MI ENCUENTRO CON
FAUSTO BASANTES
Corría el año 1980, yo estaba
casi terminando mi año de medicina rural en la provincia del Carchi. Entonces
no sabía que iba a ocurrir un contacto con uno de los actores que estaban
construyendo el proyecto de Alfaro Vive Carajo (AVC). Un año antes, había
ocurrido el fraccionamiento del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)
del Ecuador, muchos, como Fausto, o se fueron con la fracción o quedaron en el
limbo del proceso fraccional. Algunos plegaron a otros proyectos.
Con Fausto Basantes nos encontramos
varias veces durante la militancia de ambos en el MIR, pero, por nuestra
estructura compartimentada, apenas intercambiábamos breves saludos y miradas
cómplices en los varios eventos en que nos encontrábamos, incluyendo los
desfiles del primero de mayo, donde el frente juvenil del MIR, el Frente Revolucionario
Estudiantil (FRE), participaba con nutridos bloques.
En realidad, había tenido más
acercamiento con el hermano de Fausto, Félix, que era estudiante de la Escuela Politécnica
Nacional y miembro del Movimiento de Izquierda Politécnico (MIP), uno de los
frentes estudiantiles del MIR. Con Félix seguimos siendo buenos amigos y
compañeros, nos vimos en muchas otras ocasiones, incluso compartimos vida
orgánica. Los miristas no necesitábamos ser íntimos amigos que comparten cosas
cotidianas para sentir una profunda fraternidad entre nosotros, pero tal vez esa
fue una de las debilidades de la estructura semiclandestina; hubiéramos podido quizá
ser aún más fraternos.
El encuentro con Fausto Basantes
ocurrió en las escaleras de acceso al edificio de la Dirección Provincial de
Salud del Carchi, a donde acudía yo regularmente por asuntos administrativos por
mi ejercicio de médico rural. Fausto buscó una conversación más allá del saludo
casual. Me habló del proyecto político – militar que estaban construyendo con
otros compañeros, incluyendo algunos miristas o ex miristas; no mencionó a AVC,
para entonces no sé si ya estaba definido ese nombre para la organización.
Trató de reclutarme, pero yo estaba claramente alineado con el sector del
partido que permanecía en la, llamémosle, línea “histórica” (Causa Proletaria)
del MIR. Con un abrazo fraterno, más prolongado y cálido de lo habitual, nos
despedimos. Quedamos en vernos en una próxima ocasión, pero ello ya nunca
sucedió. Hasta varios años después, por mi trabajo en Derechos Humanos y en circunstancias
trágicas.
En 1984, al inicio del gobierno
de León Febres Cordero, el partido me asignó la responsabilidad, junto a otros
compañeros militantes, de reactivar la Comisión por la Defensa de los Derechos
Humanos (CDDH) que el movimiento había fundado en el año 1977 luego de la masacre
de los trabajadores del ingenio azucarero Aztra, en el cantón La Troncal de la
provincia del Cañar. Se unieron a la CDDH a partir de 1984 jóvenes
profesionales de diferentes disciplinas, tanto militantes o ex miltantes del
MIR, como compañeros y compañeras que venían de otras organizaciones políticas
de izquierda, o que sin haber tenido militancias partidarias se comprometieron
de manera profunda con la defensa de los derechos humanos. Nuestra consigna central
era: “Todo lo Humano es Nuestro”.
Pronto nos vimos envueltos en una
vorágine de tareas, muchas de ellas relacionadas con la denuncia y contención
de las actividades represivas del gobierno de Febres Cordero, en general contra
la población, partidos de izquierda y organizaciones sociales, pero en particular
contra AVC y sus militantes. La CDDH definía su quehacer principal como “educación
y comunicación popular para la paz y los derechos humanos”, pero teníamos que involucrarnos
en muchas otras tareas que excedían la educación y la comunicación. Junto a otro
compañero médico, y junto a compañeras de la Comisión Ecuménica de Derechos
Humanos (CEDHU) y los jueces que tenían valor para ello, participamos varias
veces en el peritaje de torturas a militantes de AVC detenidos. Muchos de esos
casos de torturas fueron presentados en el “Foro Médico contra la tortura” que
la CDDH organizó en el año 1987.
En medio de ese trabajo voluntario
en DDHH, conocimos el trágico asesinato de Fausto Basantes, como el de muchos otros
dirigentes y militantes de AVC. Los cuerpos represivos del febrescorderato,
siguiendo instrucciones y técnicas de la CIA, se lanzaron a exterminar a AVC.
Fueron días de terror en todo el país.
Fausto Basantes sufrió varias
detenciones y crueles torturas entre los años 1983 y 1985. El 4 de enero de
1986, en la avenida La Prensa, en los alrededores del entonces Aeropuerto
Mariscal Sucre, en Quito, luego de haber sido entregado por un “compañero”,
Fausto Basantes fue asesinado a mansalva en una desmedida operación policial y militar
con decenas de efectivos fuertemente armados, movilizados para “enfrentar” a un
solo joven soñador. Con esa enorme superioridad violenta, hubieran podido fácilmente
reducirlo y detenerlo, pero no, había que acribillarlo, eliminarlo y presentar
la escena como enfrentamiento armado; era la consigna impuesta por la CIA en la
represión a los subversivos, más aún si se consideraba que eran dirigentes. Ver
detalles en: https://memoriacolectiva.dpe.gob.ec/wp-content/uploads/2022/11/C29.pdf
Y así fue mi reencuentro con
Fausto, en medio del dolor por su muerte. Y fue también la ocasión de un mayor
acercamiento con los familiares de las personas detenidas, torturadas,
asesinadas, desaparecidas por el criminal gobierno de Febres Cordero. Así
conocí y estreché lazos fraternos con doña Bachita la madre de Arturo Jarrín (doña
Bachita había sido compañera de mi madre en el Normal Manuela Cañizares, y la
quería mucho), o con doña Rosita la madre de Consuelo Benavides, y tantas otras
compañeras y compañeros, la mayoría de ellas mujeres, valientes luchadoras por
la libertad, por el aparecimiento con vida de sus familiares desaparecidos: hijos,
hijas, compañeros, compañeras.
Muchos años más tarde, me volví a
encontrar con Félix, en medio de actividades de los egresados del Instituto
Nacional Mejía. El abrazo cálido y fraterno no se hizo esperar; sabía que no
sólo abrazaba a Félix sino también a Fausto, al entrañable Fausto; no hacían
falta palabras.
hnc / 6 abril 2026
Los caídos por la vida, no mueren, salvo que su lucha ejemplar quede en el olvido. No solo es recordarles, deben ser multiplicados pacientemente.
ResponderEliminarFelicitaciones y admiración por la valentía de seguir escribiendo acerca de los ideales de libertad, justicia social que pregonas con hechos y palabras. Seres humanos como tú Hugo y como Fausto necesitamos hoy en dia para combatir este gobierno servil al imperialismo yanqui. Ojalá como dice Edmundo paciente y rápidamente se multipliquen personas con compromiso con el pueblo.
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