COQUIM ALVARADO: ¿héroe, villano o revolucionario extraviado?[1]

Por Hugo Noboa Cruz y Tomás Rodríguez León


Foto de un homenaje a Coquim Alvarado (con su retrato) en la Facultad de Comunicación Social (FACSO) de la Universidad de Guayaquil. Tomado del muro https://www.facebook.com/facsoug

Por su puesto que, para la oligarquía ecuatoriana, para las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, para la dictadura militar de Castro Jijón y la dictadura de Velasco Ibarra, pero también para la embajada de Estados Unidos de Norteamérica, e incluso para la dictadura de Pinochet, Carlos Alvarado Loor (“Coquim[2] Alvarado”), fue un villano.

Y no sólo para ellos, tuvo también enemigos dentro de organizaciones ecuatorianas de izquierda. Cuentan que, en una ocasión, en un congreso de la FEUE en la Universidad Central de Ecuador, los ánimos se caldearon tanto, que Milton Reyes (aunque ambos fueron compañeros en URJE pocos años atrás) sacó un revolver y disparó contra Coquim, que pudo evadir el tiro. Cierto o no este episodio, da cuenta de la polémica que su presencia causaba.

Incluso desde algunos sectores de la izquierda a Coquim se le acusó de ser agente de la CIA (cosa que era muy común en esos tiempos entre rivales políticos, más incluso luego de la aparición del diario de la CIA de Philip Agee), acusaciones sin fundamento que nunca pudieron ser demostradas.

Todo ello, ayudó a crear la leyenda de Carlos Alvarado Loor como un villano. En la rivalidad política de esa época, todo valía.

Al contrario, la gente del pueblo que había tenido contacto con sus audaces acciones, con la repartición de víveres incautados, le apreciaba mucho. Le respetaban por su gran valentía, por sus desafíos al poder y porque nunca claudicó. La revolución cubana lo mimaba, de hecho, murió en un hospital de La Habana en 1992. Para el pueblo que lo conoció, fue un héroe, no de los comics ni de Hollywood, sino una especie de Robin Hood criollo, un Naún Briones urbano.

Para ser justos, más que los dos calificativos, de villano o de héroe, le cabe más bien el de “revolucionario extraviado”. No era muy afín a la disciplina partidaria, más bien muy explosivo, de acción directa; lo cual le trajo varios problemas.

Poco antes de su fallecimiento, con su fino sentido del humor, sabiendo que la muerte nos puede sorprender en cualquier momento, dijo: “Neruda escribió ‘Confieso que he vivido’, yo debo escribir ‘Confieso que he jodido’”, y sí que jodió.

Al momento de su fallecimiento, había dejado hace poco las funciones de Decano de la Facultad de Comunicación Social (FACSO) de la Universidad de Guayaquil. Sus colegas docentes y los estudiantes lo querían mucho, por su compromiso y dedicación; incluso ayudó a conseguir el terreno donde se construyó el edificio de la facultad, y fue uno de sus fundadores, antes de ello apenas era una carrera o una escuela dentro de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación. La FACSO le sigue rindiendo homenajes hasta la actualidad.

Coquim Alvarado fue un personaje fundamental en la constitución y acciones de la Unión Revolucionaria de las Juventudes Ecuatorianas (URJE), entre 1959 y 1963. Estuvo en 1962 en el campamento del Toachi, y fue uno de los que logró escapar al cerco militar, gracias a su conocida audacia, sin embargo, fue capturado días más tarde en casa de una familia campesina donde se había refugiado.

Sergio Roman Armendáriz, quien fuera Secretario General de la Administración durante el gobierno de Jaime Roldos Aguilera, y miembro activo de URJE, recuerda que “militó en la célula barrial urjista ubicada en la esquina de las calles 10 de Agosto y Boyacá de Guayaquil, bajo la jefatura de Carlos Alvarado Loor (Coquín) donde concurría la ‘gallada’ de la época, entre los cuales recuerda a Francisco Mármol (Patojo) con quien (y con Coquín y con Edison Carrera Cazar) además estuvo en el Toachi representando el destacamento guayaquileño en esa acción.”

Luego de la extinción de URJE y una vez libre de su primera detención, Coquim fue el lazo entre lo que quedaba de la organización juvenil y la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) del Ecuador, en un proceso que duró entre 1965 y 1967. De hecho, fundó el primer núcleo del MIR en Guayaquil con Alba Chávez y “Tato” Tobar.

Con la herencia de la vena insurgente armada de URJE, los primeros años del MIR fueron de acciones de corte militar, y Coquim Alvarado fue uno de los “comandantes” más activos, sobre todo en Quito y Guayaquil. Al Igual que otra leyenda, el “Caco” Vera, lo fue en Manabí y Los Ríos, enfrentando la explotación y abusos de terratenientes. Vera, junto al “Flaco” López en Manabí, el “Tato” Tobar y Alba Chávez en Guayas, fueron otros símbolos de los primeros años del MIR, y bien valdría también que alguien haga un recuento de sus vidas muy activas.

Las acciones bajo el liderazgo de Coquim fueron múltiples, e incluyeron la incautación de víveres de camiones de empresas alimentarias, que los repartían entre la población, lo que provocaba gran simpatía entre la misma. Una de las acciones más audaces, narrada por Pérez Pimentel: “El 27 de marzo de 1966 encabezó una de las tantas manifestaciones contra la Junta Militar de Gobierno y al atravesar la Avenida América toparon a un camión del Servicio Geográfico Militar que portaba gran cantidad de conservas para la embajada norteamericana, por lo cual fue asaltado y tras repartir generosamente las conservas entre la gente curiosa que se aglomeró y aplaudió el gesto”, los manifestantes incendiaron el camión[3]. Ese hecho provocó la invasión militar a la Universidad esa misma tarde, en una verdadera operación de guerra; hubo cientos de detenidos, heridos y golpeados, los militares asesinaron a Eloy Baquero Lugo, estudiante de Ingeniería. Pero fue también el puntillazo para la caída de la junta militar, la dictadura duró sólo tres días después de ese episodio.

La vida de Coquim siempre fue muy azarosa, fue detenido varias veces, conoció varias cárceles, pero también pudo escapar de algunos cautiverios. Participó en acontecimientos históricos muy relevantes, como la lucha de los estudiantes guayaquileños contra el abuso de los militares contra los conscriptos, que provocó la muerte de un joven conscripto en Portoviejo, lo cual terminó en la masacre (oficialmente el gobierno reconoció 30 estudiantes fallecidos, pero se supo que fueron más de un centenar) de junio de 1959 en Guayaquil, durante el gobierno conservador de Camilo Ponce Enríquez. Diez años más tarde, en 1969, participó en la toma de la Casona Universitaria por el libre ingreso a las universidades públicas, que igualmente terminó en masacre, en ese entonces el responsable de los crímenes fue el gobierno de Velasco Ibarra, poco antes de que se declaré dictador.

Coquim Alvarado se movía con mucha agilidad entre Guayaquil, Quito y otros lugares del país, según las necesidades. Como aquella ocasión en que los estudiantes secundarios y universitarios recibimos a Nelson Rockefeller con huevos y tomates en el Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre de Quito, cuando todo Quito se encendió; Coquim fue uno de los más activos.

Tuvo que salir huyendo varias veces del país. La primera vez, luego del episodio del Toachi y su detención; estuvo en Brasil y en Cuba, en esta última se sumó a las milicias populares que enfrentaron a los anti castristas promovidos por la CIA en Escambray. En otras ocasiones estuvo en México, Argentina, Chile, Perú, China y varias veces en Cuba; algunas, coincidiendo con momentos críticos, como la masacre de Tlatelolco del 68 o el golpe militar de Pinochet en el 73.

Pero, esa militancia tan convulsa, desatendiendo muchas veces las directrices de su partido, que puso en riesgo a otras personas incluyendo sus propios compañeros, llevó a la expulsión del MIR de Coquim y su grupo más cercano, en el año 1970.

Su exilio más prolongado, que duró siete años, comenzó luego de su expulsión, durante la dictadura de Velasco Ibarra, cuando fue perseguido implacablemente por grupos de “inteligencia” de la Policía y las FFAA. El 7 de diciembre de 1970, junto a su compañera Alba Chávez y otros ex militantes del MIR perseguidos, lograron asilarse en la Embajada de Chile en Quito; un grupo del Cuerpo Especial de Paracaidistas rodeó el edificio de la embajada, sin embargo, el 9 de diciembre, bajo la protección del embajador chileno (representante del recientemente posesionado gobierno de Salvador Allende) y personal de la embajada, lograron viajar a Santiago de Chile, donde se incorporaron activamente al proceso de la Unidad Popular, hasta el golpe del 11 de septiembre de 1973; posiblemente militaron en el MIR chileno, aunque no hay referencias al respecto

Con el golpe del 11 de septiembre, como muchos ecuatorianos, luego de dudarlo varias veces (testimonio de Camilo Restrepo Guzmán), Coquim buscó refugio en la residencia del embajador en Santiago. Un testigo presencial de los hechos[4], asegura que el embajador Alfredo Correa se opuso tenazmente a la entrada de Coquim y su esposa, seguramente alertado por el gobierno de Rodríguez Lara, al cual representaba diplomáticamente. Es probable que la presión de los otros asilados y de la hija del embajador, quien salvó a muchos de los refugiados, permitieron que Coquim, su hija y Alba, que estaba embarazada, permanezcan asilados en la residencia del embajador, de lo contrario, su captura y muerte hubieran sido casi un hecho.

Según relata Pérez Pimentel, tomando palabras de Alba Pérez, Coquim y Alba fueron los últimos en salir de la residencia del embajador, mientras el resto de asilados fueron llevados al Ecuador u otros destinos. El viaje al Ecuador hubiera significado detención segura, por lo que el embajador Correa propuso y concretó su traslado a la abarrotada embajada de Argentina, donde Alba perdió su bebe en gestación después de ser conducida de urgencia a un hospital. Alba y su hija fueron primero para Argentina y más tarde Coquim; ante la amenaza de extradición solicitada por la dictadura de Pinochet, viajaron en forma precipitada, primero a Lima y luego a La Habana. Permanecieron entre Cuba y Perú hasta el retorno definitivo al Ecuador en diciembre de 1976.

De retorno a la Universidad de Guayaquil, donde se graduó Coquim de comunicador social, asumió luego la docencia, fundó la FACSO y llegó a ser su decano casi al final de su vida.

El largo exilio los desvinculó totalmente de cualquier militancia en el Ecuador. Nunca más volvieron a militar en partido alguno; sin embargo, Alba fue alguna vez candidata a una dignidad por el Partido Socialista Ecuatoriano. Y, sobre todo, desde la FACSO, apoyaron (contando con el compromiso de Diego Polit desde el rectorado) muchas iniciativas de diferentes organizaciones de izquierda y luchas de sindicatos, incluso de aquellas organizaciones con las cuales se habían confrontado en la década de 1960; la FACSO fue un refugio solidario. Militantes del MIR en Guayaquil, cuentan que Coquim, sin ser militante del partido, ayudó al fortalecimiento del Frente Obrero Revolucionario (FOR) uno de los frentes de masas del MIR (conocido como MIR Proletario), en las décadas de 1970 y 1980, y al funcionamiento de las “peñas obreras” en la ciudad.

Luego del exilio prolongado, y especialmente a partir de la década de 1980, la vida y las perspectivas políticas cambiaron totalmente para Coquim, para nada eran las de esos años convulsos de la juventud de los sesentas y comienzos de los setentas. Se dedicó, a más de la docencia, a otras tareas, como las de Amnistía Internacional en el Ecuador, o al estudio de la idea Juche.

En 1986, luego de una fallida candidatura con Acción Popular Revolucionaria Ecuatoriana (APRE), de Frank Vargas Pazos, fue acusado Coquim de ser parte de Alfaro Vive Carajo – AVC (al cual sí había apoyado), pero no hubo fundamentos para tal acusación, que fue desestimada. Lamentablemente, en ese proceso de AVC, había contribuido a la desarticulación de bases del FOR, algunos de los obreros miembros entraron en AVC y hubo víctimas entre ellos. El “revolucionario extraviado” seguía activo, comprometido, pero sus impulsos no orgánicos (seguramente con buena intención) también causaban daños. Difícil hacer un balance entre lo positivo y negativo de su accionar a lo largo de su vida relativamente corta, depende de la visión de cada uno.

A partir de un atentado contra Alba Chávez en Guayaquil (una explosión en su auto), supieron que persistían los enemigos del pasado. En 1991 decidieron trasladarse a vivir en Cuba, Coquim, Alba y su familia, donde fallece Coquim el 19 de marzo de 1992, poco antes de cumplir 53 años de edad.

hnc y trl / 13 febrero 2026

 

 



[1] En base a algunos testimonios; a una reseña biográfica de Carlos Alvarado Loor, por el historiador Rodolfo Pérez Pimentel https://rodolfoperezpimentel.com/alvarado-loor-carlos/; y a un documento de Sergio Román Armendáriz, “’URJE’, ¡Lucha Heroica Por Una Patria Nueva!” en el que destaca el papel de Coquim en la fundación de URJE https://www.sergioroman.com/bitacoras_detail.php?Bit_id=186

[2] Muchos utilizan equivocadamente “Coquín” para referirse a Carlos Alvarado Loor, pero en realidad fue “Coquim”, un sobrenombre que tuvo desde su niñez.

[3] Dimitri Barreto, estudiante de primer año de la UCE en ese entonces (llegó a ser decano de Medicina), relata lo ocurrido frente a la Universidad Central: “Estaba cerrada la avenida América desde el seminario hasta la Pérez Guerrero, que no se llamaba así todavía, todo cerrado porque había protestas estudiantiles. De pronto, irrumpe un carro militar, yo creo que fue una provocación. Coquín Alvarado salió con gente, le pararon, cogieron el carro y le quemaron frente al Teatro Universitario.” Entrevista de Pablo Cuvi, ANALES, Universidad Central del Ecuador, No. 377 Quito – Ecuador, 2019

[4] Germán Toro, “Nacer tres veces ante el pelotón de fusilamiento”, en La Dignidad de la Memoria / Chile, 11 de septiembre de 1973. CEAS, Quito, 2025

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