LA GRAVE AGRESIÓN
A VENEZUELA: o el principio del fin del imperio
Foto tomada de: https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-eeuu-amenzas-venezuela/
Indignado, como muchos, no
encuentro qué hacer, sino, al menos inicialmente, tratar de escribir una breve nota
al respecto. Pero sé que no basta escribir en nuestros muros virtuales;
necesitamos, estamos obligados, a hacer algo más.
Sueño en una rebelión total en Latinoamérica,
en Norteamérica y en el mundo entero. Aunque ello demore. Ese probablemente
será el escenario que viva el mundo cuando veamos los últimos estertores del
imperio y del capitalismo.
Sin embargo, hoy por hoy, el
imperio aún sigue fuerte, al menos militarmente, lo demostró en la madrugada de este 3 de enero de
2026, con ese golpe rastrero contra el gobierno y pueblo venezolanos. Cuando se
pensaba que Nicolás Maduro estaba suficientemente protegido, y los mecanismos
de defensa estaban preparados, permanentemente en alerta.
Muchos piensan que hubo traición
de una parte de la cúpula militar y de una parte del círculo cercano de
protección del presidente. Por más poderosos que sean los gorilas yankis y su
tecnología, no lo hubieran logrado sin esa complicidad, aunque sólo fuera
informativa.
Me siento como esa mañana del 11
de septiembre de 1973, un martes. El imperio, el pentágono y la CIA pueden
actuar donde quieran y como quieran, impunemente. Las Naciones Unidas no sirven
para un carajo, son un instrumento más de los abusos imperiales. Rige la ley
del más fuerte, y allí es cuando me pregunto sobre el papel de Rusia y China,
las únicas potencias que hoy pueden hacerle contrapeso a USA.
Ante una ausencia de las NNUU, de
su Consejo de Seguridad, Rusia y China serían las únicas que pueden plantarle
al imperio, con igualdad de fuerzas. Pero Putin ha dado reiteradas muestras de
extremada tolerancia con Biden primero y luego con Trump y su camarilla, no
quiere confrontación directa con el imperio, aunque la misma guerra en Ucrania
contra USA y la OTAN, ya lo es; sin embargo, evita escalar más, busca una
pronta pacificación en sus fronteras.
Y es comprensible, Rusia no es la
URSS, para nada. Es una potencia capitalista emergente que aspira a consolidar
su economía y mantenerla entre las más sólidas del mundo. Si tiene conflictos
con occidente, no es por razones ideológicas, sino fundamentalmente por
competencia económica, de territorios y mercados. Pero forma parte de la opción multilateral de los BRICS+.
El papel de China parece ser más
enigmático, pero a su vez más fácil de vislumbrar. Siendo el principal polo de
la alternativa socialista y comunista al capitalismo occidental, ha debido
acudir a los modos de producción capitalistas (controlados por el Estado y el
partido comunista) para su proyecto a largo plazo: desarrollar las fuerzas
productivas hasta que sean capaces de liderar a nivel global, para garantizar
la construcción del socialismo, también a nivel global. Y ello la pone en el
centro de la construcción de un mundo multipolar, basado en los BRICS+. En ese
camino, tiene que tragarse varias ruedas de molino, las más recientes, la del
genocidio en Gaza y ahora la agresión contra Venezuela (que afecta económicamente a China) y las amenazas imperiales
contra Latinoamérica, que comenzaron desde el primer día del gobierno de Trump,
pero especialmente desde agosto del 2025 cuando ubicó sus huestes militares
en El Caribe.
China no va a sacrificar su
proyecto a largo plazo por lo que considera batallas menores. Pero ello impacta,
hace sentirse traicionados a los pueblos palestino y venezolano, a los pueblos
del Sur global. Y a la larga puede afectar la integridad y alcances de la
batalla económica, tecnológica, cultural y militar, que China pretende librar a
largo plazo en coordinación con sus aliados. No es buena noticia a corto plazo,
pero los chinos tienen una visión estratégica.
Luego del ataque de esta
madrugada a Venezuela, a pesar de que ya hay unas primeras declaraciones y
amenazas de Trump (entre ellas la de gobernar directamente Venezuela con sus
agentes, la de apropiarse con sus corporaciones del petróleo y otros recursos, para lo cual tendría
que ocuparla militarmente), no hay un panorama claro de lo que se espera para
los próximos días y meses. ¿Tendrán las FFAA y el pueblo venezolano la
capacidad de resistir, de expulsar al invasor?, ¿cómo están actuando los grupos
oligárquicos venezolanos en este proceso, qué papel juega la golpista María
Corina Machado?, ¿qué capacidad de respuesta solidaria tenemos los pueblos
latinoamericanos y los gobiernos progresistas y de izquierda?
Al parecer las vías diplomáticas
importan poco o nada a Trump, a Rubio y al resto de la cúpula fascista
norteamericana. Y aparentemente no se van a quedar sólo en Venezuela. Ya Trump
amenazó esta misma mañana a Petro y a Colombia, pero seguramente estarán
pensando en Cuba, en Nicaragua, incluso en México y Brasil. Ello podría llevar
a una guerra civil a gran escala en toda América, en Latinoamérica y
Norteamérica. Pero el conflicto podría escalar incluso a nivel mundial, por lo
que una guerra nuclear es una amenaza cada vez más cercana. Pero también, si
sobrevive la humanidad, el desenlace puede ser el fin del imperio norteamericano
y del capitalismo occidental, mucho antes de lo que los expertos pronosticaban.
Si sobrevivimos como humanidad, si evitamos una catástrofe nuclear, un
estallido social mundial podría ser el escenario que se espera a mediano plazo. Después de todo, el ataque de hoy día a Venezuela paradójicamente es un signo de desesperación y debilidad del imperio, de la impotencia para resolver con sus propios recursos su grave crisis económica, sin recurrir a la piratería y a la fuerza militar para el saqueo.
Lo importante es saber actuar en
el escenario en el que nos corresponde a cada uno. Los pueblos latinoamericanos
estamos obligados a enfrentar más decididamente a los gobiernos de la derecha
neoliberal y necroliberal que hoy controla amplios sectores de nuestra región,
acelerar su caída. Ese sería nuestro papel primordial.
Los combatientes del Frente
Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) en la década de 1970 tenían una
consigna: “en la montaña enterraremos el corazón del enemigo”. Parece que el
corazón del imperio norteamericano, el más cruel de todos los tiempos, finalmente
será enterrado en Latinoamérica. Que ese sea nuestro sueño, algunos quizá no
viviremos para verlo cumplido, pero las jóvenes generaciones de combatientes
revolucionarios, seguramente sí. Que Venezuela y Palestina sean los gérmenes de
ese proceso que se avecina.
hnc / 3 enero 2026
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