuevo campo de disputa de la izquierda.

Proteicos y proletarios

Nuestro nuevo-viejo sujeto social producto de la nueva Era, vive en un mundo más "teatral" que ideológico, orientado más por el ethos del juego que por el ethos del trabajo.

El acceso es una forma de vida, aunque la propiedad es importante, es MÁS IMPORTANTE estar conectados.

La generación Z, existe y debemos interrogar cómo se ven a sí mismos como nodos de una red de intereses compartidos, como agentes autónomos sobreviviendo competitivamente.

La libertad personal no está totalmente relacionada con el derecho de posesión y tampoco con la capacidad de exclusión a otros, ES LIBERTAD ESTAR INCLUIDO EN LAS REDES DE INTERRELACIÓN. Cuanto más incluidos se sienten menos libertad real tienen, esa paradoja del incremento de la sensación y ejercicio de autonomía individual al conectarse a las redes, a su vez incrementa la dependencia y reduce el pensamiento crítico por la sobreexposición a contenidos modificatorios culturales en primer lugar, conciénciales anulatorios de autonomía real y colonizadores en el campo comportamental forzando la respuesta anti colectiva, es el nuevo producto deforme social, con el cual debemos operar los procesos de re-colectivización y resignificación del quehacer.



[1] Segunda Declaración de La Habana: La Habana, 4 de febrero de 1962. Unión de Juventudes Comunistas de España, Madrid. 2019.

[2] Historia de las luchas populares. CEDIS. Quito. 1989.

[3] La Unidad de la Izquierda: entre la ilusión y el fracaso. Revista Utopía. Guayaquil. Edición digital. 2025.

[4] De Bolívar al Frente Sandinista. M. Aguirre, A. Montes. Ediciones De La Torre. Madrid. 1979.

[5] Declaración de principios de URJE. Editorial Espejo S.A. Quito, 1961.

[6] URJE, en pie de lucha. Diario El Pueblo. Edición 234. Quito, 19 de febrero de 1960.

[7] Ecuador 1960-1990: Insurgencia, democracia y dictadura. Villamizar Dario. Editorial El Conejo, Quito. 1990.

[8] La realidad de Ecuador y América Latina en el siglo XX. Aguirre Manuel. Ediciones La Tierra y Universidad Andina Simón Bolívar. Quito. 2018.

[9] Declaración de principios del MIR. 1965.

[10] Fabián Paredes Vanegas, “MONTALVO Y LA INTERNACIONAL DE TRABAJADORES” https://www.elheraldo.com.ec/montalvo-y-la-internacional-de-trabajadores/

[11] Víctor Vergara, “El asesinato de García Moreno, 6 de agosto de 1875” https://revistamundodiners.com/mundo-diners-plus/asesinato-garcia-moreno/

[12]Ecuador. Alfarismo, referente del proyecto popular por la liberación social y nacional”. Publicado el 6 Jun, 2018 por Juan Francisco Torres https://www.resumenlatinoamericano.org/2018/06/06/ecuador-alfarismo-referente-del-proyecto-popular-por-la-liberacion-social-y-nacional/

[15] Patricio Icaza, Historia del Movimiento Obrero Ecuatoriano

[16] Oscar Efrén Reyes, Historia General del Ecuador

[18] Diálogos con Rodrigo León y testimonio personal

[19] Revista Vistazo, noviembre 1961

[20] Revista Vistazo, noviembre 1961. “No murieron en vano”, como homenaje a los estudiantes del Colegio Vicente Rocafuerte, caídos en esas jornadas.

[21] Rodolfo Pérez Pimentel, diccionario biográfico ecuatoriano

[23] Algunos de los textos aquí citados sobre URJE, son de Sergio Román Armendáriz, del documento “URJE”, ¡LUCHA HEROICA POR UNA PATRIA NUEVA! https://www.sergioroman.com/bitacoras_detail.php?Bit_id=186

[24] https://rodolfoperezpimentel.com/alvarado-loor-carlos/ Algunas referencias sobre Coquim Alvarado y URJE, son tomadas de este sitio de Rodolfo Pérez Pimentel.

[26] Otros detalles de las acciones de Coquim Alvarado y sus compañeros más cercanos, se puede ver en uno de los textos complementarios, que fue publicado por el medio electrónico alternativo la Línea de Fuego. https://lalineadefuego.info/coquim-alvarado-heroe-villano-o-revolucionario-extraviado-hugo-noboa-y-tomas-rodriguez-leon/

[27] Una breve nota sobre Fausto Vargas, ver en textos complementarios.

[28] Ver: German Rodas Chaves, La Izquierda Ecuatoriana en el siglo XX (Aproximación histórica), Quito, Ed. Abya-Yala, 2000.

[29] El quinto y último gobierno de Velasco Ibarra ocurre entre septiembre de 1968 y febrero de 1972, en que es derrocado y reemplazado por la dictadura militar de Guillermo Rodríguez Lara, al inicio del boom petrolero. Velasco Ibarra declaró la dictadura civil en junio de 1970, luego de una crisis de gobernabilidad y levantamientos populares.

[31] Ver Causa Proletaria, Año XLVI – Nº 67, enero 2019

[32] Ver más sobre Fausto Vargas, en textos complementarios.

[33] Ver en textos complementarios: “29 de Mayo de 1969. Una historia más… sin arrepentimientos” de Julio Alberto “Inti” Ayala Macías

[34] Relato de Raúl Borja en la sección anterior (Movimiento Rumiñahui). Ver también en textos complementarios “Coquim Alvarado: héroe, villano o revolucionario extraviado”.

[35] Hay dos historias en el libro “La Dignidad de la Memoria” (Quito, CEAS, 2025): “¡Gangotena!” de Carlos Arcos Cabrera y “Que cómo así fuiste para Chile” de Fausto Corral Guevara (ésta última, en textos complementarios). Son dos historias diferentes, con suertes diferentes. Ambos militantes del MIR ecuatoriano, Fausto Corral, que llegó a Chile en 1971, pudo salir, junto a otros jóvenes ecuatorianos, justo al momento en que se daba el golpe del 11 de septiembre; mientras que Alfredo Gangotena, que llegó a Chile en 1973, fue asesinado por la dictadura.

[36] Procesos, Revista Ecuatoriana de Historia, Nº 11, 1997, Corporación Editora Nacional, Quito

[37] Comisión por la verdad

[38] Muchos dicen que AVC se creó fundamentalmente sobre la base de ex militantes del MIR.

[39] Chile: la canción política como método de supervivencia. La historia de Karaxú, el grupo musical del MIR.” Resumen Latinoamericano, 13 de noviembre de 2020. (Consultado el 1 de abril de 2026) https://www.resumenlatinoamericano.org/2020/11/13/chile-la-cancion-politica-como-metodo-de-supervivencia-la-historia-de-karaxu-el-grupo-musical-del-mir/

 

[40] Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos. México: Itaca, 2008.

[41] León Febres-Cordero, presidente de la República del Ecuador entre 1984 y 1988, cuyo gobierno estuvo marcado por políticas de seguridad interna y denuncias de violaciones a derechos humanos en el contexto de la lucha contra grupos insurgentes.

[42] Rodrigo Borja Cevallos, presidente de la República del Ecuador entre 1988 y 1992, líder de la Izquierda Democrática, cuyo gobierno impulsó reformas institucionales en un contexto de crisis económica y reconfiguración del campo político.

[43] “Cuatro visitas de Fidel Castro al Ecuador”, Plan V, (consultado el 1 de abril de 2026): https://planv.com.ec/historias/cuatro-visitas-fidel-al-ecuador/

[44] Ernesto Che Guevara, “El socialismo y el hombre en Cuba”, en Obras escogidas (La Habana: Casa de las Américas, 1977).

[45] Rita Segato, La guerra contra las mujeres (Madrid: Traficantes de Sueños, 2016).

[46] José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana (Lima: Amauta, 1928).

[47] Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX (Barcelona: Crítica, 1998).

[48] Fidel Castro, “Primera Declaración de La Habana”, discurso pronunciado el 2 de septiembre de 1960, La Habana, Cuba.

[49] Silvia Federici, Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria (Madrid: Traficantes de Sueños, 2010).

[50] Lucio Gutiérrez, presidente de la República del Ecuador entre 2003 y 2005, cuyo gobierno estuvo marcado por una fuerte inestabilidad política y culminó con su destitución tras movilizaciones sociales en abril de 2005.

[51] Amigo cercano al MIR

[52] Sabemos que muchos militantes cuestionan símbolos como himnos, banderas, o calificativos de “héroes” o “mártires” para compañeros caídos en la lucha. Y hay razones de peso para esos cuestionamientos. Sin embargo, fueron y son símbolos utilizados en la izquierda mundial.

[53] En base a algunos testimonios y una reseña biográfica de Carlos Alvarado Loor, por el historiador Rodolfo Pérez Pimentel https://rodolfoperezpimentel.com/alvarado-loor-carlos/ y a un documento de Sergio Román Armendáriz, “’URJE’, ¡Lucha Heroica Por Una Patria Nueva!” en el que destaca el papel de Coquim en la fundación de URJE https://www.sergioroman.com/bitacoras_detail.php?Bit_id=186

[54] Muchos utilizan equivocadamente “Coquín” para referirse a Carlos Alvarado Loor, pero en realidad fue “Coquim”, un sobrenombre que tuvo desde su niñez.

[55] Dimitri Barreto, estudiante de primer año de la UCE en ese entonces (llegó a ser decano de Medicina), relata lo ocurrido frente a la Universidad Central: “Estaba cerrada la avenida América desde el seminario hasta la Pérez Guerrero, que no se llamaba así todavía, todo cerrado porque había protestas estudiantiles. De pronto, irrumpe un carro militar, yo creo que fue una provocación. Coquín Alvarado salió con gente, le pararon, cogieron el carro y le quemaron frente al Teatro Universitario.” Entrevista de Pablo Cuvi, ANALES, Universidad Central del Ecuador, No. 377 Quito – Ecuador, 2019

[56] Germán Toro, “Nacer tres veces ante el pelotón de fusilamiento”, en La Dignidad de la Memoria / Chile, 11 de septiembre de 1973. CEAS, Quito, 2025

[57] A inicios del año 1967.

[58] Tamayo Verdezoto, Jhonny (2017). HISTORIA DEL MOVIMIENTO UNIVERSITARIO EN EL ECUADOR. Quito: Graffiti. https://www.aacademica.org/jhonny.tamayo.verdezoto/2.pdf

[59] Publicado originalmente en “La Dignidad de la Memoria. Chile, septiembre 1973”, CEAS, Quito, Ecuador 2025. Se reproduce con la autorización de Fausto Corral.

[60] En 2003 las ventas on-line fueron de 1,3 billones de US$ y en 2024 fueron de 6,09 billones de US$ para un crecimiento anual de 8,4% en el conjunto de la economía global, que supone un incremento de compradores on-line y ventas por valor de 600 mil millones. En 22 años ha crecido 468,4%

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