“LOS CANCHIS”,
VENA ARTÍSTICA Y CULTURAL SUBVERSIVA DE LOS AÑOS 70
Iniciaba la década de 1970 en el
Ecuador con la dictadura de Velasco Ibarra (quinto velasquismo 1968-1972), con
una fuerte represión al movimiento popular y a la izquierda. En mayo de 1969 se
había producido en la Casona Universitaria de Guayaquil la masacre de los
estudiantes que luchaban por el libre ingreso a las universidades públicas.
El quinto velasquismo se había
caracterizado por ser de los regímenes más represivos, incluso más que las
dictaduras militares. Durante el quinto velasquismo y su dictadura, fueron
asesinados: Rafael Brito, José Basurto y Luis Salazar del PSRE, Milton Reyes del
PCMLE, Raúl Cedeño y René Pinto del MIR, o el médico insurrecto Jaime Velásquez,
entre muchos combatientes revolucionarios.
Fue un período muy difícil para
los partidos y militantes de izquierda, para los artistas que militaban en la
izquierda; época de exilio también. En esas condiciones surge “Canchis” (los
siete poetas), inicialmente en el Colegio Mejía, pero pronto tuvieron como escenarios
las calles y plazas de Quito, sobre todo del centro histórico.
En general ha sido común en el
mundo que muchos destacados artistas, intelectuales y gestores culturales, han estado
ligados a partidos y movimientos de izquierda, o han compartido sus ideas de
transformación social. Los ejemplos son múltiples en todas las artes: la
literatura, las artes plásticas, el teatro, el cine, e incluso la arquitectura.
En nuestro país, muchos de los
grandes literatos del siglo XX, artistas plásticos, artistas escénicos, cineastas
y músicos, han estado ligados al PCE, al PSE/PSRE, al PCMLE, al MIR, al MRT…
Algunos han actuado en espacios bastante formales que brindan las instituciones
culturales oficiales. Pero otros escogieron escenarios más populares:
sindicatos, comunas, las calles, plazas y parques de las ciudades, las huelgas
y los levantamientos populares. Son de los que siempre están aportando solidariamente
en las luchas de los pueblos, aportando a la consciencia política del pueblo.
A raíz de la estructuración y
acciones de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana (URJE, 1959-1963)
surge en Quito (1962-1969) un colectivo contestatario de poetas y artistas escénicos,
“Los Tzánzicos”, que tratan de romper con los límites burgueses e
institucionales de las artes. Algunos de sus miembros más conocidos fueron: Ulises Estrella, Simón Corral, Marco Muñoz,
Leandro Katz, Alfonso Murriagui…
En Guayaquil, a fines de la
década de 1960 y en los años 70, con las mismas intenciones, se aglutinan
varios artistas populares bajo el nombre de “Los Sicoseos”, liderados por Fernando
Nieto Cadena, del que también fueron parte: Jorge Velasco Mackenzie, Fernando
Artieda, Héctor Alvarado Garay, Raúl Vallejo, Gaitán Villavicencio, Willington
Paredes y Fernando Balseca.
Sin embargo, tanto los Tzánzicos,
como los Sicoseos, a pesar de sus intenciones iniciales, terminaron acercándose
mucho a los espacios culturales y académicos oficiales, a los que criticaban
fuertemente en sus inicios.
La irrupción de “Los Canchis” en
cambio fue más radical, escogieron como ámbito a la calle y allí se quedaron
para siempre, influenciando incluso a muchos de los artistas populares de las
décadas de 1970 y 1980, como Jaime Guevara, Wilson Pico, Susana Reyes, Carlos
Michelena o Arístides Vargas, o hermanándose con ellos.
Hace un par de años, en un
intercambio de mensajes con el querido amigo poeta Ramiro Oviedo (parte de “la
Pedrada Zurda”), a propósito de su libro “El Ring del Poeta”, recordábamos la imagen
poderosa de Héctor Cisneros; y esas imágenes se completaron recientemente en
una conversación con Mesías Robalino, quien destaca la fortaleza de la estética
popular de “Los Canchis” a inicios de los años 70.
Los Canchis[1],
y especialmente sus figuras más visibles: Bruno Pino (“Juan Pino”, “Umakantao”)
https://www.youtube.com/watch?v=bFqBquS-nZ8
https://www.youtube.com/watch?v=dgv3A97ixuc,
Héctor Cisneros (“el poeta de las llecas”) https://www.youtube.com/watch?v=FmqJ_5FTQWM
y Diego Piñeiros (“Tamuka”), fueron artistas multifacéticos, especialmente
poetas y teatreros, o pintores, con autenticidad (como lo dice Hernán Zúñiga).
Pero también fueron militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR),
ejercían su militancia especialmente a través de las artes, y se comprometían con
la misma convicción en otras acciones subversivas. Una anécdota rememorada por el
hijo de Héctor Cisneros, relata aquella ocasión en que Héctor y Bruno,
cumpliendo una tarea partidaria, colocaron una caja con una bomba panfletaria
en un sitio público, la Plaza de San Francisco en Quito, pero al ver que unos
niños se acercaban demasiado a la caja, corrieron apresurados a retirarla y
dejarle a que explote en un lugar seguro, alejado de la gente; se perdió la
misión, pero se protegió a la gente, su gente.
Al decir de Santuzza Oberholzer, artista
suiza y compañera de Bruno Pino: actuaban siempre bajo la amenaza de la
represión policial, y protegidos por la misma población que montaba todo un
operativo de seguridad a su alrededor. “Era un teatro de guerrilla”, decía
Santuzza.
Sin embargo, si bien los artistas
de Canchis o algunos de ellos militaron en el MIR, no se trata de exagerar esa
relación, porque como sucede con muchos artistas ligados a partidos de izquierda,
nos llenamos de orgullo por quienes son, por su popularidad, pero a la hora de
apoyar su trabajo creativo y la difusión de su arte popular, o peor aún frente
a la adversidad, a la represión que sufren, generalmente los partidos
desaparecen, se desentienden; es el pueblo quien los protege. Por ello, Pino,
Cisneros, Piñeiros y todos quienes formaron parte de los Canchis se valieron
por sí mismos, fueron siempre libres, su arte fue libre, y el legado que
dejaron es universal, no puede atribuirse a un partido o a una organización política
en particular. Su arte trascendió la militancia partidaria.
A partir de Canchis, o inspirados
en su accionar, se crearon luego otras organizaciones artísticas y culturales
populares, como “La Pedrada Zurda”, colectivo de poetas y escritores, del que
han formado parte, entre otros: Ramiro Oviedo, Ricardo Torres, Orlando Sierra, Santiago
Carcelén, Jaime Guevara, Carlos Theus, Fernando Loayza, José Bedoya, Raúl Lara,
Amilcar Albán, Wladimir Pesántez, Dora Naranjo, Carlos Alvarado, Diego Caicedo…
Uno de los legados más
importantes de Canchis, de Héctor Cisneros y Diego Piñeiros en particular, fue
la fundación del taller cultural “Los Perros Callejeros”, que a partir de 1992
tuvo continuidad con el trabajo artístico de nuevas generaciones, quienes lo
mantienen fortalecido hasta la actualidad. https://www.radiopichincha.com/perros-callejeros-documental-teatro-callejero-ecuador/
No
podrán matar el viento[2]
Héctor
Cisneros
Ocurre
que siempre están
tratando
de barrerme de la vida
señalándome
de que soy del sur
tirando
bandera negra
dañándome
el shungo.
Queriendo
librarse del cóndor
que
me recorre cada noche
queriendo
arrancarme las alas
atacándome.
Por
eso lanzo mi voz
y
mi sangre
y
riego mi semilla
por
todos los caminos
Y
busco
y
me golpeo
y
sigo
Porque
no han de ser en vano
todos
los tropezones dados
y
todas las lluvias que me esperan
Que
mis palabras
no
se vayan en el viento
[1]
Pertenecieron también a Los Canchis: Mario Cicerón, Oswaldo y Germán Núñez, Eduardo
Barrera, Vásquez...
Hola, ¿el pie de foto? Me parece que es Bruno Pino
ResponderEliminarSí, en efecto, es Bruno Pino.
Eliminar